5 #2
— Lo hice. Emergí del agua tras ellos e incendié sus velas.
Los que estaban en el puerto quedaron atrapados y ardieron.
El resto huyó, aunque alcancé a unos cuantos antes de que se marcharan.
De haber sabido... —Hrardorr dejó que su voz silenciosa se apagara por un momento antes de continuar—.
De haber sabido a dónde irían y qué harían, habría intentado con más fuerzas detenerlos a todos. Lo siento de verdad .
—Usted no ssabía que sse volverían contra nossotross, ssir. —La vocecita de Flurrthith resonó en la habitación, y Genlitha volvió a respirar. Aún podría salir bien. —No sssabía que loss dragoness marinos pudieran echar fuego —añadió en tono desconcertado.
— Solo soy dragón marino en parte —admitió Hrardorr—.
Puedo echar fuego y luchar en tierra, en el cielo y ahora, en el mar.
En realidad, el mar es todo lo que me queda ahora con mis ojos así.
No los necesito en el agua, ¿comprendes?
Mis otros sentidos me ayudan a saber dónde están las cosas cuando estoy bajo las olas.
Es solo sobre ellas donde mi falta de visión entorpece mi eficacia .
—¿De verdad? —El grifato se acercó más, claramente intrigado. Genlitha supo que las cosas irían bien. Al menos en lo que respectaba a Flurrthith y Hrardorr.
Hrardorr se abrió un poco sobre cómo funcionaban sus sentidos bajo el agua, lo cual fue una lección para todos ellos. El grifato no perdía detalle de cada una de sus palabras.
—No ssabía que loss dragoness marinos pudieran hacer esso —dijo el jovencito varias veces. Finalmente, fue Gowan quien planteó la pregunta que debería haber sido obvia para todos.
—¿Ha conocido a muchos dragones marinos, sir Flurrthith? —preguntó Gowan.
Flurrthith giró su pico hacia los humanos, que estaban a un lado.
—Hay una caleta en el extremo ssur de la issla donde les gussta ssalir a tierra.
Algunoss de loss grifoss mayores sse han hecho amigoss de elloss, pero yo ssolo he hablado con una de lass dragonass.
Ssu nombre ess Sshanaraneth, pero dijo que la llamara Sshara para abreviar.
Ess mayor que yo, pero no mucho, y fue herida de gravedad por un banco de tiburoness hace un tiempo.
Una de nuesstras ssanadorass, mi hermana mayor Lizbet, ha esstado trabajando con lady Sshara y me deja acompañarla a vecess.
Ess muy buena, aunque esstaba muy trisste cuando esstaba atrapada en tierra curándosse.
Hrardorr suspiró, lanzando aros de humo hacia la cúpula ventilada sobre su cabeza.
— Es triste estar fuera de su elemento. Mi antepasada era como su amiga, una dragona marina herida que no podía nadar como solía hacerlo, pero encontró la felicidad en tierra con un dragón terrestre y pasó muchos siglos felices con él en esta Guarida. De hecho, ellos fundaron esta Guarida .
Flurrthith volvió a mirar a Hrardorr, con sus plumas agitándose por lo que parecía emoción. —No ssabía eso, ssir Hrardorr. Ssi me lo permite, me gusstaría hablarle a Sshara de ssu antepassada. Puede que la hisstoria la haga ssertir mejor.
— Por supuesto que puede, joven amigo —asintió Hrardorr—. La esperanza es un bien escaso. Parece que a su amiga le vendría bien un poco .
Tras aquel interesante intercambio, todos se conocieron mejor.
Genlitha abordó el tema de volar al pueblo para conocer a Livia hacia el final de su comida.
Le contó a Flurrthith que tanto Gowan como Seth estaban cortejando a lady Livia, sin ver razón alguna para ocultar tal información al niño.
Quizás Flurrthith pudiera ayudar a los tres humanos de alguna manera.
Se acordó que Genlitha llevaría a Gowan, y Flurrthith se ofreció sorprendentemente voluntario para llevar a Seth a la espalda hasta el pueblo.
Para Hrardorr resultaría difícil llevar a nadie, ya que planeaba aterrizar en el agua y luego caminar hasta tierra firme.
Aunque Gowan y Seth se mantendrían bien lejos de la vista del padre de Livia, esperaban disponer de unos minutos para, al menos, saludarla.
Y si no, ambos afirmaron tener recados que hacer en el pueblo de todos modos.
Genlitha dudaba de la veracidad de aquellas afirmaciones, pero no iba a decir nada. Aún tenía esperanzas puestas en el trío, incluso si las circunstancias estaban en su contra en ese momento.
Seth no podía creer que estuviera cabalgando a lomos de un grifo.
De todas las cosas que esperaba al despertar aquella mañana, que su trasero estuviera mullido por una mezcla de pelaje y plumas mientras planeaba casi en silencio desde la cima de la Guarida hasta la playa bajo el pueblo no era lo que más le rondaba por la mente.
En ocasiones sus padres dragones lo habían llevado por los aires, y aquella experiencia era similar, pero también bastante diferente.
Los grifos eran simplemente... más cómodos, si había que decir la verdad.
Eran suaves donde las escamas de dragón resultaban duras contra los miembros humanos.
Y su planeo —o al menos, la inmensa envergadura de Flurrthith— hacía que el viaje fuera un sueño.
Habían acordado aterrizar en la playa para reunirse con Hrardorr.
La idea era mantener a Flurrthith ocupado mientras los líderes de la Guarida tomaban una decisión.
Hasta ahora, por lo que Seth había oído a través de sus padres, los titubeos estaban ganando a la idea de mover el culo de una vez y ayudar.
Habían enviado a un mensajero a la capital por tierra , por el amor de Dios.
Un muchacho a caballo, que tardaría días y días en llegar.
Habían usado el reciente ataque como excusa para mantener a todos los dragones mensajeros aquí, a pesar de que podrían haber hecho el vuelo de ida y vuelta en la mitad de tiempo.
Toda la familia de Seth estaba indignada, pero sus padres seguían intentando hablar con los líderes, defendiendo su postura a través de los canales adecuados.
Sus padres eran demasiado de la vieja escuela como para ir en contra de los dirigentes.
Al menos no ahora, cuando la situación era tan reciente.
Quizá, si mañana no se hubiera logrado nada, harían algo de verdad.
Mientras tanto, le habían pedido a Seth que vigilara al grifo.
Nadie quería que el joven visitante se llevara una impresión equivocada de los caballeros o los dragones de Draconia por culpa de la cabezonería de un par de viejos y de dragones aún más viejos.
Así que se había ideado esta excursión. Mantendría a Flurrthith alejado de la controversia de hoy en la Guarida, a la vez que ofrecía a Seth y Gowan la remota posibilidad de ver a Livia lejos de la mirada vigilante de su padre.
Seth pensaba que a Hrardorr también le vendría bien socializar.
Había estado demasiado solitario desde la batalla en el puerto.
Flurrthith volaba de maravilla, y Seth se tomó un momento para simplemente disfrutar de la sensación del viento en su pelo y del sonido de este filtrándose entre las plumas del grifo. El sol brillaba y hoy no había nubes en el cielo. Era un gran día para estar vivo, en lo que a Seth respectaba.
Había empezado con un vuelo en grifo inesperado y probablemente único en la vida, y podría terminar viendo a Livia. Las cosas estaban mejorando.
La había echado mucho de menos desde el edicto de su padre. El hombre era un tirano y gobernaba su hogar como debía de gobernar sus barcos: con mano de hierro. El capitán de marina tenía una reputación justamente merecida, en opinión de Seth.
Flurrthith descendió en espiral desde los altos acantilados sobre los que se alzaba la Guarida, flanqueado por Gowan y Genlitha.
Hrardorr se había adelantado, pero aún podían verlo.
De hecho, Seth seguía su progreso de cerca, atento para advertirle si de algún modo corría peligro.
Pero el camino estaba despejado. Hrardorr se sumergió en el agua bastante lejos de la costa, donde no había obstáculos que lo estorbaran.
Su entrada en el agua fue casi perfecta, sin apenas salpicar.
Si Seth no hubiera estado mirando con atención, casi no habría notado nada.
El agua era, sin duda, el segundo hogar de Hrardorr.
Seth se alegraba de que al menos tuviera eso.
El ánimo del dragón había estado decaído desde la batalla, lo que al principio desconcertó a Seth, pero pronto comprendió que la lucha le había devuelto recuerdos de los días de gloria de Hrardorr.
Recuerdos con los que era difícil vivir en su estado actual, supuso Seth.
Mientras se dirigían a la playa, Seth notó que ya había otro dragón allí.
Era de color azul oscuro. Tenía que ser Xanderanth.
Era un recién llegado a la Guarida, bendecido con unas alas poderosas.
A él y a su joven caballero los habían enviado a la Guarida del Sur para su primera misión, en parte debido a la juventud y las habilidades de vuelo de Xander, pero también porque su caballero, Leonhardt —Leo para abreviar—, era de esta región y todavía estaba muy unido a su familia.
Corría el rumor de que sus padres habían hecho las maletas con sus hermanos y se habían mudado más cerca de la Guarida al enterarse de que Leo y Xander estarían destinados aquí unos años mientras ambos aprendían el oficio de ser un equipo.
Xander trompeteó un saludo al ver a Genlitha, y Seth sintió a Flurrthith temblar bajo él. Pero cuando Gen respondió de forma similar, el grifo pareció relajarse de nuevo.
— Estamos de suerte —dijo Gen en la mente de todos mientras planeaban más cerca del punto de aterrizaje y del joven dragón azul—.
Xanderanth es solo un poco mayor que tú, Flurrthith.
La familia de su caballero vive cerca y está visitándolos, así que Xander está libre un rato. Es un dragón muy agradable.