AYUDA IMPROVISADA
—Me he debido de quedar dormido. ¿Qué hora es? Tengo una contractura equina. ¿Dónde está mi tabaco?
Por primera vez, Victoria no criticó a su padre por fumar demasiado. Estaba demasiado concentrada en la nota que habían dejado junto a su cuerpo: « Para Victoria: te espero, sweetie pie. HOY » .
—No lo entiendo —farfullaba el numismático mientras se atusaba la perilla y daba profundas caladas—: Ha venido un cliente… No, dos. Me han dicho no sé qué, me he dado la vuelta… y luego estaba en el suelo. No lo entiendo. ¿Te quedas a cenar?
Victoria acompañó a su padre al piso que este tenía cerca del antiguo matadero de Palma, en el barrio de Bons Aires. La casa era un fortín diseñado para proteger las piezas más valiosas de su colección, todo lo seguro que puede ser un piso en la ciudad.
—Conozco esa mirada, hija. ¿Alguien te ha hecho algo en el colegio? —El hombre aspiró por la boquilla de la pipa, buscando combatir el mareo que sufría—. Primero ponías esa cara, y luego me tocaba tener una reunión con tu tutora porque le habías dado un pescozón a algún abusón.
Victoria revisó su agenda y envió un escueto pero informativo mensaje a un contacto en la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional.
Inmediatamente recibió una llamada como respuesta.