10 KYA
Despierto con la boca seca y el corazón acelerado, entrecerrando los ojos ante la luz del sol que se cuela por las cortinas de mi dormitorio. El tequila aún me corre por las venas como una mala decisión: todo borroso, cálido y salpicado de fragmentos de anoche.
Baile. Risas. Lee.
Sus manos sobre mí. Su boca en la mía. La promesa de su voz. Pronto, cariño. Muy pronto.
Gimo y hundo la cara en la almohada.
La tentación de escribirle es inmediata y abrumadora. Cojo el móvil de la mesita de noche y miro nuestros últimos mensajes. Mis dedos se quedan suspendidos sobre el teclado.
Kya
Oye, sobre anoche...
Borrar.
Kya
He estado pensando en lo que pasó
Borrar.
Kya
¿Podemos hablar?
Demasiado desesperado. Borrar.
Kya
Gracias por traerme a casa anoche. Y gracias por ayudar con la pintura y... otras cosas.
Dios, parece que tuviera doce años y no pudiera hablar abiertamente de un orgasmo. Lo cual, técnicamente, es cierto: no lo de los doce años, sino lo de hablar de orgasmos con Lee. Borrar.
Dejo el móvil con un suspiro de frustración y empiezo a prepararme para el trabajo. Me paso la ducha, el desayuno y el trayecto hasta el bar imaginando posibles escenarios.
Normalmente, rodeada del runrún de la nevera y el murmullo lejano de la calle, me calmo. Hoy no. Nada parece funcionar. Reorganizo las botellas detrás de la barra por altura, luego por color, luego por graduación. Paso a las mesas, enderezando sillas que ya están perfectamente alineadas y comprobando saleros que no lo necesitan.
El móvil vibra y me abalanzo sobre él como una loca.
Desconocido
Su coche debe pasar la revisión de garantía de 12 meses. Reserve ahora y ahorre un 10% en su próximo servicio.
—Patética —murmuro, volviendo a guardar el móvil en el bolsillo.
Pero no puedo dejar de pensar en lo que dijo Mercy ayer.
¿Estoy huyendo?
El plan siempre fue quedarme seis meses. Vender el bar. Ocuparme de la herencia de mamá. Decidir qué hacer con el dinero.
Solo que... ¿cuándo fue la última vez que me sentí tan viva como anoche, apretada contra la puerta con las manos de Lee sobre mí y su boca devorando la mía?
¿Cuándo fue la última vez que alguien me miró como si yo fuera lo único, no un desastre, no un proyecto, no un rollo de una noche, sino lo único?
Nunca. Esa es la respuesta.
El móvil parece pesar mil kilos en el bolsillo. Lo saco otra vez y me quedo mirando el nombre de Lee.
Esta vez, simplemente escribo.
Kya
¿Estás libre esta noche?
Antes de poder pensármelo dos veces, pulso enviar.
La respuesta llega casi de inmediato.
Lee
¿Para ti? Siempre.
El corazón me da un vuelco extraño: en parte alivio, en parte terror, en parte una emoción que no estoy lista para analizar.
Kya
Bien. Tenemos que hablar.
Lee
¿En el Devil's?
Kya
En mi casa. ¿Te viene bien?
Lee
Allí estaré.
Me quedo mirando el móvil un buen rato y luego vuelvo a guardarlo en el bolsillo.
Sí, vamos a hablar. Pero antes voy a tener que averiguar qué demonios quiero decirle.