CAPÍTULO 107
Era el último partido de la liga y Silas sentía que ninguno de ellos merecía un final así. Echaba de menos a Rowan.
Le gustaba ser portero, era la única posición en la que se habría imaginado jugando, pero por primera vez lo habría dado todo por no tener que alejarse de ellos. De no quedarse solo en la portería.
Nabeel se acercó al árbitro, como capitán, para inaugurar el partido, pero justo entonces, cuando tenían de cara a todos los jugadores del Barcelona, Arturo carraspeó:
—Sé que ya no soy el capitán de este equipo, pero lo he sido durante casi toda esta liga.
Hoy jugamos la final de la liga Juvenil A, y estamos aquí, felices de este logro y emocionados por el partido que nos espera, pero también nos sentimos incompletos.
No nos preocupa demasiado esto de ganar o perder porque, al final, hemos descubierto que no es lo importante.
Lo importante es jugar. Lo importante es estar juntos.
Es por eso por lo que queremos dedicarle este partido a nuestro amigo Rowan Murphy, que sufrió una parada cardiorrespiratoria el pasado partido…
Silas suspiró; le pareció que sus compañeros le reían. No entendían esa necesidad de Arturo de dar el cante. Pero en el fondo, pensó que a Rowan le gustaría cuando se lo contaran.
Arturo carraspeó y siguió hablando.
—Es importante concienciar sobre que hay que estar alerta para estas cosas, es necesario conocer perfectamente las prácticas de los primeros auxilios.
Tener el material de emergencia. Avisar a una ambulancia con tiempo.
Tuvimos mucha suerte. Él tuvo suerte de sobrevivir a esto…
Y nosotros… Nosotros tenemos suerte de no haberlo perdido.
Y también, Rowan… Tenemos mucha suerte de conocerte.
Silas se mantuvo al margen hasta que vio a Marc acercarse a él y le dio una palmada en la espalda que después se convirtió en un abrazo. A ese abrazo, se unieron los demás compañeros. El míster aplaudía y a esos aplausos se unió poco a poco toda la grada.