Fortuna en Mallorca EPÍLOGO
100%

EPÍLOGO

El intendente tuvo una gran discusión con su mujer y pasó una semana durmiendo en el sofá antes de que se reconciliaran.

En la siguiente declaración de la Renta, una inspección le buscó las cosquillas, mientras su cuñado permanecía ajeno a cualquier problema.

A partir de entonces tuvo la sospecha de que le había denunciado, y nunca más le felicitó por su cumpleaños.

*

Alistair se entretenía en el hospital leyendo el Última hora cuando encontró un breve artículo sobre dos cuerpos aparecidos en la costa.

El único detalle era que, por razones no específicas, estaban siendo difíciles de identificar.

Las autoridades concluían que murieron en un desgraciado accidente de navegación. Punto.

Al levantar la vista del papel, vio acercarse a dos hombres de aspecto serio que su ojo profesional identificó como policías de paisano.

Desestimando los perdigones como un simple accidente, los policías empezaron a preguntarle por facturas, contratos de compraventa, registros con el patrimonio de cultura y, cómo no, el áureo de Pompeyo hallado entre sus pertenencias.

Solo la llegada de un atractivo médico moreno de ojos azules lo salvó de continuar el interrogatorio.

*

El informático dejó sin criptoactivos las carteras de los ángeles del infierno mallorquines, borró los registros electrónicos y, de paso, hizo lo mismo con los vídeos de las cámaras de seguridad.

Pero eso tuvo consecuencias: para empezar, se convirtió en una persona con dinero y buscada, así que huyó de la isla y se estableció en Centroeuropa; también dejó a Alistair sin muchos comodines materiales con que chantajear a políticos y eminencias locales; y por último, borró cualquier huella de interacción de Mirtylo Pons con su, hasta hace poco, presidente.

*

Stalin, después de meses de convalecencia y habiendo perdido un riñón, al fin estaba recuperando su forma física.

Se sentía mal porque su abuela se había gastado los ahorros para estar cerca de su único nieto, y en vez de cuidarla él, fue al revés.

Pasó sus días deprimido en Madrid, a la espera de que el ejército decidiera concederle una pensión o un nuevo destino.

A finales de primavera recibió un sobre marrón con un sello de Palma.

En su interior había treinta y ocho mil euros y una nota manuscrita: Por si te sirve de algo.

Tu compañero . Abuela y nieto supieron aprovechar la inesperada fortuna poniéndola a trabajar.

*

Nuam tenía un primo en el Ministerio de Cultura libanés que supo reconocer el valor de las monedas que llegaron de manos de Cordero.

El primo, por un porcentaje de los ingresos futuros, creó papeles de autenticidad, permisos de exportación y ayudó a Nuam a mover las piezas a través de un compañero de promoción que trabajaba de marchante de arte en Amberes.

Nuam recibió un buen pellizco y compró un piso en Beirut, ganándose así el respeto de su tío.

Visitó Los Ángeles con su esposa y cumplió su sueño recorriendo los grandes estudios de Hollywood.

A la vuelta hicieron escala en Madrid y asistieron a un partido de la Champions.

Más que por la riqueza trabajosamente adquirida, estaba encantado por las atenciones que le profesaba su esposa, que no dejaba de repetir lo generoso que era su marido y lo bien que le quedaba el bigote.

*

Sea Shepherd recibió una muy decente donación anónima del usuario OrcaLover26, con un mensaje: «No sabía que hubiera orcas en el Mediterráneo, pero me alegro de ello».

*

En cuanto a Mirtylo, después de un placentero desayuno en casa de M. D., donde tuvo que firmar varios acuerdos de confidencialidad, volvió a casa, se duchó, durmió y llamó a un cerrajero.

Al día siguiente denunció la desaparición de su coche, sin esperanzas de encontrarlo.

Pero la eficiencia de la policía se lo devolvió en solo dos días.

Alguien lo había abandonado en un polígono industrial cerca del Arenal.

Un observador cuidadoso podría haber reconocido marcas de neumáticos de moto en las inmediaciones, pero nadie dedujo nada.

En cuanto al problema de su nuevo piso y el muerto que allí se ocultaba, se solucionó por sí mismo.

La subasta que Mirtylo había ganado se anuló.

Alguien de la Agencia Tributaria, revisando los resultados, vio una coma mal puesta en la documentación y, por magia de la Administración, un proceso que estaba atado y bien atado se volatilizó en una nube de papeleo digital.

Le devolvieron automáticamente el dinero que dio de señal.

De modo que aquel piso y su nombre dejaron de estar conectados.

Volvió a ver a Victoria y cerraron la venta de un humilde pero bien conservado denario de plata.

La historiadora del arte, algo distante y reservada, le informó de que los acontecimientos de los últimos días le habían inspirado y que había aceptado un trabajo en Bruselas buscando objetos de arte expoliados.

Por alguna razón le apetecía un cambio de aires.

*

En un piso cerrado de Palma quedó Cordero, como un faraón en su sarcófago de freón.

El guerrero yace tendido en una cámara funeraria construida por una civilización que da paso al olvido, enterrado junto al arma que lo venció, y guardando quién sabe qué otros tesoros en sus bolsillos y entrañas.

Pero sobre todo, esperando a que un arqueólogo moderno se decida a descubrirlo entre los bienes ocultos de la Administración pública.