Fuimos Roma
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Prólogo
Flora
La oscuridad no podría vivir sin la luz.
Me sentía capturada, como un colibrí. En una jaula de cristal, con mi corazón latiendo a su misma velocidad, subiendo hasta mi garganta, estrangulándome, con la idea de que ni siquiera mil doscientos latidos por minuto eran suficientes para poder vivir con la idea de que todo empezó y acabó con él.