CAPÍTULO 97
Durante el viaje en avión Dafne intentó dormir un poco, en vano.
Los nervios no la habían dejado descansar.
Después, las recogió un autobús y pudieron ver un poco de Vigo.
Lloviznaba, y aun así todo a su alrededor era verde.
Les sorprendió darse cuenta de la cantidad de expectación que había cerca del campo. Sin embargo, escogieron pasear un poco.
Todas seguían haciéndose fotos en el parque cuando Hugo le preguntó:
—¿Nerviosa?
Dafne dio un respingo. Lo estaba. Y tanto. Más que nunca. Solo quería seguir los consejos de la psicóloga deportiva: centrarse en sus rutinas para mantener lo poco que le quedaba de calma. Por eso, no le hizo mucha gracia que Hugo la importunara.
—Sí. Bastante.
Hugo rio.
—Va a salir de maravilla. Estoy convencido.
Dafne sonrió. Pero sus palabras no le ayudaron mucho. Porque cada vez que alguien le decía que lo haría genial, ella solo sentía un poco más de peso sobre sus hombros.
Se dio cuenta de que Hugo seguía mirándole fijamente.
—¿Qué pasa? —inquirió.
Hugo respiró hondo antes de responder:
—Quería contarte que… Si todo sale bien. ¡Creo que este será mi nuevo equipo!
—¿Este? ¿El Vigo?
—Sí… Bueno, el otro día me reuní con ellos… Y tengo pendiente firmar con mi agente, negociar las condiciones y aún me da miedo que pase algo y la cague… Pero… Sí.
Dafne saltó y le dio un fuerte abrazo.
—Eso es una pasada. ¡Es un equipo de la hostia! ¡Qué bien!
Hugo parecía tan emocionado que le dio ternura.
—Pero ahora vamos a machacarles, ¿entendido? ¡Sin compasión!
Dafne asintió.
—He disfrutado mucho entrenándoos a vosotras, ¿sabes? Yo creo que si no me habría vuelto loco. Y quiero que ganéis. No por mí, sino por vosotras, que os lo merecéis.
—Pues yo tengo muchas ganas de volver a verte jugar…
Hugo bajó la cabeza.
—¿Se lo has contado a Saylor? —preguntó Dafne por fin.
—Pues… Sí. De hecho, sí. Yo… Cuando supe la noticia, fue literalmente la primera persona a la que quise contárselo.
Dafne sonrió.
—Genial, me alegro mucho. Siento… Siento que se cierra una etapa.
Que cada vez es más oficial. Pero en vez de relajarme…
Estoy de los nervios. Solo quiero… ¡Chicas!
—corrió otra vez hacia sus amigas—. Venga, vamos a hacernos todas una foto antes de entrar en el campo. Y se la mandamos a Irati y a Say.
Hugo fue el encargado de hacer esa foto: todas ellas juntas, el míster en el medio, brazos que se unían para convertirse en un corazón.
Con ellas ya no se sentía nerviosa.
Sabía lo que debía hacer.