Fuego Salvaje (Sunset Valley 5) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

SCARLETT

La casa Wellington está llena de vida la tarde del sábado.

Puedo oír las voces antes de que Aiden y yo lleguemos siquiera a la puerta.

Risas. Gritos de niños jugando. El sonido de la música saliendo por las ventanas abiertas.

Y cuando entramos al jardín trasero la escena que nos recibe hace que algo en mi pecho se apriete de una forma que es dolorosa y hermosa al mismo tiempo.

Toda la familia está aquí.

Cole está junto a la parrilla con Lauren a su lado.

Ella tiene una mano en su barriga abultada que crece con su segundo hijo mientras Luna corre alrededor del jardín persiguiendo a Emma y Ethan.

Los tres gritan con esa alegría sin filtros que solo tienen los niños cuando están completamente felices.

Liam está sentado en una de las mesas del jardín con Iris acurrucada a su lado.

Ella lleva uno de esos vestidos largos y fluidos que tanto le gustan y se está riendo por algo que Sage acaba de decir.

Liam la mira con una expresión que todavía me sorprende ver en el alcalde siempre serio de Sunset Valley.

Como si ella fuese lo único que importa en el mundo.

Sage está sentada en el regazo de Dominic en otra silla.

Él tiene los brazos alrededor de su cintura y la barbilla apoyada en su hombro mientras ella habla animadamente con Iris.

Y aunque Dominic mantiene esa expresión seria de siempre hay algo suave en cómo la sostiene que dice más que mil palabras.

Henry y Ellie están bajo uno de los árboles.

Ellie tiene una mano apoyada en su barriga redondeada.

Su hijo creciendo dentro de ella, a solo unas semanas de nacer.

Henry está inclinado sobre ella con una mano en su espalda y la otra acariciando suavemente la curva de su vientre.

Y la forma en que la mira. Como si no pudiese creer su suerte.

Como si todavía estuviese esperando despertar de este sueño. Hace que me derrita.

Dorothy está sacando más comida de la casa con la ayuda de Daniel que lleva una bandeja enorme. Cuando nos ve su cara entera se ilumina.

—¡Ya están aquí! —anuncia, y todas las cabezas se giran hacia nosotros.

Y de repente estoy siendo abrazada por todos lados.

Luna llega primera. Se lanza contra mis piernas con tanta fuerza que casi me hace perder el equilibrio.

—¡Tía Scarlett! —grita—. ¡Mamá dice que te vas de viaje!

Me agacho para quedar a su altura y le aparto un mechón de pelo que se le ha escapado de la coleta.

—Así es, cariño. Voy a irme un mes con tu tío Aiden.

Sus ojos se abren enormes.

—¿Un mes entero? —pregunta sorprendida—. ¿Me vas a traer algún regalo?

Me rio.

—Por supuesto —prometo cogiéndole las manos—. Te voy a traer algo muy bonito de cada sitio que visitemos. ¿Vale?

Luna asiente y la abrazo muy fuerte.

Cuando me aparto Luna está sonriendo feliz. Sale corriendo hacia donde Emma y Ethan la están esperando para seguir jugando.

Lauren se acerca entonces. Su barriga llega antes que ella y me río mientras la abrazo con cuidado de no aplastar al bebé que crece dentro.

—Vas a vivir tu aventura —dice cuando nos separamos, y hay algo en su voz que me dice que entiende exactamente lo que significa esto para mí—. Vas a escribir experiencias reales en lugar de solo imaginarlas.

—Gracias —digo, emocionada.

Estoy encantada de ser parte de esta familia que me ha acogido como si siempre hubiese pertenecido aquí.

Cole se acerca después de ella. Me abraza brevemente pero con fuerza.

—Cuídate —dice—. Y si mi hermano no te trata como la reina que eres me llamas y voy a patearlo.

—Cole —protesto riendo.

—Lo digo en serio —insiste mirando a Aiden por encima de mi hombro—. La cuidas. ¿Entendido?

—Siempre —responde Aiden sin dudar.

Iris es la siguiente. Me abraza con ese entusiasmo que la caracteriza y puedo oler el pachulí y la vainilla que siempre la acompañan.

—¡Es tan romántico! —dice cuando se aparta—. Un mes en una autocaravana sin destino. Es como algo sacado de una película.

Saca algo de su bolso enorme. Un puñado de cristales atados con hilo dorado.

—Para el viaje —explica poniéndolos en mi mano—. Cuarzo rosa para el amor. Amatista para la protección. Citrino para la aventura. Y labradorita para la transformación.

—Iris —empiezo pero me detiene con un gesto.

—No discutas. Los necesitas. El universo me lo ha dicho.

Liam aparece detrás de ella con esa expresión de diversión que siempre tiene cuando Iris hace estas cosas. Me abraza también y cuando se aparta hay algo serio en su expresión.

—Eres buena para él —dice en voz baja para que solo yo pueda oírlo—. Le haces feliz de una forma que nunca había visto. Gracias por eso.

Las palabras me golpean más fuerte de lo que esperaba. Porque vienen de Liam. El hermano mayor. El protector. El que lleva el peso de toda la familia en sus hombros.

—Él me hace feliz a mí —respondo simplemente.

—Lo sé —dice sonriendo—. Se nota.

Sage llega corriendo y prácticamente me tira al suelo con su abrazo.

—¡Os voy a echar tanto de menos! —dice contra mi hombro—. Pero estoy tan feliz por ti. Vas a vivir todas esas aventuras locas que siempre has querido. Y después vas a escribir sobre ellas y va a ser increíble.

—Gracias por creer en mí —digo cuando nos separamos.

—Siempre —responde—. Ahora ve y sé libre. Y tráenos historias maravillosas.

Dominic me da la mano en un gesto formal, pero hay calidez en sus ojos cuando habla.

—Buen viaje —dice simplemente—. Y buena suerte con el libro.

Emma y Ethan aparecen entonces tirando de mi mano.

—¿Nos vais a escribir? —pregunta Emma.

—Claro que sí —prometo—. Os vamos a mandar postales de cada sitio que visitemos.

—¿Incluso si vais a sitios aburridos? —pregunta Ethan con su lógica aplastante.

—Incluso de los sitios aburridos —confirmo riendo.

Henry y Ellie se acercan los últimos y nos abrazan a los dos con calidez.

Dorothy llega entonces. Y cuando me abraza empiezo a llorar sin poder evitarlo. Porque esta mujer me ha acogido como a una hija desde el primer día. Me ha alimentado. Me ha escuchado. Me ha dado cariño sin condiciones. Me ha dado la familia que nunca tuve.

—Gracias —susurro contra su hombro—. Por todo. Por acogerme. Por quererme. Por hacerme sentir que pertenezco aquí.

—Siempre has pertenecido aquí, cariño —dice apartándose para mirarme a los ojos—. Desde el momento en que Aiden te trajo a casa supe que eras especial. Que eras la indicada para él. Y tenía razón.

Se gira entonces hacia Aiden que está siendo abrazado por su padre.

—Cuídala —dice con voz que es maternal pero también tiene un toque de advertencia—. Y cuídate tú también. No hagas locuras.

—Mamá, soy bombero —responde Aiden—. Las locuras son mi trabajo.

—No me hagas reír —dice Dorothy pero está sonriendo—. Sabes a lo que me refiero. Sed cuidadosos. Y llamad de vez en cuando para que sepa que estáis vivos.

—Lo haremos —prometo.

Daniel se acerca entonces. Me da la mano con ese apretón firme que habla de años de trabajo duro y responsabilidad. Pero hay algo suave en sus ojos cuando habla.

—Bienvenida a la familia, Scarlett —dice simplemente—. Oficialmente.

Y esas palabras significan más de lo que probablemente él sabe. Porque vengo de una familia donde el apellido lo era todo. Donde el dinero era poder. Donde el amor era condicional.

Y aquí estoy. Siendo bienvenida a una familia donde lo único que importa es el amor. Donde me aceptan no por mi apellido sino por quien soy. Donde pertenezco no porque tenga dinero sino porque amo a uno de los suyos.

—Gracias —consigo decir, aunque la voz me sale rota.

Nos quedamos ahí durante las siguientes horas. Comiendo. Riendo. Contando historias. Los niños juegan. Los adultos beben cerveza y vino. Dorothy saca plato tras plato como si tuviese miedo de que no sea suficiente.

Y durante todo el tiempo soy consciente de que esto es una despedida. No permanente. Pero una despedida de todas formas. Un mes es mucho tiempo. Y aunque sé que voy a volver parte de mí tiene miedo de que algo cambie mientras estoy fuera.

Cuando el sol empieza a ponerse Dorothy insiste en tomar una foto. Todos juntos. La familia Wellington completa más las parejas y los niños. Una familia enorme y ruidosa y caótica y perfecta.

Nos apretamos todos en el porche. Los adultos atrás. Los niños delante. Luna entre Lauren y Cole. Emma y Ethan junto a Sage y Dominic. Ellie con una mano sobre su barriga junto a Henry. Y yo entre Aiden y Dorothy.

—¡Todos sonreíd! —grita Dorothy desde donde ha colocado la cámara en un trípode con temporizador.

Corre para unirse a nosotros justo cuando el flash se dispara. Y sé sin tener que ver la foto que va a ser perfecta. Porque captura algo real. Algo precioso. Algo que vale más que todo el dinero que dejé atrás en Connecticut.

Cuando llega el momento de irnos todos nos acompañan hasta la autocaravana que hemos aparcado en el camino de entrada.

Es blanca con rayas azules. No muy grande pero suficiente para dos personas que van a vivir en ella durante un mes.

Aiden la alquiló hace una semana y la ha estado preparando desde entonces.

Cargando provisiones. Revisando que todo funcione.

Planificando posibles rutas aunque sabemos que no vamos a seguir ninguna.

La idea es exactamente esa. No tener plan. Conducir sin destino. Parar donde nos llame la atención. Dormir donde nos pille la noche. Hacer todas las cosas locas que están en esa lista que hicimos hace un tiempo. Vivir en lugar de solo existir.

Nos despedimos de todos y luego subimos a la autocaravana. Aiden sube después de mí. Se sienta en el asiento del conductor y arranca el motor. El sonido llena el silencio que se ha instalado sobre todos.

Bajo la ventanilla y todos se acercan.

—¡Os queremos! —grita Sage.

—¡Volved pronto! —añade Iris.

—¡Conducid con cuidado! —dice Dorothy.

—¡Traedme algo bonito! —grita Luna.

Aiden pone la autocaravana en marcha. Empezamos a alejarnos despacio por el camino de grava. Los niños corren detrás durante unos metros. Agitando las manos. Gritando despedidas.

Los veo haciéndose más pequeños por el espejo retrovisor. Mi familia. La familia que elegí. La familia que me eligió a mí. Y aunque sé que es solo un mes. Aunque sé que voy a volver. Parte de mí ya los echa de menos.

Aiden coge mi mano sobre el asiento sin apartar los ojos de la carretera. La aprieta fuerte.

—¿Estás bien? —pregunta.

—Sí —respondo—. Muy emocionada.

—¿Lista para la aventura?

—Lista —confirmo—. ¿A dónde vamos primero?

Se ríe. Ese sonido que adoro.

—No lo sé. Esa es la idea, ¿no? No tener ningún plan. Ningún destino. Solo nosotros y la carretera.

—Solo nosotros y la carretera —repito, y las palabras se sienten como una promesa.

Salimos de Sunset Valley mientras el sol se pone detrás de las montañas pintando el cielo de naranja y rosa y dorado. La carretera se extiende delante de nosotros vacía y llena de posibilidades al mismo tiempo.

Aiden enciende la radio y una canción que no conozco llena la autocaravana. Bajo la ventanilla y dejo que el viento me despeine el pelo. El aire huele a pino y a libertad y a futuro.

Y mientras conducimos alejándonos del pueblo que se ha convertido en mi hogar me doy cuenta de algo que hace que se me llenen los ojos de lágrimas.

He pasado toda mi vida buscando un lugar donde pertenecer. Una casa que se sintiese como un hogar. Una familia que me aceptase por quien soy en lugar de por lo que puedo darles.

Y finalmente lo he encontrado.

No en una mansión de Connecticut con su frialdad y su perfección artificial. Sino en un pueblo pequeño de Montana. En una familia ruidosa y caótica que me acogió sin hacer preguntas. En un hombre que me ama no por mi apellido o mi dinero sino por quien soy cuando dejo de fingir.

Mi hogar no es un lugar.

Es Aiden sosteniendo mi mano mientras conducimos hacia ninguna parte. Es saber que cuando volvamos dentro de un mes vamos a ser recibidos con abrazos y comida casera y amor incondicional. Es tener una familia que me va a echar de menos mientras estoy fuera y va a celebrarlo cuando vuelva.

Eso es hogar.

Y por primera vez en mi vida puedo experimentarlo.

—Te amo —digo girándome hacia Aiden.

Me mira durante un segundo antes de devolver los ojos a la carretera. Pero puedo ver la sonrisa que se forma en sus labios.

—Te amo —responde—. Ahora y siempre.

Y mientras conducimos hacia el horizonte con el sol poniéndose a nuestra espalda y todo el futuro extendiéndose delante de nosotros sé con absoluta certeza que esto es solo el principio.

El principio de nuestra aventura.

El principio de nuestra vida juntos.

El principio de todo lo que siempre soñé, pero nunca me atreví a pedir.

Y no puedo esperar a ver qué viene después.

FIN