CAPÍTULO 106
Sentía las emociones a flor de piel. Cualquier roce podría despertarlas: la alegría más auténtica, la tristeza total. Apenas había dormido esa noche, repasando lo que podría suceder. Se sumaba a aquellas emociones el hecho de que apenas había dormido esa noche.
Intentaba repetirse solo una cosa:
«El trabajo ya está hecho». «El trabajo ya está hecho».
Sentía que, como capitana, su trabajo era confiar. Las rivales eran muy buenas, tanto como ellas. Iba a ser un partido memorable.
Las miró a ellas, a sus amigas, a todas incluyendo a Irati. En el vestuario olía a húmedo, a mil olores de colonia diferentes e incluso a esmalte de uñas. Julia se las estaba pintando mientras Rain le hacía una coleta alta.
Entonces, Gutiérrez se colocó frente a la pizarra y empezó a hablar de números, de las jugadoras, de cómo podía ser el partido, de cuál debía ser la prioridad ese día…
Pero se enredaba con sus propias palabras y las chicas lo miraban, confundidas.
Dafne lo conocía bien, sabía cuándo les ocultaba algo así que por fin le animó a hablar.
—En realidad… Yo sí que os quería contar una cosa, chicas…
—¿Las del otro equipo se han retirado? —preguntó Julia.
—¿Hemos hecho algo mal sin querer? —sugirió Dafne.
Gutiérrez carraspeó y se pasó las manos por el pelo, nervioso.
—Yo… Estoy…
—¿Te estás muriendo? —preguntó Julia.
—¡Que no me pasa nada! Joder, estáis ya acostumbradas a las malas noticias…
—¡Bueno, algo te tendrá que pasar!
—Mi mujer y yo estamos embarazados. Bueno, mi mujer está embarazada. Vamos… Vamos a ser padres.
Dafne parpadeó unas cuantas veces, sorprendida. Miró a sus compañeras y sus emociones transcurrieron como a cámara lenta. Pero enseguida las atravesó la alegría y saltaron del banco del vestuario para abrazarle.
—¡Pero eso es fantástico! —dijo Dafne, dándole un fuerte abrazo.
No lo contuvo, se echó a llorar. Y el míster estaba llorando también:
—Shhh. Dejadme hablar, por favor —dijo, apartándose las lágrimas de los ojos—. Hay algo más. Es…. Es una niña. Voy a ser papá de una niña. Que, luego decidirá… Su género y… En fin. Pero.
—No te líes, míster. ¡Julia es un nombre precioso!
Gutiérrez sonrió.
—El caso es que estaba muy asustado. Siempre me había dado miedo tener…
una niña. Que es una puta gilipollez, pero ya no tengo miedo.
Porque vosotras sois como mis hijas y me habéis dado unos años maravillosos, de verdad —se secó las lágrimas una vez más—.
He pensado que… si he podido guiaros de alguna manera a vosotras, si hemos sobrevivido a estos años…
Podré hacer esto. Y que… Querré a esa criatura sea como sea, pero ojalá sea tan valiente, vulnerable, fuerte y lista como vosotras.