CAPÍTULO 18
Nabeel
domingo, 29 de septiembre, 18:30
Mi hermano no me responde
a los mensajes
En momentos como este desearía
que aún compartierais habitación
Le he visto esta mañana, que
hemos entrenado todos
Estás cansado? Entonces no
te apetece correr un rato
conmigo? A eso de las siete??
Depende
Salimos a correr en plan cita???
JAJAJAJJA
Sí.
En plan cita.
Mientras esperaba a Nabeel, se debatía entre los nervios y la ilusión.
Había llegado al bosque antes de tiempo. Se entretenía mordisqueando su dedo pulgar e intentando responder a ese mensaje que le habían mandado desde el centro Minerva Gallardo.
Creo que tu experiencia será muy valiosa para mis alumnas. ¿Te parece si hablamos un día y lo organizamos?
Quería responder y que Nabeel se sintiera orgulloso de ella. Pero un simple: «Estoy interesada, podemos hablarlo» se le hacía imposible de afrontar.
Por fin, vio a Nabeel abrirse paso entre los árboles. Unas hojas se habían enredado en su cabello y sonreía tanto que la boca era lo único que le ocupaba la cara.
—Hola… —le saludó, sacudiéndose el pelo.
—Hola, Nabeel. Gracias por venir. Bueno, igual esto de gracias por venir suena raro, ¿no? Como si fuera la alcaldesa de un pueblo y te hubiese convocado para una reunión importantísima. ¿Me estoy explicando? Le doy demasiadas vueltas…
—Definitivamente: le das demasiadas vueltas. ¿Qué pasa? ¿Estás nerviosa?
—No sé… Sí —admitió—. No sé por qué estoy tan nerviosa —deseaba acercarse a él, tocarle, abrazarle, romper ese hueco extraño que había entre ellos, pero todavía no se sentía capaz de hacerlo—.
Quiero que sepas que… Siempre tienes exactamente las palabras que necesito escuchar y nunca entiendo cómo eres capaz de adivinarlas.
Que me encantas porque eres dulce y bueno y porque siempre has cuidado a mi hermano, desde el primer momento.
—Pues claro, tenemos custodia compartida —le vaciló él.
—Es que… me preocupa Silas. Creo que está un poco celoso y está pasando por un mal momento y creo que nos va a matar si descubre que… bueno, que nos besamos y que además… deberíamos centrarnos en el fútbol, ¿no?
Balanceó su peso de una pierna a otra y deseó poder correr o sentarse en algún sitio. Conversar con él ahí, de pie, le resultaba extraño y antinatural.
—Creo que tenemos capacidad de hacer más cosas que solo el fútbol, ¿no? —preguntó Nabeel.
Pudo percibir un poco de desesperación en su voz, como si de veras no quisiera separarse de ella. Del mismo modo que Nabeel la podía ver por dentro, ella leía sus pensamientos y sabía que gritaba que no le rompieran el corazón.
—Claro, pero, ¿qué hacemos con Silas? ¿Se lo decimos y ya está? ¡Es que fijo se enfada!
Nabeel frunció el ceño.
—Sé que él no está pasando por un buen momento y, de veras, lo quiero mucho.
Y a mí también me preocupa cómo vaya a reaccionar, pero…
¡es que él no tiene nada que ver con esto!
Es algo… nuestro. Lo que hay entre nosotros.
Porque de eso hemos venido a hablar, ¿no?
De que nos besamos anoche y yo desearía volver a besarte ahora.
Dafne dejó escapar una risa nerviosa.
Asintió.
Nabeel rio también.
Y después siguió hablando:
—Quizás podríamos llevarlo en secreto, ¿no? Descubrir lo que sentimos tranquilamente. No sería nada malo. Yo no quiero ocultarle nada, por supuesto, pero si no estamos listos… No te quiero perder, Daf. A ninguno.
El deje de desesperación en su voz le pesó en el corazón.
—No me vas a perder —repitió Dafne—: Esto… No creo que las relaciones en secreto funcionen, para nada. No quiero mentir a nadie.
—¡No sería mentir! No del todo. Sería una mentira piadosa, para proteger su inocencia, como el ratoncito Pérez.
Dafne dejó escapar un largo suspiro y sonrió, porque no le salía otra cosa. Después, empezó a andar, porque en movimiento pensaba mucho mejor, y esperó a que Nabeel le siguiera.
—Tengo que contarte algo —carraspeó—. Te lo quiero contar no porque sienta que te lo deba ni nada, sino porque quiero que me entiendas. El curso pasado… tuve una relación en secreto. No fue nada serio, pero estuve con un chico…
Nabeel parpadeó unas cuantas veces.
—¿En serio? ¿Del F.A.R.? Que no es que me importe, ya es curiosidad.
—Con Hugo. El de segundo. Bueno, era de segundo el curso pasado, ya me entiendes…
El nombre se le escapó de los labios sin dificultad. Le sentó bien sacárselo de la cabeza. Al fin y al cabo, no volvería a verlo.
—¿Qué dices? —preguntó Nabeel, impresionado.
—¿Qué pasa?
—Nada, no pasa nada, no me lo esperaba. No… No me lo contaste.
Dafne se encogió de hombros.
—No se lo conté a nadie —respondió—. Se dieron así las circunstancias. Yo no quise tomarme en serio la relación, creo que porque, en el fondo, me daba miedo salir herida y pensaba que, si fingía que no me importaba demasiado, me dolería menos. Pero… contigo no quiero tener miedo.
Nabeel frunció el ceño, como si no la entendiera.
—A Silas tampoco se lo conté y, cuando se enteró, se enfadó conmigo. Por eso discutimos —aclaró Dafne finalmente.
—¿Porque se enteró?
—Sí. Le dolió que se lo hubiera ocultado. Por eso… precisamente por eso creo que mantener… lo nuestro… en secreto no es buena idea.
Nabeel dio un paso hacia atrás, ampliando la distancia que los separaba.
—Sé lo que vas a decir, ¿no? Que no quieres esto. Y… Lo entiendo. Supongo que lo entiendo. Quizás es mejor que seamos solo amigos.
Dafne se dio cuenta de que le había roto el corazón por el modo en el que hizo un puchero y sonrió. Nabeel prefería fingir que no le importaba antes que hacerle daño.
No iban a correr ese día. No iban a abrazarse, ni a besarse. Y si sabían lo que había en la mente el uno del otro, no lo dirían en voz alta. Construirían un muro nuevo. Quizás a cambio recuperarían las noches de cine con Silas.
Nabeel se alejó de ella rápido, como si no quisiera darle tiempo a arrepentirse.
Y entonces, Dafne se dio cuenta de que no podía permitirlo.
Pensó en lo mucho que le importaba Nabeel.
Haberle conocido era una de las mejores cosas que se llevaría de Estels.
Adoraba entrenar con él, escucharle cantar, que le hablara de su familia o el modo en el que la miraba cuando pensaba que Dafne no se daba cuenta.
Siempre tenía una palabra amable en la punta de la lengua.
Pero había demasiado en él que no conocía. No sabía qué tipo de novio era. Nunca había estado a su lado en un momento malo. Y se daba cuenta, por fin, de que tenía miedo de perderlo, pero muchas más ganas de conocerlo en todas sus facetas
Así que corrió hacia él y estuvo a punto de trastabillar cuando lo alcanzó. Si no lo hizo, si no cayó, fue porque Nabeel estaba ahí para sostenerla.
—¿Qué pasa, Daf?
Sus ojos viajaron hacia sus labios. Hacia su pelo. Hacia el modo en el que la miraba. Así que se acercó un poco más y le besó. Una vez. Otra más.
—No quiero que seamos solo amigos —dijo, por si acaso no quedaba claro—. No quiero huir. Quiero estar contigo. Se lo contaremos a Silas cuando sea un buen momento.
Y mientras le besaba, en su mente sonó ese Hey Jude de la primera vez.
F.A.R. JUVENIL A EQUIPO FEMENINO
Miércoles, 2 de octubre, 19:00
Lorena CLASE
no venís a la sala de estudio?
Julia CLASE
yo estoy tirada en la cama, muerta.
Creo que no he sudado más en mi
vida socorro
ya tengo agujetas… soy yo o el
míster está un poco
estresado?
Julia CLASE
podrías hablar con él,
capitana. Parece que nos odie
y no hace otra cosa que
amenazar con no elegirnos
Rain
es verdad que está estresado, pero
porque quiere que ganemos
Julia CLASE
y no cree que podamos hacerlo
sin reventarnos antes???
Silas
Miércoles, 2 de octubre, 22:22
eoooooo
Tierra llamando a Silas