Capítulo 38 — Lo que viene
Después de juguetear un rato en el baño, terminaron de vestirse y salieron casi al mediodía.
Primero buscaron dónde almorzar y luego fueron al cine, como habían planeado.
Salir con alguien cuando ya se es adulto no tenía mucho de qué hablar.
Un parque de diversiones, un juego de misterio o una partida de gotcha… Nada de eso les llamaba la atención. Lo suyo era ir a comer y ver una película.
Entre los estrenos recientes había una que le interesaba a Valeria, así que Mauricio compró los boletos.
Después de media hora, Valeria notó que la película no era como se la había imaginado.
Se estaba aburriendo cuando vibró su celular. Era un mensaje de Emiliano preguntándole si iba a cocinar ese día, porque quería ir a comer a su casa.
El día anterior, como pocas veces, Valeria había cocinado y había subido unas fotos a sus estados.
Aunque solo fotografió los platillos, Emiliano reconoció el mármol de la mesa que aparecía debajo de los platos. Era la casa de su tío.
Otros compañeros de trabajo también podían ver sus estados.
Emiliano le escribió en privado para confirmarlo.
Valeria tuvo que admitirlo. Y ahora él le mandaba un mensaje para pedirle que lo invitara a comer.
—¿Y si invitamos a Emiliano a cenar esta noche? —Valeria le mostró el mensaje a Mauricio.
Aunque Mauricio había anunciado delante de todos en Rivas, Cruz y Asociados que ella era su novia, y Emiliano ya lo sabía, Valeria solo le había explicado brevemente cómo empezaron a salir.
Después andaban tan ocupados que no sabía si Emiliano le había preguntado más a Mauricio ni qué le había respondido.
Emiliano seguía siendo sobrino de Mauricio. Valeria pensó que lo correcto era cenar juntos y confirmarle formalmente que estaban saliendo.
Le explicó sus motivos a Mauricio.
—Sí —asintió él. También lo había pensado, pero…
—¿En casa?
—… —Valeria notó que no le entusiasmaba la idea—. ¿Tú qué dices?
—Mientras a ti no te dé flojera. Solo es una cena. Dile que venga más tarde y cenamos juntos.
—Está bien. —Valeria bajó la cabeza y empezó a responder el mensaje.
Mauricio se acercó para mirar por encima de su hombro y vio que Valeria había enviado un emoji muy tierno.
Frunció el ceño.
—¿Qué crees que le guste comer a Emiliano? —preguntó ella después de enviar el mensaje.
Mauricio respondió casi sin pensarlo:
—De veras lo tratas muy bien.
En su tono se notaban los celos.
—Es tu sobrino —se justificó Valeria por reflejo.
Pero al decirlo recordó cómo era Emiliano cuando llegó al despacho.
En ese entonces solo consideraba a Mauricio un amigo con derechos. Aunque sentía algo por él, lo reprimía y no quería reconocerlo.
Ella y Mauricio solo se ayudaban a satisfacer sus necesidades físicas. No tenía ningún motivo para tratar de manera especial a Emiliano por esa relación.
Pero lo había ayudado con las horas extra y con los problemas del trabajo. Cuando se enfermó, le preparó una infusión. Después incluso lo llevó a un viaje de trabajo.
Como había dicho Mauricio, sí lo trataba de una manera especial.
Después de salir del cine, Valeria y Mauricio tomaron el elevador hasta el supermercado del sótano del centro comercial.
Como Mauricio no le había dicho qué le gustaba comer a Emiliano, ella se lo preguntó directamente. Escogió los ingredientes con cuidado, tomando como referencia lo que él le había dicho que prefería.
Mauricio empujaba el carrito.
—Cocina cualquier cosa. No tienes que consentirlo tanto.
Igual que en el cine, su voz tenía un matiz celoso.
Valeria sonrió.
—¿Sabes por qué trato tan bien a Emiliano?
—¿Vas a decir que porque es mi sobrino? —Mauricio alzó una ceja.
Valeria negó con la cabeza.
—Me puse a pensarlo y no es por eso…
¿No era por eso?
Mauricio se detuvo y se volvió para mirarla de frente.
Valeria negó despacio.
—Trato bien a Emiliano porque se parece a ti.
Levantó la cabeza para encontrarse con su mirada.
—En realidad, tú y yo fuimos a la misma prepa. No sé si te acuerdas, pero en primero nuestro profesor de matemáticas, el profesor Ramírez, te pidió que me acompañaras a casa…
Sí se acordaba. Claro que se acordaba, pensó Mauricio.
Pero Valeria no esperó a que contestara. Volvió a mirar los ingredientes que estaba escogiendo y continuó:
—Creo que ya me gustabas un poco en ese entonces.
—Siempre recuerdo cómo eras en la prepa. Volví a encontrarte cuatro años atrás —dijo—. Durante los años entre una cosa y la otra, no sabía cómo eras ni qué te había pasado. Pero Emiliano acaba de graduarse…
—Hoy en el cine me quedé pensando. Tal vez no puedo evitar tratarlo bien porque, en el fondo, quiero tratarte bien a ti.
Quiero participar en esos años de tu vida universitaria y de después de graduarte, aunque no tenía derecho a hacerlo.
Aunque, aparte de la apariencia, Emiliano no se parece mucho a ti.
Valeria fue sincera con Mauricio. También era una forma de declararle lo que sentía.
No pudo evitar levantar la vista para observar su reacción. Él se quedó algo sorprendido, pero extendió la mano para tomar la suya.
La apretó con fuerza. Justo cuando Valeria creyó que él iba a decir algo, Mauricio miró su reloj.
—Apenas son las tres y media. Nos queda tiempo. ¿Quieres que demos una vuelta por el centro comercial?
—¿Qué? —Valeria se quedó pasmada.
¿Qué clase de respuesta era esa?
¡Le acababa de decir que le gustaba desde la prepa!
¿Y él le preguntaba si quería pasear por las tiendas?
¿A todas sus exnovias les gustaba ir de compras?
Con todo el dinero que tenía, seguro era agradable que él pagara la cuenta.
Cuando una quería que un hombre gastara dinero en ella, siempre tenía que decirle cosas bonitas.
¿Pensaba que ella estaba tratando de halagarlo?
Valeria se hizo un lío de pensamientos. Al acordarse de las exnovias de Mauricio, sintió una incomodidad repentina.
Se le notó enseguida en la cara.
—¿No quieres ir? —preguntó Mauricio—. Pensaba comprar algunas cosas.
—¿Qué cosas? —¿Una bolsa? ¿Cuántas pensaba comprarle? Valeria contestó de mal humor.
—Ayer dijiste que las sábanas eran demasiado resbalosas. Podemos cambiarlas por unas que te gusten. También faltan algunas cosas para la cocina y adornos para tu estudio… —enumeró Mauricio—. Si vamos a vivir juntos, la casa tiene que quedar a tu gusto.
—… —Valeria se quedó mirándolo.
De pronto, le pareció gracioso lo que había estado pensando.
Todo el mundo tenía un pasado.
Pero entre ellos todavía quedaba mucho futuro.
Valeria le apretó la mano.
—Compramos lo que falta y nos regresamos.
—Con todo lo que dijiste, una hora no va a alcanzar. Mejor lo compramos poco a poco —añadió.
La palabra «futuro», dicha por ella, sonó especialmente bien.
—Está bien —asintió Mauricio.
Al fin y al cabo, tenían todo el tiempo del mundo.