Fuera de ruta Capítulo 11 — Las diferencias
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Capítulo 11 — Las diferencias

Por la tarde, Valeria llevó a Emiliano a revisar un asunto nuevo del despacho: la filtración de secretos comerciales.

Aunque ella no se especializaba en litigios, Industrias Rona era cliente del despacho desde sus inicios. Después de hablar con Fernando, Valeria les recomendó a un abogado litigante de confianza y llevó a Emiliano para que también diera seguimiento al caso.

Los tres acordaron una hora y fueron juntos a las oficinas de Industrias Rona.

Valeria ya había estado ahí varias veces. Los guio sin dudar por las oficinas divididas con paredes de cristal hasta una sala de juntas.

Ernesto, el ingeniero de seguridad de Rona, se levantó para saludarlos. Después de presentarse brevemente, les explicó lo ocurrido. También inició sesión en el sistema interno y les mostró paso a paso cómo funcionaba.

No era un tema propiamente legal, así que Ernesto trató de explicarlo con palabras que todos pudieran entender.

Cuando el director de Rona llamó a Ernesto y al abogado litigante para reunirse en otra oficina, Valeria le preguntó a Emiliano:

—¿Entendiste?

—Sí. En pocas palabras, alguien se metió a escondidas y se llevó el papel donde estaba escrita la fórmula secreta.

Definitivamente se notaba quién había estudiado computación.

Valeria siguió con la duda que tenía:

—Según Ernesto, en la red de Rona toda la información tiene al menos una copia de respaldo. Incluso los datos que se robaron…

No alcanzó a terminar la frase. Alguien tocó la puerta.

Valeria levantó la mirada. Marisol, la gerente de Recursos Humanos y Administración de Rona, estaba en la entrada de cristal con una jarra de té y varias tazas en una charola.

—Gracias —dijo Valeria, levantándose para rodear la mesa y abrirle. Recibió la charola—. No tenía que molestarse, nosotras podíamos hacerlo.

—Pao, la recepcionista, tuvo que salir. Vi que todavía no les habían traído ni agua, así que preparé un poco de té —contestó Marisol mientras sacaba las tazas—. ¿Y él quién es?

—Es el pasante nuevo del despacho —dijo Valeria.

Antes de que alcanzara a presentarlo, Marisol ya le estaba extendiendo la mano.

—Hola, soy Marisol, de Recursos Humanos.

—Mucho gusto —dijo Emiliano, tras una breve pausa, y le estrechó la mano.

Como ese día era la primera vez que Valeria lo llevaba a una reunión fuera del despacho, él se había puesto un traje.

Quizá su manera de analizar el caso había sido tan convincente que no parecía un recién egresado de veintitantos.

Marisol también se sorprendió.

—¿Apenas te graduaste?

—Sí —respondió Emiliano, algo tímido. Por un momento volvió a parecer más joven.

Pero eso no pareció importarle a Marisol. Le soltó la mano con cierta desgana y siguió conversando:

—¿En qué universidad estudiaste? Para entrar al despacho Rivas, Cruz y Asociados debes de ser muy bueno.

En Rona casi todos los empleados eran hombres. Marisol, que era bastante guapa, tenía fama de ser la mujer más atractiva de la oficina. Valeria nunca la había visto acercarse a un hombre con tanta iniciativa.

Los empleados de Rona no se preocupaban mucho por su aspecto. Ernesto no se veía mal, pero llevaba tantos años usando camisas de cuadros que no despertaba precisamente admiración.

En comparación, Emiliano sí era un joven muy guapo.

Con razón Marisol se le acercaba y había sacado la vajilla de porcelana que normalmente reservaban para los clientes más importantes.

Valeria dejó la taza con discreción.

—Platiquen. Voy al baño.

Cuando salió, Ernesto y los demás todavía no habían regresado.

Desde lejos, a través de la puerta de cristal, vio a Marisol y Emiliano solos en la sala. No sabía de qué hablaban, pero ella no dejaba de sonreír.

—¿De qué se ríen tanto? —preguntó Valeria al abrir la puerta con una sonrisa. En realidad, había olvidado su celular y fue a recogerlo; ya se disponía a salir otra vez.

—Licenciada Ríos, ya entendí —la llamó Emiliano—. Me acordé de que Ernesto dijo que las copias de respaldo se hacen de madrugada, ¿cierto?

—Ah, sí —respondió Valeria.

—Entonces, para robarse esos datos… En teoría, quien entró a la red tuvo que saltarse el sistema de seguridad. Por el cortafuegos y las medidas de seguridad de Ernesto, tendría que haber sido algo así…

Emiliano abrió un esquema que había dibujado en su tableta y la llamó para que regresara a la mesa.

—Los dejo trabajar. No quiero interrumpirlos —dijo Marisol al ver que empezaban a hablar del caso. Se levantó y cerró la puerta al salir.

En cuanto se fue, Emiliano dejó de hablar.

Valeria lo miró de lado.

—Sigue.

—La verdad, no sé. Mejor esperamos a que vuelva Ernesto —dijo Emiliano con una sonrisa nerviosa.

Valeria entendió de inmediato. La había usado como excusa para que Marisol se retirara.

¿Así que era de los que rechazaban a una mujer sin hacerla sentir mal?

Al verlo rascarse la cabeza, Valeria volvió a pensar en su tío.

Una vez le había ocurrido algo parecido cuando salió con Mauricio por trabajo. Ella también se había apartado con discreción, pero casi enseguida recibió un mensaje suyo:

«Regresa».

Solo era una palabra, pero Valeria entendió que estaba muy molesto.

Cuando volvió, la mujer ya se había ido. Mauricio fumaba y le lanzó una mirada cargada de significado.

En asuntos de mujeres, Mauricio era mucho más directo que Emiliano.

Tanto en la preparatoria como ahora, podía ser cortés y cuidar las apariencias, pero cuando no le interesaba alguien sabía rechazarla sin rodeos.

Ni siquiera se quedaba conversando con quien no le atraía.

¿Cómo había terminado entonces con Valeria?