Capítulo 28
Capítulo Veintiocho
CLAIRE
A la mañana siguiente, llamo a Daniel. Louisa ya no vigila mis llamadas como lo hacía antes.
En los primeros días del divorcio, cuando llamaba a Daniel para hablar de la venta de la casa conyugal, era raro que Louisa no escuchara la conversación.
El hecho de que ya no se moleste me hace pensar, al principio, que debería estar más alerta —al fin y al cabo, Daniel tiene antecedentes—, pero luego caigo en la cuenta de que probablemente sea solo mi número el que ya no intercepta porque ya no me ve como una amenaza.
Incluso Louisa sabe que una enfermedad terminal apaga tu atractivo.
Me muestro profesional pero cordial cuando le digo que tengo noticias importantes que discutir con él y le pregunto si puede pasarse el sábado por la mañana.
Al principio dice que el sábado le resulta complicado porque tiene que llevar a Connor al fútbol cinco y dejar a las gemelas en ballet-tots para que Louisa pueda tener una mañana de «tiempo para mí».
Me solidarizo, le digo que lo entiendo perfectamente, pero que es crucial que hablemos pronto; necesito hablar con él sobre mi testamento.
Para reforzar el mensaje, añado que, si logra venir, debería traer los papeles del Maserati, ya que estoy segura de que podemos llegar a un acuerdo sobre el préstamo del coche y el seguro.
Le digo que lo comente con Louisa y que me diga algo más tarde.
Mi móvil suena exactamente seis minutos después de colgar.
—¿Hola, Claire?
—Hola, Daniel, eso fue rápido.
—Louisa y yo lo hemos hablado y ella cuidará de los niños, así que puedo ir.
—Bien, asegúrate de salir con tiempo. Tenemos mucho de qué hablar.
—Le he dicho a Louisa que volveré a primera hora de la tarde, ¿y Claire? —duda—. Espero que no sea demasiado grave; que no sea… malas noticias.
Me gustaría pensar que oigo una preocupación genuina, que Daniel ha recuperado algunos de los sentimientos que una vez tuvo por mí; pero todo lo que oigo es a un hombre que apenas puede contener su entusiasmo; un hombre que ve posibilidades asomándose en el horizonte.
Me lo imagino gritando la noticia a Louisa y saltando por la habitación mientras en sus cabezas suena un coro del Réquiem de Mozart.