CAPÍTULO 93
FAMILIA CABEZÓN
Domingo, 2 de febrero, 07:30
NO OS VAIS A CREER ESTO
PAPÁ
qué pasa?????
Nos avisan AHORA de que han
suspendido nuestro partido. Se
han puesto enfermos 5
JUGADORES de una intoxicación
alimenticia, no pueden jugar y es
como si nosotros ganáramos
automáticamente
MAMÁ
como? Como funcionan los
puntos ahí?
DAFNE
pues es como si el equipo de
silas ganara 3-0
MAMÁ
ostras! Están bien?
siiii, solo que no pueden jugar
PAPÁ
pues oye, a caballo regalado…
jajajaja
DAFNE
Domingo, 2 de febrero, 13:00
TETA!!!! Enhorabuena!!!
Muchas gracias!
Nabeel el pobre está un poco
mosca porque nos hemos
quedado sin jugar y es su
debut de capitán jajajaj
Pero bueno
Eso no importa ahora
ESTOY CAGADO
Nunca mejor dicho
Qué te pasa?
Al míster se le ha ido la olla y
nos lleva a todos a pasar lo
que queda de finde en la
montaña de convivencia, a
hacer rutas de orientación y
demás
OSTRAS
mi pesadilla hecha realidad! Te
acuerdas de cuando intenté
ser boy scout??? NO SE ME
PUEDE DAR PEOR
venga, será una buena
experiencia. Así hacéis piña
te voy contando
Silas se había sentado al lado de Nabeel, que apoyaba en esos momentos la cabeza contra la ventanilla. Cada uno de ellos tenía un casco y estaban escuchando música.
—¡Capitán! ¿Podemos saber ya qué vamos a hacer en la montaña? —insistió Arturo, preguntándole a Nabeel—. Las chicas me han dicho que el curso pasado hicieron algo parecido. ¿Nosotros también tendremos tirolinas?
—No. Vosotros tendréis ¡supervivencia! Tendréis que cocinar vuestra propia comida.
—No sé si es buena idea teniendo en cuenta que nuestros rivales se han retirado por problemas digestivos… —comentó Nabeel.
—Espero que cocinéis un poco mejor…
—Pues menudo plan de mierda…
—¡El plan de mierda lo han tenido ellos! —exclamó el míster.
Poco después llegaron a su destino y salieron del autobús.
—¿No quieres grabar un vlog de esto? —le preguntó Silas a Rowan.
—Mejor paso…
—No haces nada malo grabando vídeos y luego lo tienes de recuerdo.
—No me he traído ni el móvil —reconoció Rowan.
Silas frunció el ceño y fue él quien se encargó de retratar la montaña, grabando a sus compañeros que avanzaban con unas mochilas a cuestas.
Al llevar un rato grabando se dio cuenta de que lo único que estaba haciendo con la cámara era enfocar a Tomás.
Los rayos de sol hacían que la cicatriz brillara y el rojo de su pelo era más fuerte que nunca.
Tuvo que dejar de grabar en ese momento en el que Tomás le pilló in fraganti y le dedicó una sonrisa.
La excursión duró varias horas, hasta que llegaron a un pequeño refugio. Ahí, todos ellos dejaron las mochilas.
—¿Y de dónde vamos a sacar la comida? ¿Pretendes que cacemos? —preguntó Arturo.
—Hombre, no. La comida la tengo yo. Vosotros solo tendréis que cocinarla y encender un fuego.
—¿Y no nos la das?
—Bueno, antes os toca preparar el campamento.
El míster les repartió entonces material para montar las tiendas de campaña. Había una para cada dos de ellos aunque, por supuesto, su tienda era la más grande.
Una vez acabaron, prepararon una hoguera. Se calentaron ahí las manos y asaron la comida. Todos se sentaron juntos alrededor de esas llamas crepitantes, sobre unos troncos.
Durante todo el tiempo, mientras cantaban y preparaban la comida, Silas no podía apartar los ojos de Tomás. Hacía idea de compartir tienda de campaña con Nabeel, pero en realidad estaba deseando quedarse a solas con él.
Quizás Arturo interpretó algo en su mirada, porque, en cuanto el míster propuso jugar a algo para estrechar lazos, él propuso:
—Al «yo nunca». ¿Os apetece?
—¿Pero qué gracia tiene si no vamos a beber nada? —preguntó Nabeel.
—Desde que quieres ser capitán, estás de un chulo… —masculló Arturo.
—Igual podríamos jugar a la botella —sugirió Bosco.
—¡Sí, claro! Aquí al único que le gustaría es a Rowan, que está deseando enrollarse con Marc.
Bosco se rio, y unos cuantos más del equipo lo imitaron.
Silas sintió los latidos de su corazón latiéndole en las sienes. Miró a Rowan, que tenía la cabeza gacha.
—¿Pero a ti qué te pasa? —le espetó Silas.
—A mí no me pasa nada.
—¡Pues claro que sí! No sé cómo quieres seguir de capitán cuando no haces más que jodernos a todos…
Arturo sacó su teléfono y lo enfocó con el flash del móvil. Silas frunció el ceño, confundido. Arturo siguió de pie y le agarró por el brazo.
—¡Para ya! —estalló Silas. Arturo seguía enfocándole con el flash en los ojos. Pero él los desvió hacia Tomás, que le observaba.
—¡Escuchad! —exclamó—. No solo Arturo es un capitán de mierda sino que encima pretende chantajearme por un puto chupetón de mierda. Esto… Rowan no es gay, ¡pero yo sí! ¿Vale? No os preocupéis, que no voy detrás de vosotros ni me gustáis ni nada de nada. ¡Ya está! ¡Yo me voy!
No miró a sus compañeros mientras se marchaba de la hoguera. No porque tuviera miedo de sus reacciones, sino porque no las necesitaba.
Avanzó por el bosque y le pareció oír los resquicios de una conversación, pero en ningún momento se dio la vuelta. Porque aunque le seguía importando lo que la gente opinase de él, había cosas que le importaban aún más.