24
Faye
Cada año, cientos de ciudadanos abandonan sus hogares para irse con estas manadas.
Supuestamente, se marchan por amor. Y, al hacerlo, dejan de formar parte de nuestra sociedad.
¿Qué ocurre con ellos, con sus herencias, sus propiedades?
Viven bajo otras leyes, no hablan con la prensa.
Esto tiene un nombre, señoras y señores: desaparición encubierta. Y las naciones lo permiten.
G IANNI R ICCI , político italiano antimorfos
Espié la situación desde la terraza lo mejor que pude. Afortunadamente, los recién llegados casi hablaban a gritos. Incluida la humana, Morgan Holloway.
Algo me presionó la pierna. La gran y calentita cabeza de una puma me empujó con insistencia y, al moverme, le rocé los bigotes sin querer. Las manos todavía me temblaban tras lo sucedido con Dominic y la visión sobre Amanda.
—Perdón —susurré.
A decir verdad, el temblor empezaba a extenderse por todo el cuerpo. Como cada vez que me llegaba una de las visiones y entraba en ese bucle horrible.
Y yo pensando que podría haberme librado de ellas.
Juniper empujó de nuevo, conduciéndome hacia el interior. Era preciosa en su forma animal, con el pelaje de un marrón tostado que se tornaba rojizo en las patas y en el extremo de la cola. Habría sido muy gracioso que tanto ella como Fabian reflejaran los tintes en sus pelajes.
Remi tardó menos de dos minutos en aparecer en la puerta del cubil. No se molestó en explicar nada, era evidente que yo había estado escuchando.
—¿Quieres...?
—Sí —respondí sin dudar—. Por favor. Necesito saber.
Hizo una mueca, pero regresó acompañado de todos los visitantes: Bjorn, el sanador que me había quitado el chip; el cambiaformas oso al que llamaban Roderick y que me recordaba a un luchador de lucha libre; una hembra robusta de expresión amarga, y el mismísimo alfa de los Tierrasangre: Lachlan Northwood.
Apodado en todo el país como el Demonio Negro tras su paseo en forma de oso por el centro de Eugene que había aterrorizado a la población y, según las fake news , provocado tres infartos fulminantes.
Su presencia pareció absorber gran parte del oxígeno. Agitó el ambiente con la fuerza de un tornado y me hizo considerar que tal vez fuera verdad. Tal vez la visión de aquel ser en forma animal era demasiado para un humano común. Incluso yo sentía algo que iba más allá de las hormonas.
Entonces Lachlan se movió y la mujer humana apareció tras él. Por la expresión del oso alfa y su actitud precavida, estaba claro que aquella reunión tampoco estaría produciéndose si de él dependiera.
Así que todo era por ella, porque quería hablar conmigo. Morgan Holloway. La miré y...
Algo sucedió.
Una pequeña pequeñísima chispa prendió en mi mente. Sacudí la cabeza y se apagó. En la entrada del cubil, Morgan esbozó una sonrisa.
—Qué interesante. ¿Probamos otra vez?
La chispa regresó, chasqueándome en la mente como si alguien me intentara prender un encendedor en el cráneo. Lo resistí una, dos, cinco veces; hasta que me di cuenta de que con cada chasquido la sonrisa de Morgan se hacía más y más grande.
«¿Está ella...?».
Fruncí el ceño y tironeé de su tálamo con sutileza. La mujer recibió una descarga que le recorrió la piel, como si hubiera tocado un cable pelado. Soltó la mano de Lachlan con una exclamación.
El oso me rugió.
—Cuidado, chiquilla.
Remi se puso inmediatamente delante de mí y el ambiente, ya tenso de por sí, se espesó incluso más. Excepto Bjorn, todos adoptaron posiciones defensivas. Fuera, alguien bramó en advertencia.
Morgan y yo nos lanzamos a hablar al mismo tiempo.
—Estoy bien —dijo.
—No ha pasado nada. Ella solo... —Me hice a un lado, esquivando a Remi para poder mirarla. Ahora me parecía una persona completamente distinta, no era una simple humana rodeada de morfos—. ¿Qué has hecho?
Se frotó los brazos como si todavía percibiera la electricidad, pero estaba maravillada .
—Una neuroquinética —murmuró.
—¿Qué?
Ese término no existía, no que yo supiera, pero conocía sus raíces. «Neuro» hacía referencia a los nervios, al sistema nervioso. «Quinesis» estaba relacionado con el movimiento, la manipulación.
Morgan acababa de designarme como alguien que manipulaba el sistema nervioso. Nunca había buscado una palabra concreta para lo que me ocurría, pero... Aquella parecía encajar a la perfección.
Y lo había deducido en un santiamén.
Y cuanto más la miraba, más familiar me resultaba.
Nos costó un rato calmar los ánimos de nuevo y que todos tomaran asiento.
Remi no me dio ninguna opción aquella vez: me condujo él mismo hasta uno de los sofás y se sentó a mi derecha.
Sin indicaciones, los osos ocuparon el lado opuesto del cubil dejando un par de mesas de por medio.
Bjorn, el sanador, optó por una silla a mitad de camino y entrelazó las manos sobre el abdomen, relajado, observando a todos los presentes como si estuviera disfrutando de un partido de fútbol.
Juniper, todavía como puma, ocupaba el umbral hacia la terraza, y Micah se cruzó de brazos justo detrás de su alfa. La presencia de Fabian irradiaba molestia desde algún lugar sobre nuestras cabezas, en el segundo piso.
En definitiva, todos adoptaron posiciones estratégicas y hasta la caída de una pelusa podría convertir aquello en una batalla campal.
Ajenas a los tejemanejes entre manadas enemistadas, Morgan y yo no podíamos dejar de observarnos.
—Soy Morgan Holloway —se presentó de nuevo—. Humana, como tú. Lachlan es mi compañero, mi marido en todos los sentidos, y vivo con los Tierrasangre. Me dedico a la genética conductual y a las ciencias cognitivas, y a algunas ramas que, digamos, todavía están en pañales.
Holloway...
¿Por qué no dejaba de darme vueltas su apellido?
«Ah, ¡pues claro!».
—¡Eres tú! Saliste en las noticias hace años. Bueno, tu prima. Dijo que te habías emparejado con un oso y que eras superfeliz.
Morgan sonrió.
—Y nadie la creyó. Sí, pobre Hannah. —Miró con cariño a su compañero.
Compañero, al parecer, en el sentido más romántico de la palabra.
Lachlan, en contraste con su apariencia y sus pocas ganas de estar allí, le acarició el cuello con extrema suavidad—.
Mi prima decía la verdad. Me uní a este gran idiota voluntariamente hace casi quince años, aunque su danza de apareamiento es tan poco sutil que entiendo que algunas personas pudieran pensar que me había raptado.
Lachlan esbozó una sonrisa que quedaba semioculta por la barba oscura.
—Es la tradición. Si no tomas a la mujer por sorpresa, no cuenta.
—Y qué sorpresa —suspiró Morgan.
Cuando Lachlan se encorvó sobre ella para besarla, casi aplastándola contra el sofá, todos apartamos la mirada.
Menos Micah, que se mostró horrorizado.
—No voy a poder pegar ojo después de esto.
Estaba de acuerdo con el beta, al menos en cierto sentido. Ver a una humana y a un cambiaformas tan dispares y exudando tanto amor resultaba chocante. Y hermoso al mismo tiempo.
Remi carraspeó con fuerza.
—Los Colmilloscuro estamos a favor de las uniones exitosas y de las parejas interespecies. Pero me gustaría que fuéramos al grano y a la razón por la que habéis roto las normas de convivencia.
—¿Qué es lo que has hecho justo antes? —le pregunté a Morgan.
Remi extendió un brazo por el respaldo, a mi espalda, desprendiendo tanto calor que se me erizaron los pelos de la nuca.
Morgan arrugó un pelín la nariz.
—Un tanteo. Era la forma más rápida de constatar si las sospechas de Bjorn eran ciertas, antes de que cualquiera de nuestros irascibles amigos iniciara una pelea. En especial mi compañero.
A su lado, Lachlan bufó con tanta fuerza que el sofá entero crujió.
Miré a Bjorn.
—¿Sospechas?
El afable sanador sonrió compungido.
—Lo siento, muchacho —le dijo a Remi—. Jamás te habría ocultado algo que pusiera en riesgo su salud. Esto era un asunto que discutir primero con mi manada.
Remi tenía los dientes tan apretados que debía resultar doloroso.
—A partir de ahora, cualquier tema relacionado con ella es asunto mío . —Luego, como si se hubiera dado cuenta de que había dicho algo incorrecto, añadió—: Está bajo el amparo de los Colmilloscuro.
Bjorn se limitó a sonreír, ni accediendo ni negándose.
—Se dio cuenta de que tenías un patrón neuronal atípico —continuó Morgan. Me tensé ligeramente. Medio segundo más tarde, la mano de Remi se me posó en la espalda—. No es la primera vez que lo vemos. Yo misma poseo una actividad cerebral curiosa. Se parece bastante a la tuya, de hecho.
Quise negarme de plano. Dudaba que hubiera nadie que tuviera la mente tan rota como yo.
Hasta que volví a sentir ese chispazo... ese cosquilleo. Y comprendí.
—¿ Eso viene de ti?
Morgan asintió. Las atenciones de todos estaban sobre nosotras.
—Si bajas un poco las defensas, despejando la mente, te mostraré algo más.
No lo dudé. ¿Por qué iba a hacerlo a aquellas alturas? Cerré los ojos y me relajé todo lo que pude. Omití las vibrantes presencias de los cambiaformas a nuestro alrededor y me concentré en Morgan. En la chispa. Hasta que el chasquido se hizo más potente y, de pronto, la oí:
«Tienes una mente maravillosa».
Abrí los ojos con un jadeo. Remi hizo amago de ponerse en pie.
—Basta.
—No. —Lo agarré de la camiseta y di un tirón tan contundente que, para sorpresa de todos, lo volví a sentar.
Y él lo permitió—. No me está haciendo nada.
Necesito que te calmes. Creo que si alguno de ellos quisiera hacernos daño, no habrían venido sin refuerzos hasta el centro de tu territorio ni estarían sentados en tu salón.
—Roderick es los refuerzos —apuntilló Micah, que había descruzado los brazos y colocado bien las piernas, preparado para saltar.
Los ojos verdes de Remi destilaban frustración. Estaba incómodo y con los nervios a flor de piel. Sin duda, dos alfas tan dominantes en una misma habitación hacían crujir el ambiente, como el choque de dos tormentas descontroladas.
—Vamos a hablar, ¿de acuerdo?
Acabó asintiendo a regañadientes.
—Vaya, vaya —comentó Lachlan con una sonrisa de oreja a oreja.
Remi le gruñó.
Me enfoqué de nuevo en Morgan.
—Eso que has hecho... ¿es telepatía?
—No es mi habilidad principal, pero puedo establecer comunicaciones básicas con otras personas siempre y cuando estén cerca y sean receptivas.
—No puede ser —espetó Micah, aunque no sonaba del todo escéptico, solo... extrañado. Sin duda, después de descubrir lo que yo hacía, nada debía parecerle imposible.
Morgan se limitó a mirarlo y, tres segundos más tarde, Micah soltó un par de tacos que yo interpreté como un «Pues sí que puede ser».
—¿Te importa contarnos un poco de tu historia? Las habilidades que posees y demás.
Le conté a grandes rasgos lo mismo que ya sabían los Colmilloscuro, omitiendo las mismas partes escabrosas. Me escuchó con una atención y tranquilidad reconfortantes.
—De todas maneras, si me quedaba alguna duda sobre ti, tus ojos son la respuesta. —Me observó sin repulsión o extrañeza, solo la más pura aceptación—. ¿Cuánto tiempo llevas así?
Como siempre que alguien lo mencionaba, me acaricié el pómulo izquierdo.
—Desde los trece. —Ante sus cejas arqueadas, añadí—: Nueve años.
—Es bastante tiempo. ¿No has notado cambios en el derecho?
Me alarmé.
—¿Qué? No. Claro que no. Es heterocromía, el único ojo roto es este.
Morgan intercambió una mirada cautelosa con Bjorn antes de responder. El sanador asintió.
—No es una heterocromía, Faye. Es parte de un proceso y sospecho que la prolongación se debe a haber estado reprimiendo tus habilidades.
—¿Quieres decir que yo me he causado que un ojo se quebrara por huir de la... — enfermedad , quise decir—... de eso?
—No, el ojo roto, como tú lo llamas, está bien. Es como debe ser. Es el otro el que me preocupa.
Tuve una sensación de vacío extraña en el pecho.
—¿Qué estás diciendo?
—Cuando comprendas y controles tus distintos talentos psíquicos, en especial el preponderante, ambos ojos reflejarán ese poder.
—Pero es... una malformación —insistí—. Muchos médicos lo dijeron. Se lo dijeron a mi padre. Algo se me rompió en la cabeza a causa de los estudios y esta fue la secuela física.
Remi se tensó a mi lado. A pesar de haber visto todas y cada una de las cicatrices al ducharme (al menos las físicas), todavía parecía sorprendido por mis palabras. La expresión de Morgan era de absoluta lástima y empatía.
—No, Faye. No te pasa nada malo, del mismo modo que no me pasa nada a mí, ni a ninguna de las personas que hemos evolucionado en esta dirección.
—Se llevó una mano al pecho—. Eres la manifestación de una adaptación biológica natural.
En ciencia se denomina carrera armamentística evolutiva y, ¿quieres que te sea sincera?
Eso nos convierte en los individuos que mejor se adaptan. Y esos son los que sobreviven.
¿Personas? ¿En plural?
¿Evolucionado?
¿Carrera armamentística...? ¿Qué?
Y como si supiera con exactitud qué era lo que se me había enquistado en el alma, Morgan añadió:
—No estás rota, ni loca. —En dos sencillos gestos, se retiró unas lentillas que no sabía que llevaba y reveló dos impactantes ojos del verde más pálido que había visto nunca.
El centro estaba compuesto por un par de pupilas tan astilladas que parecían puñales acribillando el iris—. Y mucho menos estás sola.