Capítulo 7 #2
—Tienes mi número si me necesitas. Buenas noches —murmuró finalmente antes de darse la vuelta para abrir la puerta—. Echa la llave cuando salga.
Y entonces salió, obligándose a no mirar atrás. Notó la mirada de Clara clavada en él un instante, y luego la puerta se cerró a su espalda. Ella estaba a salvo, de momento. Y en cuanto a quién había saboteado su coche... pensaba averiguarlo esa misma noche.
***
Ford estaba sentado frente al portátil en la sala de conferencias a altas horas de la noche, revisando una vez más las imágenes del complejo de apartamentos de Clara.
Parpadeó mirando la pantalla, convencido de que su mente le estaba jugando una mala pasada.
Movió el cursor y lo volvió a ver, pausando la imagen en el rostro de la mujer cuando esta se giró sin querer hacia la cámara. No podía ser...
—¿Alguna suerte? —preguntó Gray, entrando con aire despreocupado. Llevaba ropa de entrenamiento empapada en sudor y había pasado la última hora haciendo sparring con Luke en el gimnasio de las instalaciones. Desenroscó el tapón de la botella de agua y se la bebió de un trago.
—¿Dónde está Luke? —preguntó Ford—. Quiero que él también vea esto.
—Lamiéndose las heridas —bromeó Gray—. No, ya viene.
Ford se quedó mirándolo, sorprendido de oír bromear a su compañero. Gray había cambiado mucho después de su última operación, y puede que esta fuera la primera vez que Ford veía una sonrisa genuina en su viejo amigo.
Gray captó la expresión de su cara.
—Sí, sí. Todavía sé bromear de vez en cuando.
—No es por ponerme sensiblero ni nada, pero me alegro —dijo Ford—.
Trabajar aquí te vendrá bien. Gray asintió mientras se producía un momento de silencio entre los dos hombres.
Jett había pasado meses intentando convencer a Gray de que se uniera, y el simple hecho de estar cerca de sus viejos compañeros de equipo parecía haber cambiado algo en su interior.
Todos sabían que había ido a la deriva desde que dejó el servicio.
Ford tenía que admitir que le sentaba bien tener al último miembro de su equipo allí también.
Trabajaban mejor juntos, eso estaba claro.
Ford giró el portátil para que Gray pudiera ver la pantalla.
—¿Te recuerda a alguien que conocemos?
—Ni de coña —dijo Gray mientras se acercaba—. ¿Esa es Anastasia?
Ford apretó la mandíbula.
—Se parece a ella. Solo que estas imágenes son de varios días después de que la detuvieran.
Los federales no deberían haberla soltado tan rápido, si es que lo hicieron.
Tenían más que suficiente para retenerla después del interrogatorio.
E incluso si la dejaron ir, ¿qué probabilidades hay de que fuera a por Clara?
Ella nos vio al resto, pero Clara no tuvo nada que ver con esa operación. Esto no tiene ni puto sentido.
—¿Sabía que la habían pillado? —preguntó Gray, pasándose una mano por la barba corta.
—No lo creo. La habíamos estado siguiendo durante un par de días, esperando el momento de actuar.
Los federales la estuvieron vigilando más tiempo aún.
No alteró su rutina ni un ápice. Habían interceptado comunicaciones: mensajes de texto y correos encriptados.
Incluso hizo la entrega clandestina para su contacto.
No creo que tuviera ni puta idea. Además, salió de ese bar tan ufana, como si nada.
—Aunque Rusia la entrenó bien, dudo que se hubiera ido con Sam y Luke de haber sabido quiénes eran —coincidió Gray frunciendo el ceño—. Sigo pensando que los tomó por militares e intentaba sacarles información.
—¿Qué pasa, chicos? —preguntó Luke al entrar. Aún llevaba ropa de entrenamiento, con una toalla sobre los hombros—. Tu mensaje decía que era urgente. ¿Has encontrado algo?
—Echa un vistazo a esto —dijo Ford en voz baja.
Luke frunció el ceño mirando la pantalla mientras Ford reproducía el vídeo.
—¿Esa es Anastasia? ¿Qué demonios? ¿Cuándo grabaron esto?
—Hace dos noches. Si es ella, fue quien manipuló el coche de Clara.
—¿Mientras estaba bajo custodia federal? —preguntó Luke incrédulo—. No tiene sentido. ¿Jett ya lo ha visto? —añadió sacando el teléfono del bolsillo.
—No.
Luke envió un mensaje a su jefe y se sentó a la mesa de conferencias para ver el vídeo más de cerca.
—Joder, se parece muchísimo a ella —dijo Gray—. ¿Es el único vídeo de vigilancia que te dieron?
—Sí. Me costó Dios y ayuda que el edificio de Clara soltara esto.
Querían que fuera primero a la policía y dijeron que ella ya debería haber puesto una denuncia.
Al final accedieron cuando amenacé con meter abogados.
Tiene que haber más cámaras en el complejo, pero esto es todo lo que tengo de momento.
—Necesitamos verlo todo —dijo Luke.
—De acuerdo. Mañana volveré a pasarme para presionarlos —dijo Ford.
Jett irrumpió en la sala de conferencias con el ceño fruncido mientras se guardaba el móvil en el bolsillo.
—Pensaba que ya te habías ido, jefe —dijo Ford.
—Negativo. Estaba hablando con Sam y Nick sobre Sudamérica y llevo una hora al teléfono. Además, Anna sigue preocupadísima porque Clara está enferma. Tuve que convencerla de que no mandara más comida.
Ford esbozó una sonrisa.
—¿Más comida? Ya había varias bolsas cuando pasé a dejarle el coche. Había de sobra para una mujer y una niña.
—Sí. Esa es Anna.
Jett saludó a los demás con un gesto, pero volvió a centrar la mirada en Ford.
—¿Cómo está Clara?
—Está mala, pero le dejé sopa cuando le llevé el coche. Es un virus estomacal.
—¿Y le dijiste que el coche estaba arreglado?
—Sí. Seguro que insiste en pagar los neumáticos, pero le dije que tendría que hablarlo contigo.
—Bien. Y ahora, ¿qué tiene este vídeo que deba ver? Acabo de recibir el mensaje de Luke.
Ford reprodujo el vídeo obedientemente, y para cuando terminó, Jett soltaba una retahíla de maldiciones.
—Tengo que llamar a mi contacto en la Oficina. No me explico por qué cojones la soltarían de custodia federal. ¿Y cómo supo que tenía que ir a por Clara? Debe de haber tenido vigilado el cuartel general.
Jett sacó el teléfono del bolsillo e hizo la llamada de inmediato mientras los demás se miraban entre sí.
—Aquí hay algo que no cuadra —dijo Luke.
—De acuerdo. Se nos escapa algo gordo. Con todo el secretismo que hubo con la detención de Anastasia, no me creo ni por un segundo que la soltaran tan rápido —dijo Ford.
Gray frunció el ceño mirando el portátil.
—¿Estamos seguros de que la marca de tiempo es correcta?
Ford resopló.
—La rueda estaba sueltísima. Si le hubieran manipulado el coche días antes, habría tenido problemas antes de esa noche. Además, no sé por qué iba el edificio a modificar un vídeo. Dudo que tengan esa capacidad.
—No encaja —dijo Luke—. Creo que la hora era correcta, y esa era Anastasia o alguien que se le parece muchísimo.
—Pasaremos el vídeo por el software de reconocimiento facial para confirmarlo —dijo Ford—. Los de informática deberían poder hacerlo enseguida.
Jett colgó y se acercó de nuevo.
—Sigue bajo custodia. Hablé personalmente con el agente especial al mando. Es imposible que estuviera en el edificio de Clara.
Todos clavaron la mirada en el vídeo, que volvía a reproducirse. Si Anastasia estaba bajo custodia, ¿quién demonios era esa?