FAR El precio de un sueño (Bilogía F.A.R 2) CAPÍTULO 59
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CAPÍTULO 59

Dafne llevaba unos cuantos días redactando una lista de las cosas que tenía que resolver antes de la fiesta de Navidad y antes de regresar a casa por vacaciones.

Había solucionado dos de las grandes cosas que le angustiaban: volvía a estar bien con su hermano y Nabeel era su novio de manera oficial.

Sin embargo, tenía la sensación de que los dramas la perseguían.

Que una vez cerraba un asunto, otro se abría.

Por eso, sin pretenderlo, se había visto obligada a soltar el bolígrafo y dejar a medias esa lista en su diario. Había escuchado un ruido, el inicio de una discusión. Así, había acabado con la oreja pegada a la pared y escuchando a Rain y a Irati.

Se movió por la habitación nerviosa e impaciente, sin querer cotillear, pero muriéndose por obtener información. Realmente, tampoco había captado ninguna frase. Solo había oído las voces de sus amigas en un tono que solo servía para despertar tormentas.

En cuanto regresó el silencio, Dafne intentó volver a su lista de tareas.

Pero no pudo. Oyó un portazo, después otro.

Al cabo de un rato, alguien llamó a su puerta.

Rain la atravesó, con los ojos acuosos, las trenzas cubriéndola como un manto de lluvia, la tristeza reflejándose en cada poro de su cuerpo, y también la preocupación.

No se lo pensó: envolvió a Rain en un fuerte abrazo y se sentó con ella en la cama. Trató de ser una buena amiga para ella también. Dejó que llorara.

—¿Qué ha pasado? —preguntó. No quería que sus palabras sonaran a urgencia, no quería agobiarla, solo quería que supiera que tenía espacio para expresarse. Irati era su mejor amiga, sí, pero también era amiga de Rain.

—Creo que me ha dejado. Eso ha dicho, al menos.

¡La mujer de mi vida y me ha dejado! Y no me vengas diciendo que no es la mujer de mi vida, ni que apenas la conozco ni que soy muy joven, que mi padre ya me ha dado suficiente chapa.

¡Tengo claro lo que siento! El problema es que estaba convencida de que ella sentía lo mismo.

¿Me ha mentido? ¿Por qué ni siquiera me habla?

Dafne guardó silencio, convencida de que en esos momentos Rain solo quería desahogarse.

—¡Me ha dejado, Dafne! ¿Cómo es posible? —repitió y la miró buscando respuesta.

—Estoy segura de que no lo ha dicho en serio. No quiere dejarte. Irati te quiere muchísimo…

Rain negó con la cabeza.

—No es suficiente. Seguro que sí, seguro que me quiere muchísimo, pero…

¿para qué? ¿De qué sirve que me quiera si al final se acaba?

Es que… Dafne… No me importaría que me dejara porque no le gusto o porque se ha pillado de otra chica.

Es que… La miro y veo que está mal, que sufre, que algo le está haciendo mucho daño y no quiere contármelo.

Es lo mismo que lo de mi hermana otra vez.

Dafne agarró a Rain de la mano.

—No es lo mismo.

—Puede que sea diferente, pero al mismo tiempo es lo mismo. Ella sufre y yo no puedo hacer nada.

Rain suspiró. Había dejado de llorar.

—¿Sabes lo que me preocupa realmente? Pensaba que no me rendiría. Ella está sufriendo y solo me preocupo por mí misma. Yo también le he dicho cosas horribles, Dafne.

—Que Irati esté sufriendo no significa que tú no sufras también. No es una competición —insistió Dafne.

—Es que no sé qué puedo hacer por ella. ¿Qué podemos hacer?

Pero ninguna supo la respuesta. Ambas se quedaron en silencio y a sabiendas de que estaban haciendo todo lo posible y que lo único que les quedaba era, quizás, no rendirse. No rendirse nunca.

—¿Soy una mala persona por no luchar más por ella?

—No, no lo eres. Y está claro que Irati está pasando por algo que no nos cuenta así que… Bueno, aunque te haya hecho daño, yo no creo que te quiera menos.

Dafne y Rain estuvieron juntas un buen rato, pero a pesar de las palabras que se turnaron las dos para repetir, buscando un consuelo o un plan, no se sintieron mejor. Quedaban solo dos partidos para terminar la primera vuelta y se sentían más perdidas que nunca.