Famosa hasta la muerte 16
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S tevie corrió la cortina e hizo a Colby a un lado de un empujón.

Ahí estaba Hal, con su metro ochenta y tres de altura, sujetando a Hilton Moore de las solapas de la chaqueta demasiado brillante.

Hilton estaba de puntillas, con los ojos abiertos como platos por la sorpresa.

Los demás periodistas se agolpaban a su alrededor.

Algunos estaban gritándole a Hal que parase, aunque la mayoría estaban demasiado ocupados grabando lo que estaba ocurriendo.

—¿Qué narices está haciendo? —dijo Stevie, aunque sabía que la respuesta era que su hermano había perdido la cabeza.

Marnie, Frank y Annie salieron corriendo por la puerta principal.

—¡Hal, así no ayudas a nadie! —gritó Frank.

—Hal, por favor, no lo hagas —sollozó Annie.

Y Marnie soltó un agudo gemido desesperado.

Frank fue el primero en llegar hasta él, y le dejó caer una mano en el hombro.

—¡Hal, ya basta!

Pero este ni siquiera se inmutó, mantuvo la vista clavada en Hilton.

—¡He dicho que ya basta! —gritó Frank, con las mejillas sonrojadas.

Hal sí que le hizo caso esta vez, y empujó a Hilton con ambas manos, alejándolo de él. El reportero se cayó sobre el césped, rozando uno de los gallos ornamentales de Marnie. Una pena que no se cayese encima, porque se merecía un buen picotazo en el culo.

Hal señaló a Hilton con un dedo amenazador.

—Aléjate de mí y de mi familia.

Annie agarró a Hal del brazo y lo atrajo hacia ella.

Le colocó ambas manos en las mejillas y se puso a hablarle en susurros, a tratar de calmarlo.

Fuera lo que fuese que le estuviese diciendo, parecía estar funcionando.

Hal dejó caer los hombros, y después asintió y le tendió las llaves del coche.

Juntos, se abrieron paso a través de la marabunta de periodistas y Hal se montó en el asiento del copiloto, con la mirada todavía ardiendo de ira.

Stevie observó cómo su camioneta se alejaba por la calle y doblaba la esquina.

—¿Qué narices ha podido pasar para que tu hermano se haya puesto así? —preguntó Colby, alejándose de la ventana. Hizo una mueca antes de añadir en tono de disculpa—: Quiero decir… ¿aparte de la muerte de tu hermana?

—Hilton Moore ha abierto su bocaza, supongo. Fue él quien escribió un artículo bastante asqueroso sobre Hal.

Colby la observó con los ojos entrecerrados.

—¿No lo detuvieron una vez por conducir borracho? Me suena haber leído algo sobre eso.

Stevie volvió a correr las cortinas y se dejó caer de nuevo en la cama.

—Sí. Cuando tenía diecisiete años, acabó chocándose contra un árbol en la curva de Westville Drive.

Se destrozó la rodilla y, con ella, sus posibilidades de obtener una beca deportiva para jugar al fútbol en la universidad.

Y entonces, cuatro años después, Blair se lo contó todo a Hilton.

A saber por qué lo hizo. ¿Quizás para que le prestasen más atención?

No lo sé. Pero el caso es que le vendió su historia a la prensa.

«El hermano perdedor de Blair Baker». Creo que ese fue el titular del artículo.

Hal estaba furioso… y destrozado. No podía creer que Blair le hubiese hecho algo así.

No quería que Mia se enterase de aquello, lo que es comprensible, pero no pudo ocultárselo cuando la historia acabó difundida por todo internet.

En su momento, quiso que nuestra madre eligiese un bando.

Pero ella se negó. Supongo que estaba preocupada por Blair, probablemente porque, a esas alturas, ya sabía que tenía bastantes problemas con las drogas.

Y mi madre se culpaba por ello, porque había sido ella quien había accedido a que Blair se tomase pastillas para ayudarla a controlar la ansiedad cuando empezó a hacerse famosa.

Esa época fue una auténtica mierda. Hal se negó a venir a vernos durante meses.

Pero Frank fue a su casa para hablar con él, para recordarle que la gente no es perfecta.

Y entonces fue cuando las cosas empezaron a ir a mejor… Al menos, durante un tiempo.

—Mia… era tu sobrina, ¿verdad? —le preguntó en un susurro, midiendo sus palabras—. ¿Desapareció después de una fiesta?

—Sí, así es. —Stevie bajó la mirada hacia sus manos y comenzó a juguetear con los dedos.

No estaba segura de si quería hablar del tema o no, pero las palabras surgieron de entre sus labios de todos modos—.

Fue la noche de mi decimosexto cumpleaños.

Para aquel entonces las cosas entre Hal, mi madre y Blair ya se habían medio solucionado.

Todavía estaban un poco tensas, pero iban mucho mejor.

Mi madre estaba en vilo esperando a Blair, preocupada por cómo se comportaría.

Unos días antes se habían publicado en internet algunas fotografías en las que se la veía saliendo de una discoteca tras otra, con un aspecto horrible.

Se suponía que debería haber llegado cuando empezase la fiesta, pero pasó una hora y Blair no apareció, y entonces Hal empezó a quejarse de lo egoísta que era.

Mi madre no quería oírle hablar así de ella.

No paró de repetirle que Blair era una superestrella y que lo más probable era que estuviese ocupadísima trabajando, y que seguro que llegaría tan pronto como pudiera.

Pero nadie le creyó. Entonces mi padre sugirió que empezásemos a comer sin ella, pero Mia quería esperarla, porque estaba emocionadísima por volver a ver a su tía famosa.

Sin embargo, a medida que pasaban los minutos, las esperanzas de Mia comenzaron a desvanecerse.

Mi madre se puso todavía más irascible, y para este punto de la noche Hal ya era prácticamente incapaz de contener la ira que sentía.

Annie, mi padre y yo hicimos todo lo que pudimos por tratar de salvar la fiesta, sobre todo por Mia, pero, cuando Blair por fin apareció, tres horas más tarde, borracha y probablemente puesta hasta arriba de drogas, todos estábamos bastante tensos.

Hal perdió los papeles en cuanto la vio.

Mi madre se echó a llorar. Annie, como la santa que es, intentó calmar las aguas, pero lo único que logró fue empeorar las cosas, porque siempre se pone del lado de Hal.

Blair tiró la tarta y se marchó hecha una furia.

Después todos nos pusimos a discutir, porque ninguno estaba de acuerdo con lo que debíamos hacer con Blair.

Y entonces, cuando las cosas por fin se calmaron un poco, nos dimos cuenta de que Mia también se había ido.

Colby suspiró con fuerza.

—Vaya.

Stevie siguió tironeándose de los padrastros mientras hablaba.

—Mia no respondía a ninguna de nuestras llamadas, así que salimos a buscarla.

En un principio no creíamos que pudiese haber ido muy lejos, pero no pudimos encontrarla.

Nos pasamos toda la noche buscándola. Comprobamos las grabaciones de la cámara de seguridad de la entrada y la vimos marcharse alrededor de las nueve y cuarto de la noche.

Supongo que debía de estar intentando huir de nuestra discusión.

Colby se dejó caer a su lado en la cama y clavó la mirada en la pared.

—Stevie, eso es horrible. ¿Y la policía? ¿No encontraron nada? ¿Ni una pista?

—Dijeron que habían encontrado pruebas de que Mia había estado en un callejón que bordea el Parque de los Fundadores, junto a la calle Millbrook, el mismo que los camiones de la basura suelen utilizar como atajo.

—Tragó con fuerza—. Encontraron manchas de su sangre.

Y huellas de neumáticos. Pero aparte de eso, nada.

Nunca llegaron a encontrarla, nunca localizaron ningún cuerpo.

Colby tragó saliva.

—No me puedo ni imaginar por lo que debisteis de pasar. Oí que tú desapareciste durante una temporada después de aquello.

—A mis padres les preocupaba que estuviese pasando por una crisis nerviosa.

Estaba llevando a cabo mi propia investigación, y estaba convencidísima de que iba a poder encontrarla, pero, en realidad, ni siquiera estuve cerca de lograrlo.

Después de que me descubriesen registrando el callejón a la luz de una linterna y con una lupa enorme a las tres de la mañana, el viejo Frank y la vieja Marnie decidieron que mi obsesión por descubrir lo que le había ocurrido a Mia no era sana.

Colby suspiró con fuerza.

—A ver, razón tampoco les faltaba.

Stevie se obligó a esbozar una media sonrisa.

—Supongo que no. El caso es que organizaron una especie de mediación, me obligaron a asistir a unas cuantas sesiones de terapia y entonces por fin empecé a ver la luz al final del túnel y a salir del pozo de oscuridad en el que yo misma me había sumido.

—Admiro tu determinación, pero deberías pensar un poco más en ti y cuidar de ti misma.

Stevie alzó la mirada y la clavó en la pared.

—Han pasado casi tres años desde que desapareció. Y pienso en ella todos los días. Es culpa nuestra que no esté aquí. Deberíamos haber cuidado de ella esa noche, en vez de estar tan centrados en pelearnos.

—Todas las familias discuten, Stevie.

—Pero no todas las discusiones familiares acaban con alguien siendo asesinado.

—¿Crees que la asesinaron?

—Hubo un tiempo en el que creí que seguía viva.

Todavía sigo queriendo creerlo. Pero pienso que, de ser así, ya la habríamos encontrado.

Blair ofreció un millón de dólares a cualquiera que pudiese darnos alguna información sobre su paradero; si alguien hubiese vuelto a ver a Mia, lo habríamos sabido.

—Me acuerdo de lo de la recompensa, de los pedidos de auxilio de Blair. En el instituto, todos nos pasamos meses buscándola.

—Se sentía culpable. Y, por supuesto, Hal también la culpaba por ello, de hecho, le dijo que todo era culpa suya. Incluso aunque supiese desde el principio que en realidad Blair no tenía la culpa de que Mia desapareciese, sino toda nuestra familia desestructurada al completo.

—¿Y no crees que Hal…? —Dejó la frase colgando, con la pregunta sin acabar.

—¿Podría haber asesinado a Blair por ello?

—La pregunta pesaba sobre su pecho, incómoda.

Stevie negó con la cabeza—. Siendo sincera, lo pensé, pero no creo que fuese capaz de hacerlo.

—Hizo una pausa. ¿De verdad lo había pensado?

¿Se había planteado seriamente esa posibilidad?

Hal siempre había tenido la mecha muy corta, sí, y había sufrido muchísimo.

Pero, aun así, no se lo imaginaba asesinando a Blair—.

La relación entre Hal y Blair estaba tensa, eso como poco, pero seguía siendo su hermana, y la quería.

Stevie aguardó, esperando a que Colby siguiese insistiendo y la presionase un poco más. Pero ella, en cambio, se limitó a responder:

—Vale, muy bien, si es lo que crees, entonces tendremos que centrarnos en investigar a nuestro acosador, a su amante secreto y a Kirk Tyler. ¿No te parece?

Stevie bajó la mirada y se llevó una mano al colgante de la pluma. Al colgante de Blair.

—Tengo que descubrir quién asesinó a Blair, Colby. Ya le fallé a Mia, y no puedo fallarle a nadie más. No puedo.

—Y por eso vamos a resolver este caso nosotras solas. —Colby abrió un documento en blanco en su ordenador—. Empecemos haciendo una lista de todos los sospechosos que tenemos de momento.

@BBSera_mia — acosador online

El tipo de la gabardina y la gorra — ¿podría ser @BBSera_mia?

Gunner Trip — ¿por qué nos mintió?

Kirk Tyler — ¿iba Blair a dejarlo por otro representante?

¿Tenía Blair un amante secreto?

¿Con quién estaba discutiendo en su camerino? ¿Kirk? ¿Otro de los sospechosos, u otra persona?

—Ya está —soltó, asintiendo con la cabeza, triunfal—. Este es un excelente punto de partida.

Stevie revisó la lista.

—Ni siquiera sé por dónde empezar.

Colby se bajó de la cama y se puso las botas.

—Y por eso tienes suerte de que yo esté aquí para decirte lo que hacer.

Tú vas a investigar lo de esa dirección de correo electrónico y yo voy a volver a casa para ver qué información puedo encontrar sobre Blair, y me centraré en su vida amorosa, para ver si encuentro algo sobre algún novio secreto.

Stevie suspiró con pesar. El asesino de Blair seguía suelto, y allí estaba ella, jugando a ser detective.

Adentrándose en callejones sin salida. Sin acercarse a él en ningún momento.

¿Se estaba tratando de engañar al convencerse de que podía hacerlo, al igual que se había engañado al creer que podría encontrar a Mia?

—¿Y qué se supone que vamos a conseguir con todo esto? ¿Resolver el caso, en serio?

—Sinceramente, no lo sé, Stevie, pero sin duda es mejor que quedarnos de brazos cruzados y esperar a que otros lo resuelvan.

Y, para que lo sepas, pienso estar muy pendiente de ti y de tu bienestar emocional durante toda esta investigación.

No puedo dejar que mi nueva mejor amiga tenga otra crisis nerviosa.

Stevie puso los ojos en blanco, aunque después su expresión se tornó mucho más seria y pétrea.

—Gracias. Tengo la sensación de que esta noche me he desahogado demasiado contigo.

Nunca había podido compartir tanto de lo que había sufrido con nadie, pero Colby había hecho que se sintiese segura con ella para contárselo.

Aparte de Annie, no se había permitido abrirse con nadie desde la desaparición de Mia, y Blair y ella se habían distanciado con los años.

Sí, Colby era diferente a los demás y, en cierto modo, a Stevie le gustaba que la considerase su nueva mejor amiga.

Y, tal vez, con la ayuda de Colby, tendría más probabilidades de encontrar al asesino de su hermana.

—Me alegro de que lo hicieras. Estaré aquí siempre que me necesites. Te escribiré si descubro algo. ¿Nos vemos mañana?

—Claro.

Colby se detuvo en el umbral de la habitación y se dio la vuelta.

—Ah, y antes de que me marche, quería preguntarte por algo que dijo antes tu hermano.

Stevie enarcó las cejas.

—¿Quién narices es Miss Marple?

—Una detective.

—Espero que esté buena.

Stevie esbozó una sonrisa divertida.

—Buenísima.

Colby asintió.

—Eso pensaba .