Fórmula inesperada (Pasión en el Paddock 1) Epílogo
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Epílogo

Viviendo el presente

Daniela

Costa Amalfitana, Italia

En algún lugar remoto

Faltan pocos días para que empiece la nueva temporada y Alessio y yo nos hemos tomado un respiro con una escapada a la Costa Amalfitana.

En realidad, deberíamos estar ya de vuelta en Bérgamo, pero la semana pasada, entre risas y caricias bajo las sábanas a las cuatro de la mañana, se nos ocurrió coger La vecchia donna rossa de su abuelo y lanzarnos hacia un nuevo destino por explorar.

Giorgio lo ha entendido a la perfección y, lejos de regañarnos, nos ha dado unos días más para sacar a pasear la joya más preciada de su mejor amigo.

Pensé que Alessio nunca permitiría que otra persona condujera a su bebé, pero, contra todo pronóstico, aquí estoy yo, al volante, surcando las empinadas carreteras que nos llevan hacia Sorrento, mientras hago balance de estos últimos meses .

Después de terminar el campeonato y cumplir con los compromisos profesionales, mi chico me sorprendió con un viaje a Maldivas.

Diez días en los que buceamos entre aguas turquesas, exploramos las maravillas de las islas y nos perdimos en cada rincón de la cabaña flotante donde nos alojamos.

Una pequeña casa sobre el mar que nos dio la intimidad que tanto necesitábamos tras el juicio contra su padre y Ferrara, condenados a dieciocho y veinte años de cárcel, respectivamente, por un caso de abuso de menores al que, cada día, se siguen sumando más víctimas.

Alessio evitó hablar de ello durante los primeros días.

Quise darle espacio porque, aunque insiste en que no tiene nada que ver con su padre, sé que cargar con el apellido le pesa.

Con el tiempo, sin embargo, encontró la confianza para abrirse conmigo y me habló del maltrato que sufrió de niño.

Él dice que jamás podrá olvidarse de lo que le hizo; aun así, espera que su padre cargue con su propia conciencia durante el tiempo que esté entre rejas.

Desde entonces, siento que vamos tejiendo una red de confianza más fuerte, más honesta, hecha no solo de amor, sino también de verdad.

Los miedos y las inseguridades van desapareciendo cuando comprendemos que la persona que tenemos delante está ahí para protegernos y querernos, incluso con todas nuestras vulnerabilidades.

Tras la vuelta de vacaciones, celebramos la Navidad en Barcelona con mi familia.

Yo decidí quedarme en Nochevieja para recuperar el tiempo perdido con ellos, mientras Alessio aceptó la invitación de su madre y el marido de esta de pasarla en Nueva York juntos.

A mí también me invitaron, pero decidí dejarles una parcela de intimidad para que poco a poco fueran arreglando su situación.

Y, aunque sé que Alessio tiene una cicatriz demasiado profunda en su relación maternal, me alegra pensar que al menos Ivana ha estado muy pendiente de él, sobre todo después de la sentencia del juicio .

—Oye, Cerebrito, aparca ahí, en ese espacio. Y, por favor, ten muchísimo cuidado con la carrocería, que sabes que este coche es a lo que más quiero en el mundo —confiesa, uniendo los dedos de su mano y agitándola, como una señal indiscutible de los italianos.

—¿En serio quieres más a un coche que a mí? —bromeo poniendo los ojos en blanco.

—Daniela, no me hagas contestar a esa pregunta.

Me río y sacudo la cabeza en señal de incredulidad.

—Algún día admitirás que mis habilidades de conducción son mil veces mejores que las tuyas.

—Cerebrito, tú hoy te estás quemando con fuego y te voy a castigar con unos azotes en el culo y sin ese Aperol Spritz y la focaccia que tanto te gustan —replica, sacando la lengua.

—Tú sí que sabes cómo complacerme, cariño.

Alessio abre la boca para contestar con alguna fanfarronería, pero la pantalla de mi móvil se ilumina y aparece el nombre de Markus en letras grandes.

—Pon el manos libres, porfa —le pido a Alessio, que me mira con cara de perplejidad, porque uno de sus mejores amigos me esté llamando a mí en vez de a él.

—Señor Münster —dice mi chico, fingiendo mi voz—, ¿se puede saber por qué me llamas a mí en vez de a mi novio, el hombre más guapo de todo Italia?

—Calla, Santoro, que quiero hablar con Daniela.

—Prométeme que no volverás a ofrecer a mi chica un salario más alto para llevártela a Morrison como ingeniera —finge moquear—. Sabes que el presupuesto de Rosa Nera es aún muy ajustado.

—Ojalá —responde el suizo—. Ya sabe que la oferta sigue sobre la mesa hasta que ella quiera .

—Lo siento, Mark, pero mi familia está en Italia... por ahora —matizo con una sonrisa traviesa, y Alessio abre los ojos de par en par—. Aunque todo es negociarlo más adelante.

Suelto una carcajada por la expresión que compone en su cara y él se acerca a hacerme cosquillas. Yo me resisto y chillo para que me libere. Seguimos riéndonos durante unos segundos hasta que Mark carraspea y nos interrumpe al otro lado de la línea:

—¿Queréis parar de hacer guarradas y escucharme?

—Vale, vale. Dispara, Münster.

—Creo que he cometido una locura, chicos —revela con un hilo de voz.

Alessio y yo nos miramos, preocupados.

—¿Qué ha pasado, Mark? —pregunto.

La línea se interrumpe unos segundos en los que pensamos que lo hemos perdido, pero simplemente se ha quedado callado.

—¿Os acordáis de que mi equipo de Relaciones Públicas me alentaba a mostrar más mi vida privada en prensa? —explica al fin—. Que necesitaba mostrar parte de quién soy y no esconderme tanto de ellos. Dicen que es parte del trabajo.

—Ajá…

—Vale, pues… me han dado carta blanca para que contrate a quien quiera. A algún profesional que se mueva bien en las redes sociales y sepa sacar lo mejor de mí. Así que…

—¿A quién has contratado? —le pregunto con curiosidad.

—A tu amiga. He contratado a tu amiga, Daniela.

Alessio y yo nos miramos sin saber a quién se refiere, hasta que ambos caemos.

—Oh, a mi amiga —balbuceo—. Y… ¿ella ha aceptado?

—Eso parece.

Los tres nos quedamos en silencio, pensando lo que esto supondrá para la nueva temporada .

—No te preocupes, Münster. Todo saldrá bien —trata de tranquilizarlo mi chico.

Siguen charlando de manera animada y yo me abstraigo en mis pensamientos.

Cuando Alessio me explicó todo lo que había pasado con Irina, sentí que tenía que concederle el beneficio de la duda a Camila, que llevaba semanas bombardeándome con mensajes de perdón y con explicaciones de cómo y por qué había hecho todo aquello.

Así que no me quedó más remedio que llamarla.

Estuvimos horas al teléfono poniéndonos al día y, sin querer, volví a sentir ese pequeño regocijo de felicidad que me había unido a ella desde el principio.

A día de hoy, todavía me cuestiono qué la llevó a tomar ese camino y, aunque ya no siento rencor, sé que Will no ha conseguido pasar página. Necesitaremos tiempo para cerrar esas heridas.

—Chicos, os echo de menos —declara Markus al otro lado del teléfono—. Solo tengo ganas de que empiece la temporada para que volvamos todos a vernos.

—Nosotros también, Mark. Cuídate, nos vemos pronto.

Nos despedimos y nos quedamos unos segundos en silencio cuando una nueva notificación suena en el móvil.

—Oye, ¿es que no me van a dejar un momento de intimidad con mi chica? —refunfuña Alessio—. ¿Desde cuándo te has vuelto tan popular?

—Espera, que es un mensaje del buzón de voz. Me debe de haber llamado alguien mientras estábamos hablando con Mark.

Pulso la tecla de reproducir y la voz de Camila suena por el altavoz:

«Dani, creo que he cometido una locura. El equipo de Relaciones Públicas de Morrison me ha hecho una oferta para trabajar esta temporada con Markus.

¡A mí! La persona a la que todo el mundo odia ahora mismo en el paddock —manifiesta, sulfurada, mientras toma una bocanada de aire—.

Y, por razones que ya te contaré, he tenido que aceptarlo.

No me ha quedado más remedio. Así que en unos días volaré a Inglaterra.

No veo el momento de reencontrarme contigo en Australia.

Podríamos volver a aquel club de playa en el que tantos buenos momentos pasamos…

Oye, esto se corta. Leo os manda recuerdos, aunque sigue aquí postrado en el sofá dándome el coñazo todo el día. ¡Nos vemos, amig…!»

Un pitido anuncia el fin del mensaje de voz.

Meto el móvil en el bolso y salimos a dar una vuelta por una cala solitaria, rumiando la conversación que acabamos de tener con nuestros amigos.

Las gélidas temperaturas de finales de febrero aún se sienten todavía en el cuerpo, así que Alessio se disfraza de incógnito y pasa su brazo por mis hombros para que entre en calor.

—Buenooo… así que parece que esta va a ser una temporada interesante —afirma mi chico mientras me acerca más a su pecho.

—Sin duda, no vamos a tener tiempo de aburrirnos —contesto, asimilando todo lo que se viene.

—Me pregunto qué habrá hecho Asher durante las vacaciones.

—El otro día vi unas fotos suyas en un beach club de Punta Cana, rodeado de tres o cuatro mujeres.

—No aprende. Este chico no aprende… —replica, poniendo los ojos en blanco.

—Te recuerdo que tú hace un año eras igual, cariño —pronuncio esa última palabra con deliberada sorna.

Se detiene en seco y me hace girar hasta quedarme frente a él.

—Sí, pero yo encontré a mi Cerebrito. A la persona que ilumina mi vida. A la mujer que me desafía, me protege y me quiere como nadie en el mundo .

Se inclina para besarme.

—Ah, ¿sí? ¿Y dónde está?

Alessio abre la boca para responder, pero cuando reacciona ya he salido corriendo.

—¡Eh! ¿Qué ha pasado contigo y dónde está la Daniela de la que me enamoré hace unos meses? —grita entre risas.

Me persigue por la playa, igual que aquella vez en la pequeña cala de Ibiza, donde todo empezó sin que supiéramos bien dónde nos estábamos metiendo.

La arena se hunde bajo mis pies y el agua me salpica los tobillos mientras intento ganar unos metros de ventaja.

—¡Te tengo! —exclama mientras me agarra por la cintura y caemos al suelo, rodando entre carcajadas.

Se queda sobre mí unos segundos, apartándome el pelo de la cara, mirándome como si aún no se creyera que sigo aquí. Me besa de manera pausada y yo me dejo llevar por sus labios salinos, los susurros delicados y las caricias a orillas del mar.

La próxima temporada traerá nuevos retos, nuevas curvas desafiantes y banderas de todos los colores.

Pero esta vez será diferente, porque ya no tengo miedo. Pase lo que pase en la pista, ya hemos ganado lo más importante. Y eso nadie nos lo puede arrebatar.

Fin