CAPÍTULO 103
Durante los días siguientes, Silas sintió que tenía la cabeza sumergida en el agua.
Pasó las noches durmiendo con Tomás y más de una vez se despertó en una pesadilla.
Le parecía un poco absurdo seguir entrenando como si nada hubiera pasado, seguir haciendo exámenes.
Seguir. Seguir. Seguir. Aunque también había algo tranquilizador en aquello.
El miércoles, finalmente, el míster, acompañado de Holt, les informó de que podían ir al hospital a ver a Rowan. De nuevo, necesitaron varios coches.
El hospital seguía haciéndole sentir un poco peor de lo que ya estaban. Seguía sintiendo un nudo en el pecho.
Saludaron a los padres de Rowan al llegar, se los veía mucho más tranquilos.
—Le darán el alta pronto —explicó la madre—. No podrá jugar la final, claro, pero eso es lo de menos.
Cuando se separaron de ellos, Marc preguntó:
—¿Pero podremos jugar sin él?
—Bueno, esa es una de las razones por las que quería que os reunierais con él hoy aquí —explicó el míster—. Sé que tenéis la sensación de que debéis pedirle permiso para jugar, ¿no?
Marc asintió con la cabeza. Desde luego, todos lo estaban pensando.
Entraron en la habitación del hospital, rodeándolo. Rowan no parecía magullado ni herido. Solo un poco cansado. Y también un poco desnudo, pues le faltaban los collares que tanto le caracterizaban.
Todos se quedaron en silencio, mirándolos, con el míster en el quicio de la puerta, como observando una estampa de la que no quería ser parte.
—¿Cómo estás? —preguntó Silas —. Bueno, igual es una pregunta muy absurda.
—No, no lo es —rio Rowan—. Estoy bien.
Entonces, Rowan rompió el silencio. ¿Sabéis? Mis padres me han regalado un paloselfi de los de antes. Así, puedo grabar o hacer fotos más cómodo. Nos podemos hacer una foto.
Silas no pudo evitar contener una carcajada.
Le alegró darse cuenta de que Rowan seguía siendo él mismo.
Aunque su móvil, para adaptarse, estaba también sin carcasa, y eso realmente también resultaba extraño.
Como si estuviese desnudo también. Pero tenía sentido en ese preciso momento.
No podría haber sido de ninguna otra manera.
—También puedo haceros la foto yo, ¿no? —preguntó el míster.
—Es que la gracia es que te puedes poner tú también.
Se hicieron la foto todos juntos. Silas tenía el brazo pasado por el hombro de Tomás, que a su vez estaba cerca de Nabeel, que abrazaba a Rowan, que mostraba una sonrisa gigantesca.
—Me han llamado para entrevistarme… —comentó Rowan también.
—Si es que el puto F.A.R. va a salir este año en todas partes por todo menos por el fútbol —se quejó el míster.
—Bueno, mientras hablen de nosotros… Ahora las agencias estarán pendientes de ver a quién fichan, ¿no? Aunque, bueno, a mí no me harán caso… —dijo Rowan.
—¡Además en el fútbol también nos está yendo de puta madre! —exclamó Bosco.
—De todas formas, voy a salir y hago un par de llamadas, así pongo al día a Holt.
Marc, por su parte, no había dicho palabra. Se limitaba a observarlo todo desde la distancia. Aunque cada cierto tiempo, sus ojos se juntaban con los de Rowan. Era más que claro que esos dos tenían una conversación pendiente y Silas ya deseaba marcharse de ahí con la idea de dejarles intimidad.
Entonces, como si no pudiera contenerse más, Rowan alargó la mano para tirar de la manga de Marc. Le acercó a él y, entonces, se dieron un abrazo.
Bosco se aclaró la garganta en ese momento.
—Yo te quería pedir perdón por el vídeo ese que montamos y por haberte molestado tanto estas semanas…
—En realidad, ahora entiendo la gracia que tienen tus tiktoks, la verdad. Estos días he estado mirando muchos —confesó Nabeel—, es… realmente es como volver al pasado. Me encantan, tío.
—Tenéis que prometerme que grabaréis un vlog ganando la final. Como este año tenemos a Tomás, ganaremos seguro.
Se hizo el silencio.
—¿Tú cómo estás?
—Pues… básicamente me han salvado la vida. No sé cómo será a partir de ahora, si podré volver a jugar… Ya veremos —explicó Rowan con la mirada gacha.
—¿Y cómo fue? ¿Cómo te sentiste?
—Fue… fue como si estuviese en un túnel. Podía ver algo, pero no. Era como si me despertara y me volviese a dormir… todo a la vez. No sé. Pero de alguna manera sabía que Marc estaba ahí y que me estaban atendiendo… Fue muy raro. Pero… En fin. ¡Chicos, que me alegro mucho de que estéis aquí!
—¿Sabíais quién tendría que estar aquí? ¡Arturo!
—Mira que le avisé…
Entonces, en ese momento, alguien irrumpió en la puerta.
Era Arturo.
—¿Estás bien? Siento… Siento no haber venido antes. Es… Es muy importante para nosotros que nos apoyes en la final y… Te quería pedir perdón por haberme comportado como un capullo.
—No pasa nada —dijo Rowan.
—Es que… Bueno, llevaba tiempo queriendo hacerlo pero de pronto lo vi más claro que nunca…
—¿El qué?
Arturo no respondió. En vez de eso, se apoyó encima de la cama de Rowan, delante de su cara, y se bajó un poco los pantalones.
—¡Tío, que hay mejores maneras de disculparse!
—¿Qué haces?
—Es… Es un tatuaje —dijo Rowan con un hilo de voz, visiblemente impresionado.
Y es que encima del culo, en la parte baja de la espalda, Arturo se había tatuado el escudo del F.A.R. Estels, con unas estrellas fugaces que se convertían en balón.
—Y… No me jodas. ¿También te has puesto mi número?
—Es… Es para que no se me olvide nunca todo lo que ha pasado.
Todos se rieron. Y, por fin, Silas sintió que volvían a ser un equipo y que quizás así, aunque estuvieran incompletos, podrían enfrentarse a la final y ganar la liga.