Fuimos un error de guion 29
56%

29

Han pasado varias semanas y, aunque por fuera todo parecía una sucesión de alfombras rojas, sonrisas medidas y titulares estratégicos, por dentro yo lo he vivido como una especie de secuestro elegante.

​ La noticia que Romeo quería que se diera —la que buscaba joderme la vida— se sostuvo sobre lo de siempre: una imagen y el ángulo adecuado.

Una simple foto, tomada desde una perspectiva en la que parecía que nos estábamos besando cuando, en realidad, estábamos a una distancia prudente, hablando como dos personas cualquiera.

Pero las cámaras hacen magia si quien las usa sabe cómo hacerlo.

Y Romeo lo sabía. En este mundo, un centímetro de encuadre puede convertirse en un abismo.

​ Aquel día, ya con el incienso pegado a las paredes de mi casa y la música por fin bajita, le dije a Matteo cómo me sentía, aunque sin abrir del todo la herida.

Le solté lo justo para no llorar: que era un títere, que había perdido el control de mi propia narrativa, que lo que se suponía que era ficticio entre nosotros empezaba a confundirme.

No le di detalles. No le dije lo que me había gustado su beso en plena tormenta de flashes.

No le dije lo bien que dormí aquella noche agarrada a él, como si mi cuerpo, por una vez, hubiera encontrado un lugar seguro.

​ Me escuchó sin interrumpirme. Con esa calma suya que a veces parece una caricia y otras una pared.

​ —Lo entiendo —me dijo cuando terminé—. Hay una línea muy fina entre la realidad y la ficción. Y tú eres… muy empática, bella .

​ Si soy sincera, me dio rabia su entendimiento. Su facilidad para organizarlo todo en frío. Como si pudiera separar los sentimientos en carpetas y cerrar las pestañas cuando le diera la gana.

​ Aun así, llegamos a un acuerdo.

​ Mientras durara la première —y el arrastre del estreno, y las entrevistas, y el ruido— acudiríamos juntos a todo.

Haríamos el papel que querían: que aquel amor ficticio fuera verdad de cara al mundo.

Y, para que el relato funcionara, no bastaba con salir cogidos del brazo; había que alimentar el morbo, ofrecer migas, darles una historia que les supiera mejor que el veneno de Romeo.

​ Empezamos a salir más los dos solos. Lo justo, calculado y fotogénico.

Cenas, paseos que no eran paseos, sino escenarios.

Un beso robado aquí, una mano en la cintura allá.

Siempre con la sensación de que había ojos incluso cuando no los veía.

Yo sentía que echaba leña al fuego y que iba a ser imposible de apagar… y no estoy hablando del fuego.

​ La productora se metió hasta la cocina y puso mucha pasta para lavarlo todo.

Se notaba que al principio les asustó el titular…

y luego se dieron cuenta de algo: la serie se estaba viendo más.

Mucho más. El morbo vendía. La fantasía de imaginar que yo mantenía un trío con mi ex y mi compañero de reparto disparó el ruido.

Y el ruido, en este negocio, es oxígeno.

​ Así que hicieron lo que mejor saben hacer: convertir el incendio en campaña.

​ Le dieron la vuelta. Empujaron portadas, pactaron piezas y colocaron fotos nuestras donde Romeo quedaba como una sombra secundaria, un error del pasado. Este, al ver que no conseguía el control del relato, desapareció del panorama durante semanas.

​ La jugada salió bien. Pronto todos los medios hablaban de nuevo solo de Matteo y de mí.

​ Y yo, la mayoría de días, fingía que salía a hacer deporte por si me pillaban los paparazzis… pero me iba a mi casa a vivir tranquila. Fuera de la mirada del italiano, de su orden y de su forma de convertir el caos en estrategia.

​ Al principio me costó mantenerme alejada. No porque le debiera nada, sino porque él empezó a gustarme de una forma peligrosamente sencilla.

​ Hoy he vuelto a mi casa. He avisado a Hooper y a Cris, y me han dicho que en un rato bajan a tomarse un gin-tonic conmigo.

Me ha parecido buena idea; necesitaba voces normales, gente que no me mirara como un producto.

Yo he pasado del alcohol con la excusa de que lo he dejado una temporada.

Esa parte ha sido verdad a medias, como casi todo últimamente.

​ Ringo ha estado más ido que yo. Ya no ha sabido qué es casa y qué no, y lo he entendido; yo tampoco.

​ Ha sonado el timbre y, antes de que yo haya podido moverme, el gato ha maullado desde el pasillo, indignado.

​ He abierto y el rellano se ha llenado de ellos. Cris, con una bolsa en una mano; Hooper detrás, alto, cálido, con una sonrisa que siempre parece empezar antes que sus palabras.

​ —Mira quién está viva —ha dicho Cris, y me ha abrazado sin preguntarme si me apetecía.

​ La forma en la que me ha apretado ha sido un recordatorio físico de algo que se me olvida con frecuencia: antes de los focos, yo ya existía.

​ —Hey, honey —ha dicho Hooper cuando le ha tocado el turno, abrazándome con cuidado—. You okay? En plan… ¿respiras?

​ —Respiro —he respondido, y me ha salido una risa floja—. A ratos.

​ —Pues con eso hacemos magia —ha rematado Cris, empujándonos hacia dentro.

​ Ringo ha aparecido en el marco del pasillo, cola en alto, ojos entrecerrados, con actitud de portero de discoteca.

​ —Hola, señor gato —le ha dicho Hooper en tono solemne—. Hi, buddy. ¿Nos dejas pasar o llamamos a tu abogado?

​ Ringo ha soltado un maullido corto, como si dijera « os tolero », y se ha dado media vuelta con toda la dignidad del mundo.

​ —Se cree el dueño del edificio —ha dicho Cris, quitándose los zapatos y dejándolos en la entrada—. Vale, ¿ gin-tonic ?

​ —Sí, por favor —ha contestado Hooper, yendo ya directo a la cocina como si fuera suya—. I need it.

​ —Yo solo tónica —he dicho, siguiéndolos—. No tengo el estómago para alcohol hoy.

​ Cris me ha mirado por encima del hombro mientras ha dejado la bolsa sobre la isla.

​ —¿Hoy? ¿O nunca?

​ —Hoy —he insistido, abriendo el armario para sacar vasos—. Me siento… revuelta.

​ Hooper ha abierto la nevera y ha empezado a sacar hielo, tónica y limón.

​ — Okay, tonic for Sien a —ha dicho, y ha señalado a Cris—. Gin for you, my love .

​ Esta ha agarrado la botella como si hubiera sido una herramienta de supervivencia.

​ —A ver, criatura —ha dicho mientras buscaba el medidor—. Antes de que te hagas la interesante, lo pregunto ya: ¿por qué estás aquí sola? ¿Os habéis peleado otra vez o esto es una de esas cosas raras de vuestro… acuerdo?

​ Me he apoyado en la encimera. He sabido que esa pregunta venía con ellos, igual que el hielo.

​ —Matteo me ha dicho que hoy cenaba en casa con un amigo —he respondido.

​ Mi amiga ha arqueado una ceja mientras echaba gin con decisión.

​ —¿Un amigo?

​ — A friend —ha repetido su marido, alargando la palabra con una sonrisa mientras ha machacado un poco el hielo con la cuchara—. Suena… sospechoso. Very convenient.

​ —No sé quién es —he dicho, sincera—. Y no es mi tema.

​ Cris ha parpadeado, incrédula, y ha metido una rodaja de limón en su vaso.

​ —¿Cómo que no es tu tema? Vivís juntos.

​ —Ahora… hemos tomado distancia fuera del acuerdo —la he matizado sin querer.

​ Hooper ha levantado las manos, teatral, mientras ha vertido la tónica en los vasos.

​ —O sea… ¿estáis juntos, pero no juntos? Esto es next level.

​ —Gracias por el resumen —he murmurado, y he cogido mi vaso de tónica como si fuera un salvavidas.

​ Mi vecina se ha cruzado de brazos con su bebida ya en mano.

​ —Entonces dime qué pasa con ese «amigo». ¿Quién es? ¿De dónde sale? ¿Qué pinta tiene? ¿Es guapo? ¿Es italiano también? ¿Le gusta el jamón?

​ —No tengo ni idea, Cris. En serio. Una de las cláusulas que pactamos fue no meternos en la vida privada del otro, a no ser que el otro quisiera compartirlo.

​ —¿Cláusulas? —ha repetido ella, escandalizada—. Te juro que un día te voy a imprimir un contrato normal de alquiler, para que compares.

​ Hooper ha asentido, más serio, y ha removido su vaso con calma.

​ —Pero eso tiene sentido, ¿eh? Boundaries . Si no, acabáis matándoos. O peor… pillándoos.

​ —Gracias, rubio —le he lanzado una mirada.

​ — What? —se ha defendido con una sonrisa—. Es verdad.

​ Cris me ha señalado con el vaso y entonces lo he visto: esa mirada rápida, clínica, de amiga que escanea.

​ —Por cierto… estás más delgada.

​ El comentario me ha pinchado por dentro, donde todo dolía más. Yo le he dado un sorbo a la tónica para ganar tiempo. Las burbujas me han subido a la nariz.

​ —El estrés se me ha comido por dentro —he dicho, intentando que sonara casual, como si hubiera sido un precio normal por tener una vida pública—. Supongo que mi cuerpo ha estado… haciendo huelga.

​ El inglés ha bajado un poco la sonrisa. No ha insistido, pero su mirada se ha quedado conmigo un segundo más de lo habitual.

​ — Just… take care, okay? —ha dicho, suave—. En serio.

​ —Lo intento —he contestado, y he cambiado de tema antes de que me temblara la voz.

​ Ringo ha saltado a la encimera con elegancia, ha olisqueado el borde de la bolsa de Cris y luego se ha sentado, mirándonos con superioridad felina.

​ —Esta noche me quedo aquí —he dicho—. Con vosotros. Necesito muchísimo una noche normal.

​ Cris ha bebido un trago como si hubiera ido a por la verdad.

​ —Vale. Y ahora me cuentas cómo te ha sentado lo del «amigo».

​ He suspirado.

​ —Mejor que antes. —Me he apoyado en la encimera, rodeando el vaso con las dos manos—. Desde que hemos tomado distancia fuera del acuerdo, me ha resultado más fácil. Me ha ordenado la cabeza y me ha dejado respirar.

​ Cris ha hecho un gesto de «ajá» insatisfecho.

​ —Pero… —he seguido, porque el «pero» ha sido inevitable— cuando estoy con él es más horrible.

​ —¿Horrible de qué tipo? —Cris ha vuelto a su modo fiscal—. ¿Horrible «me saca de quicio» o horrible «me lo quiero comer y me da rabia»?

​ Hooper ha soltado una carcajada.

​ — Love , por favor… that ’ s too much .

​ —No ha sido demasiado, ha sido ciencia —ha sentenciado ella.

​ Me he tapado media cara con la mano, pero ya me estaba riendo.

​ —De los dos —he confesado—. Ha sido un yin y yang constante. Cuando estoy lejos, me tranquilizo. Cuando lo veo… se me desordena todo.

​ Mi vecino ha chasqueado la lengua, comprensivo.

​ —Porque el tío es… a walking problem .

​ —Lujuria en persona —he soltado sin pensar.

​ Cris se ha doblado de risa.

​ —¡Por fin!

​ Hooper se ha llevado una mano al pecho, dramático.

​ — The way you said that … brutal. Me ha encantado.

​ Yo he negado con la cabeza, divertida y agotada a la vez.

​ —Me he preguntado por qué no he podido enamorarme de un hombre sin impedimentos por medio —he dicho, ya más bajito—. Con Romeo todo fue horrible. Y ahora me han colocado a Moretti y es… esto. Todo el rato.

​ Cris me ha mirado con ternura y puñal.

​ —Porque tú no te enamoras de la calma, Siena. Tú te enamoras del incendio.

​ ¡Joder! ¡Qué lista es la cabrona!

​ Hooper ha asentido despacio.

​ —Y maybe esta vez… no tienes que quemarte. Sientes y ya. Sin tanta guerra.

​ Yo he jugueteado con el borde del vaso.

​ —Estoy intentando poner distancia real. —He alzado la mirada—. Incluso con cosas tontas.

​ —¿Tipo? —ha preguntado Cris.

​ —Tipo el italiano —he dicho, y los dos se han quedado atentos—. Estoy dando clases intensivas.

​ —¿Con Matteo? —Hooper ha abierto los ojos.

​ —Ni muerta —he soltado demasiado rápido, y me he reído para disimular—. Con un profesor online que vive en Roma. Se llama Gianni. Cuanto más lejos de mi compi, mejor.

​ Cris se ha apoyado en la isla, divertida.

​ —Ay, por favor. ¿Y qué sabes decir ya? Venga. Sorpréndenos.

​ Hooper ha levantado su vaso como si aquello hubiera sido un examen.

​ —Sí, sí. Show us, ragazza .

​ Me he aclarado la garganta, dramatizando.

​ —Vale… —he dicho, y luego he soltado, con mi mejor acento—: Piacere, mi chiamo Siena. Sto studiando italiano perché… eh… mi serve per lavoro.

​ El inglés ha aplaudido con exageración.

​ — Brava! Eso ha sonado legit.

​ Su mujer ha chasqueado la lengua.

​ —A ver, traduce, lista.

​ —Encantada, me llamo Siena. Estoy estudiando italiano porque… lo necesito para el trabajo.

​ —Muy bien —ha dicho Cris—. Y ahora una frase útil: «Mi amigo misterioso no es asunto mío».

​ Hooper se ha reído.

​ —O mejor: « Non sono affari miei.» That ’ s a classic .

​ —Esa la sé —he dicho, y he señalado mi vaso—. « Non sono affari miei.» Y también: « Ho lo stomaco delicato », para justificar lo de mi estómago.

​ Cris ha soltado una carcajada.

​ —Perfecto. Frases para sobrevivir.

​ Yo he sonreído, y la sonrisa no me ha dolido.

​ —Esta noche quiero esto —he dicho—. Sobrevivir normal.

​ Hooper ha levantado el vaso.

​ — Deal .

​ Mi amiga ha chocado el suyo con el mío, cuidadosa de no forzarme.

​ —Por una noche normal, entonces.