FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 109
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CAPÍTULO 109

Silas se sentía extrañamente tranquilo.

Desde su posición, podía ver a todos sus compañeros jugando como si fuesen personajes de un videojuego. Pero en esa ocasión, él no se sentía un espectador. No. Era parte de todo aquello. En su mente podía controlar a todos aquellos jugadores.

Observaba a Tomás correr, a veces en su dirección, a veces en la dirección opuesta. Veía cómo fruncía el ceño, sacaba la lengua.

En su mente convivía con recuerdos de los partidos anteriores: su fatídico gol en propia meta y también las manos de Tomás en su cara. El cuerpo de Rowan en el suelo, pero también su sonrisa en la cama del hospital.

Sus recuerdos no lo herían. Lo acompañaban. Se confabulaban en su mente para recordarle: «¿Ves? Al final todo sale bien».

Y quizás de ahí venía la tranquilidad, acompañada de la adrenalina de la expectación.

Llevaban un gol de ventaja, pero estaba claro que el Barcelona lo estaba dando todo para poder revertir el resultado. Tenía un jugador delante de él. Nabeel intentó frenarle.

Falló.

Tomás intentó frenarle.

Falló también.

Todo dependía de él.

—Dos minutos. Dos minutos. Faltan solo dos minutos para que el F.A.R. Estels se corone como ganador de esta liga. Solo deben aguantar dos minutos más. Pero está claro que no será fácil, pues el balón se dirige hacia Silas Cabezón…

Silas respiró hondo.

El balón se acercaba cada vez más rápido, como una bala, y él debía fortalecerse para detenerlo.

Contempló el campo, ese que le había quitado cosas y le había dado miedos, pero también le había regalado el mundo.

La sensación de libertad. De que cada partido era una oportunidad nueva para mejorar.

De que su esfuerzo servía para algo, de que él servía para algo.

Tomás.

Nabeel.

Marc, Rowan, todo el equipo.

Dependían de él. Y él mismo dependía de parar ese balón. Entrecerró los ojos. Sin miedo. O con miedo, pero haciendo las cosas a pesar de él.

Flexionó las rodillas. Se preparó para saltar. El balón le estalló en las costillas como si fuese un latido más de su propio corazón. Cayó al suelo, pero lo consiguió.

Había parado el balón.

Tomás corrió hacia él y le levantó en el aire. Todos sus compañeros se sumaron.

Recordaba el sentimiento de rechazo, pérdida y vergüenza que le habían atormentado cuando falló el gol de Tomás. Pero ahora se cubrió de un manto de alegría.

Y mientras Tomás lo alzaba tuvo algo claro: por mucho que le pesara, él era esa persona por la que no le importaba perder. Porque si Tomás perdía, en realidad perdían los dos. Pero en esa ocasión había cambiado su destino: el pasado y el futuro.

O no. No lo había cambiado porque no había nada que cambiar. Había seguido adelante.

Los dos minutos que les separaban de la victoria se agotaron por fin.

Lo habían conseguido.

FINAL DE PARTIDO

F.A.R. BARCELONA, 0 - F.A.R. ESTELS, 1