Fuego Exquisito (Saga Chase nº 4) 10
25%

10

Unos días después, estaba a punto de tener lugar una entrevista en vivo que todo el mundo esperaba.

Miles de ciudadanos tenían los ojos clavados en sus pantallas, sentados en oficinas, apartamentos lujosos, transporte público, clínicas, salones… Nadie se quería perder el momento en el que Nash Chase fuera a estar cara a cara ante la mujer más famosa del reino vecino, Salamat.

Fiona Tempest elegía escándalos en vez de evitarlos. El mundo la consumía. Le habían dado el título de la mujer de veintidós años más hermosa de su generación en Nallane, un mundo donde la belleza, la tecnología, el deseo y la fama lo eran todo.

Fiona vivía bajo los focos por ser astuta y temeraria.

No temía a los rumores ni a la opinión del público. Lo usaba todo a su favor.

Además de Miss Nallane, era cantante, influencer y entrevistadora.

Hoy, estaba en la azotea de un hotel al que solo celebridades podían acceder, lista para entrevistar a Nash Chase.

Fiona había entrevistado a monarcas, a terroristas antes de ser ejecutados, a verdugos, a psicópatas... Por su ingenio, hacía sudar y atragantarse con las palabras a muchos hombres poderosos.

Nash era su objetivo actual.

Quería demostrarle al mundo que podía contra el diseñador más infame y más codiciado por su reciente fama. Había venido a cazarlo.

En un sofá de cuero, enmarcado por palmeras y antorchas encendidas, Nash se recostó con soberbia.

Fiona estaba inexpresiva, con una postura profesional, pero no podía parar de imaginarlo desnudo. Con cada detalle. Con demasiada facilidad.

Firme, seria, con sus tacones transparentes deslumbrando la sala, comenzó la entrevista.

—Bienvenido, Nash. Tu perfume colapsó la economía de Jangwa y estos días tu nombre resuena en este reino más que el de vuestro venerado rey. ¿Qué se siente al seducir a una nación?

Nash lucía un traje con cadenas plateadas y su camisa entreabierta revelaba su piel, muy blanca bajo las luces cálidas. Era un atuendo diseñado por él mismo, más provocativo que formal. Miró a Fiona como si la estuviera desafiando a darlo todo y a no aburrirlo.

Fiona tenía ganas de agarrarlo de la mandíbula e hincarle las uñas.

La cadena plateada de Nash atrapaba la luz de las antorchas como un crimen.

—No seguí reglas de belleza, porque no incluyen a todos —respondió—. Hay muchas personas hermosas con identidades no tradicionales que necesitaban ser elevadas. Yo solo fui el ascensor.

En cuanto pronunció esas palabras, miles de teléfonos vibraron al mismo tiempo.

La comunidad queer inundó las redes con corazones, fuego y mensajes de adoración.

Fiona hizo todo lo posible por enfocarse en la entrevista, pero la mirada arrogante de él no ayudaba.

Sabía que él no la amaba, claro que no, pero ella había estado ansiando el momento de volver a atraparlo otra vez.

Por ahora, se iba a centrar en acorralarlo ante las cámaras.

—Si tuvieras que nombrar solo a una persona que hizo posible que llegaras hasta aquí, ¿quién sería?

—Mi hermano, Sylvan —respondió Nash, sin dudarlo.

Qué adorable, pero Fiona no estaba allí para jugar. Había venido a romperlo, pero no por venganza ni odio. Era, simplemente, su trabajo. Lo hacía con todo aquel al que entrevistaba.

—Agradeciste a tu hermano, pero ni una sola palabra para tus padres. ¿Fue un descuido o fue exactamente lo que querías hacer?

Nash, tragándose ese disparo invisible con una sonrisa incluso más acentuada, respondió:

—Mi madre lidera el ejército. Mi padre sostiene la estabilidad de todo el reino. Tienen cosas más importantes que formar parte de esta pasarela de vanidad que es mi vida.

Fiona recargó un arma invisible, tomó puntería y disparó otra vez:

—Eres uno de los dos herederos de la familia de mayor fortuna de Jangwa. Durante veintidós años, no exististe. Incluso ahora, tus padres se niegan a hablar de ti ante el público. ¿Dónde estuviste toda tu vida?

Nash se rió de forma irónica.

—Digamos que estuve en coma en el sótano de la mansión de la familia Chase. Al despertar, cosí un par de cosas, mezclé otras, y aquí estamos.

—¿Vas a pedir la herencia que te corresponde? ¿Qué dicen tus padres al respecto?

—Si me interesara la herencia, me habría quedado en el sótano, obediente. Pero preferí construir algo que mis padres también quisieran heredar.

—¿Y si deseo visitar ese sótano del que hablas?

Nash hizo una breve pausa, dejando de sonreír. Bajó la voz incluso más que ella y respondió con tono tétrico:

—Mejor céntrate en mis perfumes, ropa y cuerpo, guapa.

Ella se sonrojó sin querer.

Esas preguntas eran importantes. Era cierto que nadie conocía el origen de Nash Chase y había algo que no cuadraba. Pero, aparte de Fiona, nadie se atrevía a cuestionar su pasado. Fuera quien fuera ese hombre, lo preferían libre.

Fiona recargó, lista para cambiar de tema.

—¿Por qué escogiste a tu cuñada? De entre todas las modelos de Dunas Doradas con miles de seguidores y entrenamiento profesional, ¿por qué Shery representa un perfume que simboliza tentación?

Las antorchas parpadearon por el viento. La audiencia estaba impaciente por escuchar la respuesta. Las cámaras se enfocaron más en su rostro.

Nash volvió a sonreír.

—Porque ninguna de esas modelos me gritó y me persiguió en los pasillos de la universidad en su bata blanca.

Mi cuñada es... intensa. No la tengo en mi cama, pero la tengo en esta botella de perfume.

Porque la tentación no siempre se encuentra en un catálogo; a veces está desayunando en tu casa, con las piernas desnudas y el café en la mano, sin saber que está incendiando tu universo.

Las redes sociales explotaron. Los fans se quedaron fascinados delante de sus televisores.

Fiona observó el rostro de Nash, buscando alguna fractura en su fachada. No encontró ninguna. Estaba hablando en serio.

Era tan descarado que podía hablar de su cuñada así delante de todo el reino.

Fiona estaba lista para un ataque más, anticipando una respuesta deliciosa:

—Naomi, tu pareja, la chica que ni trabaja, ni estudia, ni socializa, pero que vive contigo… ¿Qué papel tiene ella en esto? ¿Sabe todo lo que haces a sus espaldas?

—Naomi es el caos más entretenido que he conocido. Sin ella mi hogar no tiene vida. Toda mi fama, mi dinero, mi imperio… es para ella. Naomi me conoce mejor de lo que yo me conozco. Es posesiva, y yo quiero que me grite mientras lleve una bata de seda y tenga un cóctel caro en la mano.

La audiencia volvió a sonreír. Todos estaban cautivados. Fiona había intentado acusarlo de “traidor” o “manipulador” con su novia, pero no había funcionado.

Las redes sociales se estaban llenando de mensajes tipo: “novio injustamente perfecto”.

Fiona frunció el ceño. Necesitaba un momento para recalibrar e intentar atraparlo de algún otro modo.

Nash, en cambio, no se quedó esperando. Se inclinó hacia ella y dijo en voz baja:

—¿Hay alguna otra pregunta? ¿O prefieres apagar las cámaras y que continuemos esto en privado?

Fiona jadeó por la indignación. La audiencia explotó en comentarios obscenos.

La cámara se movió como si incluso el camarógrafo hubiera retrocedido del impacto.

El público estaba incrédulo por el descaro de Nash en una entrevista que se suponía que tenía que ser profesional y con mucha clase.

Fiona, tratando de mantener la compostura, dijo:

—Solo... tengo una pregunta más. ¿Qué podemos esperar de ti en el futuro?

Nash, relajado, con una mueca de burla, concluyó:

—“Sed del desierto” será la nueva línea de maquillaje de la marca N, para gente de cada género existente que busca amor no convencional. Natural, mojado y perfumado.

—Gracias por darnos tu tiempo hoy, Nash.

Fiona se levantó y se fue, con coraje.

Le iba a hacer pagar por su audacia.

La pantalla se fundió a negro. El logo de Fuego Exquisito apareció.

La entrevista se volvió tendencia número uno tanto en Salamat como en Jangwa.

Las redes sociales se inundaron de mensajes tipo:

“Yo también codicio la herencia de Nash. Sabes a lo que me refiero.”

“Quiero a ese CEO en mi cocina susurrando poesía sucia.”

“La forma en que se miran… ¿y Fiona no lo monta ahí mismo? Yo no podría resistirme.”

Conteo de espectadores: 12 millones y aumentando.

Ventas de Fuego Exquisito: +9000

Preventas de Sed del Desierto: colapso de servidores.

Había más likes que la boda real.

■ ■ ■

En la terraza de la habitación en el hotel, treinta plantas por encima de la ajetreada ciudad, Nash contemplaba los rascacielos cercanos, preguntándose qué iba a almorzar hoy. Esperaba a que viniera una limusina a recogerlo.

Estaba solo. No usaba guardaespaldas. No era el estilo de la familia Chase.

Fiona también estaba sola porque sus guardaespaldas la habían perdido de vista.

Le pidió al personal del hotel que le diera la llave a la habitación y ellos aceptaron porque nadie le decía que no a Miss Nallane. Creían que ella iba a pasar la noche con Nash.

Lo que nadie sabía era que ella había decidido matarlo y ya tenía su pistola de alto calibre en la mano.

Fiona sabía que, si en vez de Nash se tratara de su gemelo, Sylvan Chase, no podría con él. Sylvan era conocido por ser un estratega contra el que ni los reyes ni los militares de élite podían imponerse.

Pero el que estaba en la habitación era Nash, un genio de la estética, no un estratega.

Fiona se acercó a él por detrás sin demorarse. Su maquillaje seguía perfecto, pero la agobiaba y quería quitárselo lo antes posible. No sin antes matar a Nash por haber arruinado la entrevista que ella quería dominar.

Apoyó la pistola contra su costado.

Nash se giró despacio y la miró a los ojos en vez de mirar al arma.

Fiona estaba a punto de apretar el gatillo.

Él la besó en la boca a la fuerza, inesperadamente.

Separó sus labios y le dio un beso muy profundo.

El arma seguía en medio de ellos.

Fiona sabía disparar. Sabía matar. Lo había hecho en el pasado por mucho menos. Había ejecutado a gente desobediente en el sindicato de su marido solo para aprender a matar. No le faltaba valor para acabar con Nash. El problema era que ese beso la estaba excitando demasiado.