Finge que es mentira (Rise as One 5) 1 Glen
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Finge que es mentira (Rise as One 5)

Finge que es mentira (Rise as One 5)

Por Ygritte Berlana

© inepub.com

1 Glen

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CAPÍTULO UNO

GLEN

Un mes antes

Me arrastro hasta el borde de la cama lo más sigilosa posible.

¡Joder, le ha costado la misma vida dormirse al muy cabrón!

Suelto un suspiro de alivio cuando consigo ponerme en pie y compruebo que sigue roque.

Recojo mi ropa del suelo y hago una mueca cuando veo mi tanga favorito destrozado por culpa de sus dientes, seguida de una sonrisa triunfadora.

Viktor es un poco pesado e intenso, pero sabe muy bien cómo sacarle partido en la cama.

Supongo que por eso me tomé la libertad de repetir…

Error que no volveré a cometer. Tiro mi lencería más sexy a la basura mientras me anoto mentalmente comprarme otro y entreabro la puerta de la habitación para cerciorarme de que no hay nadie en el pasillo antes de escabullirme hasta el baño con todas mis cosas.

A ver, no es que tenga problemas con mi desnudez, creo que estoy, de una manera objetiva, de muy buen ver, pero suele ser incómodo de cojones encontrarte con alguien así en mitad de tu casa de madrugada.

Cuando ya estoy vestida de nuevo —benditas bragas de repuesto en la mochila—, me recojo el pelo en un moño desordenado y maldigo a Viktor por la marca que me ha dejado en el cuello.

¿Quién se cree que soy, una puta vaca a la que marcar?

Lo despertaría a hostias si no fuera porque mi objetivo es salir de aquí sin que él se entere.

No necesito ver cómo se le rompe el corazón por largarme, con imaginarlo tengo bastante.

Bajo las escaleras en calcetines, esforzándome en hacer el menor ruido posible, aunque sé que nadie me oirá.

No sé de qué están hechas las paredes de esta casa, pero apenas se escucha nada dentro de las habitaciones una vez cierras la puerta.

Cuando me compre mi propia casa, quiero que sea de estos materiales.

Me siento en el último escalón para atarme las botas y pego un bote cuando alguien me susurra al oído:

—¿Una cerveza?

—Me cago en la puta, Donovan —siseo a Luke que está conteniendo una carcajada—. Me has dado un susto de muerte.

—Te lo mereces por escabullirte. —Me ofrece un botellín y me hace un gesto hacia el sofá. Una vez nos sentamos, observa las escaleras y esboza una sonrisa de medio lado—. Es la cuarta vez que te acuestas con Viktor. ¿Estás cayendo, Bennet? ¿Tienes ganas de pagarme mucho dinero?

—En tus sueños, Donovan. —Luke se ríe y yo pongo los ojos en blanco. A veces es insoportable. O, mejor dicho, alguna vez extraña no lo es—. Solo es un pasatiempo. Una bonita forma de despedirle.

—Claro —ironiza—, porque si algo te caracteriza es tu necesidad de crearle bonitos recuerdos a la gente.

—No debo de estar haciéndolo mal, teniendo en cuenta la cantidad de notificaciones que tengo al día.

—¿Las tienes activas? —Me río por la forma en la que se escandaliza—. Lo tengo todo quitado a excepción de cuatro personas o me volvería loco.

—A ver, Donovan, no es una competición… —Alza una ceja, incrédulo—. Pero creo que tengo más aguante que tú.

—No pienso discutírtelo, te has follado a Viktor y has repetido. Esa es prueba suficiente. —Debo de hacer alguna mueca o algo, porque Luke se endereza y me mira extrañado—. ¿Estás bien?

—Dejaría en muy mal lugar a Viktor si después de tres horas encerrada en su habitación digo que no lo estoy —bromeo y, aunque me mira fijamente durante unos segundos, consigo que deje el tema a un lado.

—¿Sabes? Le dijimos que no volviera a llamarte, pero estaba convencido de que le dirías que sí para siempre.

—Viktor no es la persona más obediente del planeta.

—Le doy un trago a mi cerveza para intentar deshacer el nudo de mi garganta.

Yo también le dije que no lo hiciera, porque sabía que pasaría justo esto: me llamaría y yo acudiría.

Tengo que reevaluar mis decisiones, pero no hoy, y menos delante de Luke—.

También podría haberle dicho que no. No soy una damisela en apuros que necesita ser rescatada, Donovan, podría haberle mandado a la mierda sin despeinarme y seguir con mi vida.

—¿Crees que te protegíamos a ti? —Suelta una carcajada—. Lo protegíamos de ti. Ese tío se arrodillaría ante ti y haría todo lo que le pidieras solo por tener tu atención.

—Lo sé —esbozo una sonrisa de medio lado—, es justo lo que ha hecho.

—Joder, Glen, demasiada información. —Pone una mueca de asco muy graciosa y luego se ríe—. Eres una reina, es una pena que no seas de repetir con ningún tío, porque estoy más que seguro de que a muchos les has destrozado el sexo de por vida.

—Doy una segunda oportunidad si el chico se ha esforzado —le guiño un ojo y esconde una sonrisa detrás de la botella—, pero si doy más, ocurre lo mismo que con Viktor: se encaprichan y empiezan a montarse su sueño de casa con jardín, valla blanca, perro e hijos. Paso de esa mierda.

—¿Qué te han hecho los pobres perros para que los odies tanto? —se burla y niego con la cabeza mientras me río—. Entonces, ¿por qué decirle que sí a Viktor?

Suspiro y empiezo a jugar con la etiqueta de la cerveza. Esa es la misma pregunta que me he hecho mientras esperaba a que Viktor se durmiera: «¿Por qué?». Y, aunque creo que tengo clara la respuesta, también sé que no quiero compartirla.

—No lo sé —me encojo de hombros—, folla bien y puede ser muy insistente. —Luke alza una ceja y suelto un bufido—. Tengo mis motivos, supongo. No tendría que haberlo hecho.

—No era un reproche, Glen. Sin embargo, para Viktor es algo más que sexo, así que necesito saber cómo tengo que lidiar con esa bestia mañana.

—Me ha pedido que me quede a dormir y me he escabullido en cuanto he podido. —Alzo la cerveza para hacer un brindis—. Así que es posible que cuando se despierte esté cabreado.

—Menos mal que el domingo se larga a su casa —murmura resoplando—. Bueno, tú le dejaste las cosas claras desde un principio, es culpa suya si no quiso escucharlas.

—¿Eso es lo que te dices a ti mismo cuando alguna tía te persigue?

—Pues en realidad, sí.

—La gente miente y, sobre todo, se miente a sí misma. Es casi lógico que piensen que no es verdad nuestra premisa de «no compromiso». Y, casi me atrevería a decir que, en mi caso, se agrava más, por aquello de que las mujeres somos más enamoradizas.

—Puedes presentarle a Viktor a quien opine esa mierda —se burla y da un trago a su cerveza—. He perdido la cuenta de las chicas de las que se ha «enamorado» desde que empezó la universidad.

—Los hay que no aprenden. —Negamos a la vez—. De todas formas, estoy segura de que un día encontrará a una pobre chica a la que le encante su intensidad.

—No será problema nuestro. ¿Alguna vez te lo planteas? —Frunzo el ceño ante su cambio de tema—. Tener pareja, formalizar una relación. Dejar de ir de cama en cama.

—No. —Luke se sorprende de mi contundencia, pero no me juzga, asiente una vez y pone cara de comprenderlo. No tiene ni puta idea.

Un ruido en la planta de arriba nos hace girar la cabeza y aparece por las escaleras Nolan Sinclair, descalzo y despeinado.

Se queda un segundo parado al vernos, pero enseguida se recompone y nos saluda con la cabeza.

Lleva un chándal de la universidad y unos auriculares con micro en el cuello.

Creo que, a excepción de cuando está jugando o entrenando, nunca lo he visto sin ellos.

Baja tranquilamente y se acerca hasta la nevera para sacar una bebida energética sin importarle que lo estemos observando.

Le da un trago y se apoya en el respaldo del sillón donde está sentado Luke.

Me encanta el concepto abierto de esta casa, se puede ver toda la planta baja desde el sofá.

—Hola, Glen. ¿Cómo te va?

—Aquí, intentando salir de esta casa —bromeo y un atisbo de sonrisa se le forma en los labios. Eso es lo máximo que Nolan es capaz de sonreír. Es un tipo extraño, aunque todos los porteros de hockey lo son, y yo no soy nadie para juzgarlo.

—Viktor le ha pedido que se quede a dormir —le informa Luke y Nolan resopla.

—Yo paso de lidiar con esa mierda —escupe—. Mándale un mensaje a Cameron, que se escabulla de su habitación antes de que lo pille por banda o perderá el vuelo. Yo me encerraré en la mía.

—¿Me vas a dejar solo con el marrón? —le reprocha Luke mientras Nolan se encoge de hombros.

—Te he dicho lo que pienso hacer yo, tú haz lo que te salga del rabo.

Y dicho esto, sube las escaleras de dos en dos para perderse en el piso de arriba.

—¿Nadie duerme en esta casa o qué? —me burlo y ladeo la cabeza—. Creo que es la vez que más he escuchado a Nolan hablar.

—Es posible que yo también. —Se ríe y se acomoda más en el sofá—. El único que duerme como un bebé es Cameron. Un día se caerá la casa y ni se enterará.

—¿Vais a sustituir a Viktor? —Aunque sé que seguramente le he roto el corazón, Viktor se acaba de graduar y deja la universidad para empezar con la vida adulta que tan bien nos venden por ahí, así que tampoco es como si tuviera que verme cada día.

Supongo que ese es otro de los motivos por los que no me ha importado repetir.

—¿Quieres compartir casa con nosotros, Bennet? —bromea.

—Ni de coña me iría a vivir rodeada de jugadores de hockey que no duermen.

—Me rompes el corazón. —Niego mientras nos reímos—. Blake ocupará su habitación. Dice que está harto de la residencia. Yo creo que de lo que está harto es de que todo el mundo se entere de cuándo folla con Amber.

—Me parece un motivo tan bueno como cualquier otro. Además, es nuestro último año, es normal que estemos hasta el coño de la residencia.

Yo también la dejé a finales del curso pasado y me he ido a vivir a un piso sola.

Me molaba la idea de vivir la experiencia universitaria completa, hasta que me cambiaron de compañera y me encontré un condón usado en el fregadero de la cocina.

Creo que nunca había sentido tanto asco en mi vida.

Cabe decir que no volví a usar esa cocina jamás y dos semanas después ya me había instalado en mi nuevo hogar.

—¿Cuándo vuelves a Nueva York? —se interesa y se levanta a buscar otra cerveza. Me ofrece una y niego, así que decide que él tampoco quiere otra.

—Mañana a primera hora sale el vuelo. Todavía tengo que preparar la maleta, así que es posible que duerma en el avión. ¿Necesitas que te acerque al aeropuerto?

—No, pero gracias. —Se apoya en el respaldo, tal y como ha hecho antes Nolan—. Natalie odia volar, así que iremos en coche.

—¿Estás de coña? —Se ríe—. ¿Cuánto tardáis? Debe de ser un viaje de dos o tres días.

Luke y Natalie son del estado de Washington, no recuerdo ahora de qué ciudad exactamente, pero eso significa atravesar el país casi entero. Tienen que estar locos.

—Son veintisiete horas sin parar —suelta como si nada y se encoge de hombros—. Hacemos un par de paradas para dormir por el camino. No me importa, me gusta conducir.

—¿Sabes eso que has dicho antes de las rodillas y Viktor…? —No acabo la frase, no hace falta, sabe a la perfección a qué me refiero.

—No veas cosas donde no las hay. Natalie y yo solo somos amigos.

—No hablo de lo que sois, hablo de lo que estarías dispuesto a hacer por ella.

—Cuando gira la cabeza para no mirarme a la cara, me levanto y vuelvo al último escalón de las escaleras para ponerme las botas.

Luke me observa en silencio, perdido en sus pensamientos—.

Sabes, Donovan, la gente como nosotros que va de cama en cama lo hace por dos motivos.

—¿Vas a sacar tu vena psicóloga, Bennet? —se burla y lo ignoro.

—El primero es porque tiene el corazón blindado para cualquier relación y el segundo es porque lo tiene ocupado.

Me da la impresión de que tú eres del segundo grupo.

—Me pongo en pie, cojo la chaqueta y la abrocho, pero antes de salir, me giro hacia él—.

Si algún día quieres hablar del tema, aquí me tienes.

—Deduzco que tú eres del primer grupo. —Asiento y abro la puerta—. Si alguna vez me atrevo a hablar de ello, serás la primera a la que acudiré. Espero que tú también tengas a alguien con quien hacerlo, pero si no, estoy aquí, Glen.

—Un consejo, Luke —me mira sorprendido al usar su nombre, solo lo hago cuando hablo en serio, y rara vez lo hago—, si alguna vez te atreves a hablar de ello, la primera persona con la que deberías hacerlo es con Natalie.

—Lo tendré en cuenta. —Se ríe sin ganas—. Hay muchos motivos para blindar un corazón, ¿puedo preguntar cuál es el tuyo?

—La desconfianza —admito y asiente. Es la primera vez que lo digo en voz alta con alguien de la universidad, aunque no me importa mucho.

Luke me cae bien, además, me acabo de enterar de algo que, deduzco, es un secreto muy bien guardado, puedo permitirme contestarle; sé que no lo irá contando por ahí y que no intentará indagar en el porqué.

—Buenas noches, Glen. Disfruta de las vacaciones y feliz Navidad.

—Lo mismo digo, Donovan. Que sea leve el viaje. —Le guiño un ojo y salgo de la casa para dirigirme a mi coche.

Cuando me subo y arranco, todavía tardo unos segundos en ponerme en marcha.

Respiro hondo e intento eliminar todo lo que me ha provocado la conversación con Luke.

Supongo que él también tenía ganas de hablar, porque normalmente nuestras charlas han ido hacia otros temas mucho menos intensos.

Resoplo y subo el volumen de la radio para que la canción Montagem Pegadora llene tanto el coche como mis pensamientos.

Mañana volveré a Nueva York y no sé de qué tengo menos ganas, si de irme de aquí o de ir a casa; aunque tengo claro que sé la respuesta, solo que no la digo, no vale la pena.