Capítulo 68 #2
—Bueno, entonces solo quédate conmigo mientras lo escribo.
Me acomodo a su lado, dejando que el suave roce de nuestras piernas me ancle al momento.
Amber comienza a teclear en su teléfono.
—¿A quién le escribes? —pregunto con una sonrisa.
—A mi hermano.
No puedo evitar ampliar la sonrisa. La relación entre Amber y su hermano es algo que siempre me ha llamado la atención.
Pueden pasarse meses sin verse, pero la conexión entre ellos sigue intacta, como si hablaran cada día.
Veo cómo pulsa «enviar» y deja el teléfono a un lado, solo para que unos segundos después comience a sonar.
—Asher —indica, mirando la pantalla.
—Vamos, contesta.
Ella se levanta y veo cómo la conversación fluye, mientras me recuesto un poco, observándola.
Asher debe estar diciendo algo gracioso, porque Amber se ríe con ganas, y esa risa hace que todo a mi alrededor parezca más brillante siempre.
Mientras la escucho reír con su hermano, no puedo evitar sentir una ola de orgullo. Yo sé lo que es luchar por un sueño, lo que significa sacrificar todo por lo que amas, y verla alcanzar esto me llena de una felicidad que no sé si podría expresar con palabras.
Amber se despide de Asher y cuelga, girándose hacia mí, con esa mirada que siempre me deja sin aire.
—Creo que me siento más orgulloso de ti de lo que jamás podría estar de mí mismo —respondo sin pensarlo, porque es la verdad.
Amber se queda en silencio por un momento y luego se acerca para besarme en la mejilla.
—Gracias —dice, con una suavidad que me desarma—. No quiero meter presión, pero ahora vamos empate, ¿no? Tú tienes tus premios, yo tengo este…
La miro, intentando no reír, aunque sé exactamente hacia dónde va esto.
—¿Empate? —repito, alzando una ceja—. Prescott, no es por presumir, pero llevo unos cuantos trofeos más que tú.
Ella sonríe, mientras sigue escribiendo algo en su teléfono. Probablemente, una respuesta rápida o alguna nota sobre el discurso. Sin apartar la vista de la pantalla, responde:
—Claro, pero eso fue antes de que yo llegara. ¿Qué tal si hacemos una pequeña competición? —Levanta la mirada, y sus ojos brillan con ese aire de desafío que siempre logra engancharme—. Por ver quién consigue el próximo premio.
—¿En serio? —Cruzo los brazos para fingir seriedad—. ¿Y qué pasa si te gano?
Deja el móvil en la mesa y se cruza de brazos, como si estuviéramos en plena negociación.
—Entonces, puedes elegir el premio. Pero prepárate, porque si gano yo, va a ser épico.
—¿Épico? —Suelto una risa y niego con la cabeza—. Deberías preocuparte más por cómo vas a manejar la derrota.
Ella sonríe, inclinándose un poco hacia mí, con una mirada que deja claro que no piensa perder.
—Ya veremos, Harrington. Ya veremos.
No me importa en absoluto quién gane esta competición. Lo que importa es que seguimos construyendo algo que ningún premio puede igualar: un equipo, una vida juntos y un futuro que estoy deseando vivir a su lado.