F*ck Romance: Me cago en el amor
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Manifiesto de la Farera
Hay manuscritos que llegan y sabes exactamente dónde colocarlos.
Fantasía. Terror. Romántica. Negra.
Fin.
Y luego llegó este engendro.
Porque no se me ocurre una palabra mejor.
Recuerdo perfectamente cuando John me lo mandó. Pensé que me iba a encontrar una comedia romántica. De estas un poco gamberras, un poco irreverentes, con algún chiste subido de tono y poco más.
No.
A las pocas páginas ya me estaba riendo sola como una idiota.
A las cincuenta páginas empecé a preguntarme si este hombre debería estar supervisado.
A las cien asumí que no.
Y cuando terminé el libro tuve una sensación muy concreta: acababa de leer algo que no se parecía demasiado a nada de lo que había leído antes.
Y eso, tal y como está el panorama editorial, tiene muchísimo mérito.
Porque aquí nadie intenta quedar bien.
Nadie intenta ser perfecto.
Nadie intenta ser ejemplar.
Gracias a Dios.
La responsable de todo esto se llama Tricia.
Y Tricia es un puto desastre.
De los buenos.
De los que hacen que quieras tirarte de los pelos mientras sigues pasando páginas.
Pilota rallies .
Se mete en problemas con una facilidad que debería estudiarse científicamente.
Tiene una capacidad sobrenatural para elegir la peor decisión disponible.
Y cuando parece que ya ha tocado fondo, coge una pala.
Lo terrible es que acabas adorándola.
Porque debajo de toda esa colección de incendios con patas hay una persona real.
Con contradicciones.
Con miedos.
Con heridas.
Con esa tendencia tan humana a tropezar siempre con la misma piedra aunque la piedra lleve años gritándote desde lejos.
Me he reído muchísimo con este libro.
Pero muchísimo.
Hay escenas que parecen escritas después de una apuesta.
O de tres cubatas.
Hay conversaciones que probablemente deberían incluir una recomendación del Ministerio de Sanidad.
Y hay momentos en los que he tenido la sospecha muy seria de que John no se ha inventado nada y simplemente ha decidido cambiar los nombres para evitar que alguien le denuncie.
Pero lo peor —o lo mejor— es que, cuando te descuidas, el libro te golpea justo donde no esperabas.
Porque debajo de toda la gamberrada hay una historia que funciona.
Y debajo de todas las bromas hay emociones de verdad.
Muy cabrón eso, John.
Muy cabrón. Como las pedradas en puerta de chapa, sí.
Porque llevas años escribiendo erótica y todos sabemos que eres un animal para eso. Es tu terreno. Tu zona de confort. Tu marca de la casa.
Pero aquí has decidido mezclarlo con esa ironía tuya que siempre aparece cuando menos la esperas.
Y entonces ocurre algo raro.
Que el libro deja de ser una simple parodia.
Empieza a tener alma propia.
Empieza a funcionar demasiado bien.
Y acaba convirtiéndose en una cosa extraña, difícil de clasificar y tremendamente divertida.
Así que no voy a venderte este libro como una gran historia de amor.
Ni como una sátira.
Ni como una comedia romántica.
Voy a vendértelo exactamente como es.
Un absoluto disparate.
Uno de esos disparates que te hacen sonreír mientras lees.
Y que, cuando llegas al final, te dejan pensando que te lo has pasado muchísimo mejor de lo que esperabas.
Ponte el cinturón.
Y no hagas demasiadas preguntas.
Tricia tampoco las hace. Así le va, a la pobre mía…
Bienvenido a la carrera.
María Mateos
La Farera de Tinta
Junio de 2026