Fatale, fatal (Operación Femme Fatale nº 2) Contras
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Contras

. Es impulsivo. – Pues le dijo la sartén al cazo, ¿no? También es verdad.

. Un poco infantil. —Bueno, es como un osito de peluche.

—Algo que se nos ha pasado por alto es el tema Salud. ¿Os imagináis que alguno de ellos tiene un problema grave y no lo sabemos?, Quizás sería bueno hacerles un chequeo y decantarnos por el que esté como un roble, ¿no? —soltó Greta.

¡Por favor!, eso no lo digas ni en broma, si ya demasiado es tener que librarnos de uno de los dos, sería muy inhumano descartar a alguno de ellos por temas de salud. Eso no lo podemos ni pensar.

—OK, era una opción rápida de descarte, aunque ambos parecen estar estupendos. No he dicho nada, además como ya he comentado antes, si pasa algo igual todavía te encuentras al otro libre…

—¡Greta! —gritamos todos.

La parte de James, parece que está bastante clara, poco que decir en su contra y muchísimo que alegar en su defensa. Sin olvidarnos de que llevo puesto un anillo que indica que pronto seré su mujer.

—Uff, esta primera etapa ha sido agotadora, como un puerto de montaña —dijo Greta.

Yo me empecé a desternillar de la risa cuando Luis dijo, —¿cuándo te has subido tu a una bici?, si la última vez que os invité a una sesión de spinning por poco te desmallas en la primera pedalada, jajajaja!

—Bueno, en el Tour de Francia dicen que eso es la peor parte ¿no?, pues yo me he quedado igual.

—Creo que deberíamos cargar un poco las pilas si queremos opinar con cabeza, ¿qué os parece?

—Que siempre has sido la lista del grupo, aunque estés metida en una lío de tres pares de narices —dijo Emma.

—Sí, estoy contigo, vamos a decirle al dron ese que nos traiga el almuerzo. ¿Pero alguien sabe cómo funciona?

—Tranquilos, dejemos a la segunda lianta de la pandilla, la que sube puertos de montaña, que se encargue, que para eso nos ha metido en esta cápsula —dijo Emma rompiendo a reír, a lo que nos unimos todos tirándonos en el sofá yo creo que de puro agotamiento.

—Veamos, aquí funciona todo con el mando ese que no podemos perder. Mirad, hay un botoncito con un plato con cubiertos, está claro que debe de ser esto.

Efectivamente, Greta pulsó ese botón y automáticamente se iluminó una pantalla enorme en la pared en la que nos ofrecían un montón de menús disponibles, aquello era una pasada.

​-​ Vale, ALMUERZO, ¿qué os apetece?, hay de todo.

Era verdad, había una variedad enorme de comida, de todas las nacionalidades y también packs individuales de menús súper apetecibles.

​-​ ¡Como mola!, yo me voy a pedir un menú ZEN, que creo que lo necesito, esto es muy estresante —dijo Emma.

​-​ Yo me apunto a un menú SPICY, güey!, a ver si me espabilo —dijo Greta

​-​ Sí, sí, o a lo mejor te perdemos en el baño un buen rato… mira que aquí estamos en una cápsula, y se comparte todo, no nos hagas sufrir. Se rio Luis, metiéndose con Greta.

​-​ Yo me inclino por el FISHERMAN, que ya sabéis que me va más el pescado.

​-​ Y que lo digas Luis, tú siempre que tenga colita. Pues yo quiero el ENERGY, que hoy también creo que lo necesito —dije yo.

​-​ Perfecto, Team, enviando comanda, vamos a ver si le llega al chef y lo que tarda, esto es de un misterioso, ¡Me encanta!

, qué buen plan, no sé cómo no hemos venido antes.

La verdad es que ha sido el destino, porque recibí una publicidad de este sitio hace unos días, y mira por dónde nos ha venido de perlas para celebrar este cónclave.

​-​ Llamémoslo “Aquelarre”…, que nos pega más a las Femme Fatales que nos hemos reunido aquí —dijo Luis sin parar de reír.

​-​ Touché —dijo Greta.

Tras un ratito de descanso, sin pensar en nuestros aspirantes a compartir mi vida, y muchas risas, acompañadas de un vermú riquísimo que había en el frigorífico. Sonó el timbre de la puerta.

En la pantalla nos avisaban de que la comida estaba en la entrada y de repente se activó una cámara en la que se veía el exterior de nuestra cúpula.

​-​ Vaya hombre, con lo bien que nos hubiera venido esto, antes cuando creíamos que nos iban a atacar —dijo Greta.

​-​ Igual si te leyeses las instrucciones o esa carpeta que está en la entrada que dice “Disfruta de tu estancia al máximo”, no nos pasaba esto —dijo Emma.

​-​ Vale, soy la anfitriona, pero sé tanto como vosotros, por favor un poquito de compasión. Esta noche me lo miro.

Si cada cosa que había allí era más sorprendente, lo del camarero dron, rozaba ya lo extraterrestre.

Teníamos ante nuestros ojos, enfrente de la puerta, un dron en suspensión del que colgaba una enorme cesta.

Sonaba una melodía como de una campana como las de los restaurantes cuando el pedido está listo y parpadeaba una luz de color verde. Como os digo extraterrestre.

Abrimos corriendo la puerta y nuestro macho alfa nos ayudó con aquella cesta enorme que pesaba bastante.

De repente el dron dijo con una voz de robot, — Les aconsejo que pulsen el botón de su cesta para mayor comodidad. Disfruten de su almuerzo. Se dio media vuelta y se fue como una nave espacial allende los cielos.

Es verdad, la cesta tenía un botón. Luis la dejó en el suelo, lo pulsó y de repente la cesta se elevó, saliendo unas patas con ruedas de la base.

Esto sí que era lo más de lo más, increíble.

Qué comodidad, nos quedamos todos con la boca abierta, y empujando la cesta sin ninguna dificultad cerramos la puerta y nos dispusimos a abrir aquella cosa en nuestra ideal cocina.

Dentro de la cesta había una especie de bandejas, más bien cajitas herméticas superpuestas, de manera que ninguno de los menús estaba en contacto, venían perfectamente envasadas y aisladas.

Cada una con el nombre del menú solicitado, fuimos repartiéndonos nuestras cajitas sorpresa.

Todavía estaban calientes, qué maravilla.

Todos estábamos como los niños la mañana de Reyes o de Navidad (para los seguidores de Santa), con la boca abierta y mirada ilusionada esperando abrir aquel tesoro.

Parecíamos idiotas, pero lo cierto era que todo allí era tan inusual que no teníamos ni idea de nada de lo que sucedía en aquel recinto.

Al abrir las cajas, ¡qué pasada!, el menú era precioso, todos ellos lo eran. Venían súper bien emplatados y cada cual más apetecible. Además cada uno, fuera del menú, porque eso no lo indicaba, tenía una galletita de la suerte, lo que lo hacía todavía más misterioso.

Decidimos dejarla para el final y abrirla con el postre.

​-​ Uy, se han olvidado de las bebidas. Habrá que llamar a recepción —dijo Luis.

Cuando de repente, suena una alarma y se ilumina lo que pensábamos que era un microondas, con unos destellos verdes intermitentes como los del dron.

Saltamos todos, y la pantalla volvió a encenderse con un nuevo mensaje.

“Por favor, sus bebidas acaban de llegar. Pueden retirarlas del transportador de líquidos”

Alucinante.

Efectivamente, lo que para nosotros era un microondas, un poco raro con la puerta oscura, resultaba ser un transportador de líquidos.

Lo abrimos y allí estaban nuestras bebidas.

Venían intactas en unos vasos especiales con imán en la base y el borde superior, encajonados, lo que hacía que ni una gota se hubiese derramado en el trayecto.

A saber desde donde venían, porque la recepción estaba a bastantes kilómetros, no quería ni preguntármelo porque todo allí era surrealista.

Emma dijo, — Sin comentarios. Y nos propusimos todos a comer, ya que esa sentencia era lo que todos estábamos pensando, impresionante.

Estaba todo riquísimo y de aspecto súper saludable.

Fuimos picoteando de los platos del resto y la verdad es que todo estaba para chuparse los dedos.

Estaba siendo todo tan especial que por momentos se me olvidaba lo que estábamos haciendo allí.

Tras la comida decidimos preparar unos cafés en la súper cafetera, ya os imagináis que aquel pequeño electrodoméstico estaba a la altura de las expectativas del lugar y podías escoger cualquier tipo de variedad de café, origen, preparación, con toppings, aromas.

Yo como siempre, uno con sabor a vainilla, qué rico.

Aquel era el momento perfecto para abrir nuestras galletitas de la suerte.