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Varias semanas después…
Nash seguía siendo la celebridad de la que más se hablaba en el reino. No solo en Jangwa. En Salamat también, desde que él había viajado a aquel poderoso reino para colaborar con Fiona Tempest.
Fiona llevaba varios años en la cima, sin perder visibilidad. Sabía manejar las cámaras y al público. Su nuevo álbum, “El fuego es capricho”, inspirado en el perfume Fuego Exquisito, trataba de perseguir a un hombre que no la perseguía a ella.
El videoclip comenzó con la letra N, tallada en cristal, con vino goteando por el borde, sobre el cielo nocturno de la capital de Salamat, atiborrada de rascacielos. Era el logo de la marca de Nash.
En todo el video, Fiona vestía solo ropa elegante y provocadora de la marca N. Aparecía en rascacielos, clubs nocturnos, yates, jacuzzis, aviones privados… Cantaba sobre los hombres que la deseaban. Sobre fama. Sobre sexo. Y sobre aquel que no la miraba.
Las tomas de Nash eran pocas y por eso mismo el mundo se obsesionó.
Él no cantaba, ni actuaba, ni hablaba. Solo existía y eso bastaba. Él era el premio que ella perseguía, el que valía más que sus diamantes.
Aparecía en un plano fugaz en una habitación de hotel oscura, abotonándose la camisa, mientras ella lamía sus abdominales, bajando hacia su pantalón.
Después, aparecía en una pasarela, con cadenas deslumbrantes, contemplando al mundo con esos ojos de lobo manso que les aceleraban el pulso a todos.
En los primeros minutos, el video superó veinte millones de visualizaciones. En Salamat, apareció en la portada de todas las plataformas de música. En Jangwa, el nombre Nash Chase pasó a ser tendencia número uno.
Gracias a la colaboración con Fiona, la marca N entró con fuerza en el mercado de Salamat, que era el más exigente y peligroso de todo Nallane.
No importaba que la canción fuera de Fiona, ni que ella fuera la voz, el foco, la estrella. Las reacciones, incluso entre sus seguidores más fieles, se desviaron hacia los pocos segundos en los que Nash aparecía.
■ ■ ■
Hoy Fiona había invitado a Nash a un evento público en Salamat donde varias celebridades les harían preguntas. Ambos tenían demasiado control sobre su imagen y sabían exactamente lo que tenían que decir para mantener al público obsesionado.
El ascensor se abrió. Los anfitriones los aguardaban. La conversación en grupo comenzó.
De repente, Fiona agarró la mano de Nash y la guió bajo su vestido. Él estaba sentado justo a su lado, pegado a ella, con una postura relajada. Nadie podía ver dónde estaba su mano.
Había incontables personas mirando desde las pantallas y gente muy inteligente los analizaba desde el otro lado de la mesa.
—No hay ningún amante en tu historial. Sabemos que no te entregas a nadie. Entonces, ¿quién es Nash para ti? —preguntó el anfitrión principal, sin irse por las ramas.
—Es mi socio —declaró ella—. Nos beneficiamos mutuamente.
Nash asintió. Algunos se lo creyeron. Otros opinaban que había algo más.
Fiona se concentró en la conversación, no sin antes invitar con un gesto discreto a Nash a tocarla.
Él entendió que era un reto.
Ella era una actriz profesional. Llevaba cuatro años viviendo ante cámaras constantemente, escogiendo cada expresión y cada gesto.
Ella era arrogante y quería presumir de ello.
Nash aceptó el reto e introdujo sus largos dedos dentro de ella.
Ella podía controlar sus gemidos. Podía sonreír y mantener la boca cerrada. Lo difícil era controlar su respiración cuando amenazaba con traicionarla.
Apretó las piernas, pero solo consiguió que sus dedos entraran más y el contacto se volviera más placentero.
—¿Qué dice tu marido Norton sobre esto? Sabemos que él nunca te prohíbe nada cuando se trata de trabajo, ¿pero está cómodo con el acceso que Nash tiene? —preguntó uno de los anfitriones.
—Norton entiende que mi trabajo implica colaborar con personas influyentes.
Es irrelevante que esté cómodo o no. Solo importa que no estorbe —respondió Fiona con seguridad, pero su voz era muy baja.
Sonreía un poco más de lo necesario, pero aparte de eso no había ni un solo gesto fuera de lugar—.
Ya que estamos hablando de incomodidad… —añadió, inclinándose hacia Nash—.
¿No es ese el punto de todo esto? Si nadie se siente incómodo, nadie está mirando.
Los presentes se rieron y asintieron. Ya iban a concluir la conversación.
Nash la miró de reojo con una sonrisa que delató que le había encantado su forma de mantener el control.
Retiró la mano porque tenía que levantarse y despedirse de las celebridades.
Fiona se terminó su cóctel y respiró. Todos se fueron. Se quedó sentada sola un momento para que su cuerpo se calmara.
Cuando ya no había nadie mirando, en vez de ir a su limusina para regresar a casa, siguió a Nash, que estaba en camino a su suite en ese hotel de Salamat.
■ ■ ■
Fiona lo alcanzó, caminando con autoridad en sus tacones transparentes.
—Me has impresionado. Te mereces una recompensa —dijo él cuando ella se acercó.
—¿Estás seguro de que puedo pedir lo que sea? ¿Y si quiero que pongas tu marca a mi nombre? ¿O que te cases conmigo? ¿O que te lances por la planta número treinta y mueras por mí? —preguntó Fiona con tono juguetón, mientras enredaba los dedos en el cabello de Nash.
—Tú no quieres eso. Sé lo que quieres.
Nash le quitó la ropa a Fiona ahí mismo, antes de entrar en la habitación. Lo hizo a propósito, para que ella se preocupara por si había alguien mirando.
A Fiona le daba igual. Se lanzó a sus brazos, rodeando su cintura con las piernas, y lo besó como si no fuera a despegarse de él ya ni a punta de pistola.
Nash la besó de forma igual de dominante y la empujó contra la pared, en el corredor de luces tenues y moqueta roja, y bajó con los labios a su cuello y a sus pechos.
Lamió sus pequeños pezones rosas con calma, como si incluso miles de cámaras apareciendo en su cara de repente no lo pudieran detener.
Fiona creyó que de verdad él la iba a tomar ahí mismo. No le dijo que parara, pero arañó su espalda con sus largas uñas hasta hacerlo sangrar y lo miró como si quisiera que él la castigara.
Funcionó, porque Nash se la llevó dentro, la volcó sobre la cama y se lo dio en la boca. Justo el castigo que ella buscaba.
Pero él no se quedó ahí, como un egoísta. Le hizo a ella lo mismo.
Sus cuerpos quedaron alineados en direcciones opuestas.
Él la lamía con tanta precisión que a Fiona se le cortó la respiración. Intentó aguantar, mantener la compostura, pero no pudo. Era la primera vez que estaba en esa posición sexual.
El placer la superó. Su cuerpo gritaba que lo quería dentro de ella.
—Tan perfecta ante las cámaras… y aquí no puedes fingir —dijo Nash al oírla gemir, y cambió de posición, tumbándose boca arriba y colocándola encima para que lo montara.
Nash tenía a la mujer más hermosa de Nallane desnuda, encima de su piel, jadeando por él.
—Así es. Esto es lo único que no puedes controlar, ¿eh? —susurró Nash, acariciando su cabello pelirrojo.
Ella lo maldijo entre gemidos y gritó su nombre con rabia, pidiendo más. Y más.
Él le dio exactamente lo que quería.
No eran solo amantes en un escándalo delicioso. Solo eran socios en un trato sucio pagado en placer.
■ ■ ■
En su reino, Nash tenía que reservar locales enteros cuando iba a algún lugar, de lo contrario demasiados fans se amontonaban. Incluso en lugares reservados, los paparazzis lo arriesgaban todo para perseguirlo.
En Salamat, la celebridad más famosa era Fiona, aun así, cuando ambos bajaron al restaurante principal junto a la playa, todos los presentes gritaron el nombre de Nash y desearon sacar fotos.
Los guardias los detuvieron, para evitar que los fans los incomodaran.
Nash y Fiona se sentaron en una mesa sobre un muelle decorativo, con el agua del mar rodeándolos. Había candelabros románticos sobre la mesa y un arco de flores encima de ellos.
Fiona apartó el primer plato que el camarero puso ante ella y solo bebió agua con limón.
Nash levantó la vista un segundo, analizando ese gesto, y comentó:
—No pienses tanto cuando pesas menos de cincuenta kilos, preciosa.
—Mantener este cuerpo es parte de mi trabajo —respondió ella, riéndose.
Nash no discutió. Ella no parecía estar estresada. Era su rutina negarse a la comida. Ya obtenía placer suficiente… de otras cosas.
Desde lejos, uno de los fans se coló en la zona y gritó a todo pulmón:
—¡Socios mis cojones!
Los guardias lo echaron. Fiona y Nash se rieron juntos. No habían abierto las redes sociales esa mañana, pero imaginaban que estaban llenas de artículos sobre ellos.
—Todos creen que están destapando un secreto, y aquí estamos, beneficiándonos de los rumores —dijo Fiona, inclinándose hacia un lado para acariciar un delfín que se acercó—.
Quiero acceso permanente a ti. Por fuera, solo socios, pero siempre que coincidamos, te quiero en mi cama. Sin tener que rogártelo.
—Vale —aceptó él, como si fuera un simple contrato, y miró su móvil al recibir un mensaje—. Mi hermanito va a venir a recogerme en su avión militar. Mejor. Así podré regresar a casa pronto para continuar trabajando en mi línea de maquillaje.
Jangwa estaba al otro lado del océano, pero en su avión privado Sylvan podía llegar en minutos.
—Tu hermano y yo nos vimos en varias ocasiones antes de que te conociera —mencionó Fiona, con tono casual—.
En eventos públicos. En el palacio. En galas…
Él nunca me miró. Cuando obtuve el título de Miss Nallane, él estaba ahí junto al rey de Jangwa.
Solo me dijo felicidades y no se detuvo a hablar más, a pesar de que yo estuve invitándolo con la mirada a acostarse conmigo durante todo el evento…
—Sylvan es selectivo, como yo —dijo Nash, sonriendo, orgulloso de él.
—Dijiste que sentías atracción por tu cuñada —mencionó Fiona, mirándolo con intriga mientras jugaba con la sombrilla en su bebida—. ¿Tu gemelo no te odia por eso?
—Mi hermano es la persona más importante del mundo para mí. Entre nosotros no hay celos ni límites. Pero ningún otro hombre puede tocar a nuestras parejas. Es nuestra ley personal. Es territorio Chase.
Su traje de lino blanco, casi transparente, se pegaba a su piel por la brisa marina. Fiona no podía apartar la mirada. Nadie podía.
—Interesante. O sea que Sylvan y tú… podéis compartir —comentó Fiona, sonriendo como si acabara de confirmar algo—.
En fin, mi marido Norton y yo tenemos una relación abierta desde el principio.
Nos casamos solo por el poder y la fama.
Él se va con otras todo el tiempo y no puede meterse en mi vida si yo lo hago.
El caso es que tú eres el primer hombre con el que me he acostado desde que me casé.
Yo también soy muy selectiva. Tal vez no le haga gracia que te haya escogido a ti, porque eres demasiado influyente y él es territorial.
—Si a todo el mundo le hiciera gracia, ser un ídolo nacional sería aburrido —concluyó Nash, y se levantó, listo para marcharse—. No sé cuándo volveremos a coincidir, así que no te obsesiones mucho conmigo, pelirroja consentida.
—Solo eres mi capricho, rubito. Ya te volveré a pillar más tarde.
Nash comprobó primero si había gente mirando.
Sí, había bastante gente mirando. Justo por eso, la agarró de la mandíbula y la besó ardientemente en la boca.
Incluso los guardias se quedaron mirando. Los fans se emocionaron tanto que los delfines se fueron, ahuyentados por el ruido. Nash se retiró con calma y se fue.
Fiona Tempest, una mujer casada que nunca había tenido amantes, ahora besaba a un ídolo en público como si no existieran consecuencias.
Y Nash Chase, el hombre que jamás había jugado con mujeres y estaba en una relación estable, la sostenía como si el mundo entero fuera un escenario diseñado para ellos.
Los titulares se contradecían entre sí. “Escándalo”. “Estrategia publicitaria”. “Infidelidad confirmada”. “Todo es actuación”. Nadie sabía nada, y eso era exactamente lo que los estaba volviendo locos.
Fiona se mordió el labio, sonriendo.
Qué buena colaboración. Pero ya era hora de regresar a casa con su marido.