FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 64
57%

CAPÍTULO 64

Desde luego, nadie había recuperado los ánimos después del incidente de Rowan.

Y lo peor era que, quizás, Marc, Nabeel, Tomás y él podrían haber intervenido.

Al fin y al cabo, aunque la idea de crear una cuenta falsa para enemistar a los dos equipos había sido de Rowan, todos ellos estaban enterados. Pero no tuvieron tiempo para hablar.

Holt y Jacobo Palma aseguraron sentirse muy decepcionados con el comportamiento del equipo y les habían mandado pronto a las habitaciones.

Fue entonces, ya de camino a los dormitorios, que Silas lo vio: a Chat Noir, ahora en carne y hueso, con el uniforme de camarero, frente al ascensor.

Dejándose llevar por un fuego interno que ni siquiera sabía que tenía, decidió seguirle.

Y tardó poco en dar con él.

Encontró al chico en la pared del hotel, girado de espaldas y algo encorvado. Deseó que no estuviera fumando.

Chat Noir se giró como si hubiese notado su presencia y clavó su vista en él y sonrió de medio lado.

—¡Hola! Soy Silas. Eres Álex, ¿verdad? Lo siento, pero no voy a llamarte como un dibujo animado en voz alta. Me había esforzado mucho porque mis primeras palabras no fueran lo siento o perdón porque no es el tipo de imagen que quiero darte, pero en realidad creo que te debo unas disculpas.

Álex no hablaba, solo sonreía, confiado, y cuanto más sonreía él más nervioso se ponía Silas y más ganas tenía de salir corriendo de ahí. Por eso mismo, clavó bien fuerte los pies en el suelo, como siempre hacía en la portería, y confesó:

—No me puedo creer que estés aquí.

—Yo es que ya lo sabía —dijo Chat Noir, acercándose a él.

—¿Qué?

—Pues que ya nos dijeron que íbamos a servir en una cena de futbolistas. Intenté cambiar mi turno, pero me fue imposible… No tenía ningunas ganas de verte, la verdad.

—Lo siento —repitió Silas.

—Y, bueno, te lo habría contado, pero dejaste de hablarme y supongo que quería tener algo de dignidad —dijo él, guardando en los bolsillos los restos de una barrita energética que se había comido.

—Lo siento.

—¿No habías dicho que no querías pedir disculpas? —inquirió—. Aunque es cierto que me las debías. En fin, todo ha merecido la pena por ver la cara que se te ha quedado cuando me has visto. Y no lo siento por eso.

Silas asintió. Después, respiró hondo y preguntó:

—¿Te parece bien que hablemos un rato?

—Claro.

Álex se tomó la petición en el sentido literal y se sentó en el suelo, con una pierna doblada y el brazo abrazándola. Silas se sentó a su lado y apretó las manos contra los brazos. Porque hacía un frío que cortaba el aire y él había bajado de ahí con tanta prisa que se había dejado el abrigo.

—Pensaba que me esquivarías y que ni de coña hablarías conmigo.

Silas suspiró.

—Ya lo sé. Yo también pensaba que saldría corriendo. Soy un puto cobarde.

Estaba cansado de decir cosas malas de sí mismo todo el tiempo, pero a la vez no era capaz de evitarlo.

—Ha sido mi hermana quien te ha reconocido del insti.

—Yo ya te tenía fichado. Flipé cuando supe que estabas en el F.A.R.

—A mí también me cuesta creerlo. ¿Y a qué te dedicas? ¿Cómo has acabado de camarero de futbolistas pijos?

Álex se rio.

—En realidad estoy estudiando Medicina, pero me viene bien el trabajo.

—Mola —dijo Silas.

Sentía que su voz sonaba antinatural. No sabía cómo poner las manos, cómo relajar el cuerpo. Se sentía tan intranquilo… Y estaba muerto de frío.

—Toma —dijo Álex, que le entregó su chaqueta.

—¿En serio?

—Sí. La necesitas más que yo.

Silas se sonrojó y tuvo que esconder una sonrisa. Quizás era una tontería, pero siempre había soñado que un chico le ofreciera una chaqueta y olisquear disimuladamente los restos del aroma con el que la había impregnado. Aunque en ese caso, la chaqueta de cuero solo olía a piel.

Álex me miró detenidamente antes de preguntar.

—¿Qué ha pasado antes? Me ha parecido que os peleabais.

—Pues sí. No veas la bronca que nos caerá mañana… Le han tirado el móvil a un amigo y…

—¿Por qué?

—Pffff… Es muy largo de explicar. Digamos que ahora mismo no tenemos el mejor rollo del mundo —dijo Silas.

Intentó ocultar sus ojos, esquivar su mirada, pero aun así Álex preguntó:

—¿Estás bien?

—Sí. O no. No importa. ¡Hablemos de ti! Siento…

Siento mucho haber dejado de escribirte.

Es que tenía muchas cosas en la cabeza y también me daba miedo que alguien me descubriera hablando contigo…

No lo sé… —se mordió el labio, sintió las palmas de las manos sudadas y su respiración acelerándose—.

¿No me preguntas por qué juego a fútbol? ¿En serio no lo quieres saber?

Álex se encogió de hombros.

—Entiendo que juegas a fútbol porque es tu pasión. Que juegas porque quieres y se te da bien. Que es tan sencillo como eso, ¿no?

Silas respiró hondo y reprimió las lágrimas. Porque quizás sí que era tan sencillo como eso.

No se dio cuenta de que estaba llorando hasta que Álex alzó la mano y le secó una lágrima.

Le miró de nuevo: miró la curva de su nariz, la peca de su mejilla, el sudor de su frente por el trabajo bien hecho, lo secos que tenía los labios y no se preocupó por el fútbol ni por ser valiente y ni siquiera pensó. Solo preguntó:

—¿Puedo besarte?

No quería que lo rechazaran de nuevo.

Y Álex sonrió enseñando todos los dientes y se acercó un poco más a él y sencillamente lo besó. Le agarró la cara con las manos, lo acarició siempre con dulzura y consumió todo su espacio. Silas no quería dejar de besarlo porque tenía muchas, muchas ganas de hacerlo, pero al mismo tiempo pensaba:

«Le voy a hacer daño. Quizás soy para él lo mismo que ha sido Tomás para mí. ¿Quién me creo que soy? No soy tan importante. ¿Y si ahora aparece alguien y nos ve? Es que estamos a plena vista y muy cerca del hotel… ¿Y si alguien nos descubre? ¿Y si ya a nadie le quedan dudas?

¿Qué me va a pasar cuando en el equipo sepan que soy gay? ¿Y qué hay de Tomás? Estoy cometiendo un error…» .

Silas lo besaba pero con los ojos abiertos, vigilante. Entonces, escuchó un ruido, como si hubieran abierto una puerta para después cerrarla de nuevo. ¿Y si era la puerta del hotel? Se tensó de golpe.

—¿Estás bien? —quiso saber Álex, separándose un poco.

—Perdona, es que me ha parecido escuchar algo. Yo… me tengo que ir, buenas noches.

Silas se puso de pie, se quitó la chaqueta y se la devolvió, sintiendo de nuevo el frío en el cuerpo.

«Es mejor así».

Le dio un abrazo que se repitió que sería de despedida y no dejó que le dijera nada más antes de marcharse a toda prisa a su habitación.

F.A.R. JUVENIL A EQUIPO MASCULINO

Martes, 10 de diciembre, 23:30

ARTURO

mañana a primera hora tenemos

reunión con el míster, está

cabreadísimo

BOSCO

ya podría habernos echado la

bronca hoy, qué pereza…

ARTURO

debería ir solo rowan

MARC

bueno, tampoco podrá leer

esto, que le habéis reventado

el móvil

ARTURO

tiene suerte de que no le

hayamos reventado la cara

pero qué dices???

NABEEL

os habéis pasado tres pueblos

DAFNE

Miércoles, 11 de diciembre, 00:10

Oye, estás bien?

Sí.

De verdad

O no.

Yo qué sé.

All I want for christmas es un

poco de estabilidad mental