Expiar nuestros pecados (Inspector Tom Janssen 3) CAPÍTULO 35 #2
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CAPÍTULO 35 #2

El inspector la llamó y Tamara respondió de inmediato. Por el sonido, parecía que ya estaba en su nuevo lugar favorito recién descubierto; se escuchaban de fondo gritos y risas.

—¿No estaba enfadada conmigo? —le preguntó él.

—Oh, lo estoy. Es un hombre exasperante en cualquier circunstancia, Tom. ¿Va a venir? —le preguntó, alzando la voz para que la oyera.

—Solo bebo en ocasiones especiales, recuérdelo —le advirtió él—. Pero no me importaría invitarla a una copa y sentarme a ver cómo se la bebe.

—Una cita perfecta —respondió Tamara—. ¿Sabe dónde encontrarme?

—Sí —dijo Janssen.

Luego, colgó. Echó un vistazo al cajón; aún se podía ver la caja del anillo en su interior, pues no estaba cerrado del todo. Echó mano del tirador y, en el último momento, dudó antes de terminar de cerrarlo. «Cuando esté listo», se dijo a sí mismo. Se puso el abrigo, cogió las llaves y salió.

***

Tamara detuvo el coche y apagó el motor.

Janssen se bajó, abrió una de las puertas de atrás y le ofreció una mano a Gretta para ayudarla a salir.

La mujer aceptó agradecida y los dos se dirigieron por el camino hacia la puerta de la casa.

Tamara se quedó donde estaba. Al pasar junto a la ventana salediza de la sala de estar, Janssen echó un vistazo al interior.

Había dos personas: una mujer, que los vio acercarse les sonrió, los saludó con la mano y se levantó para salir a recibirlos, y un chico adolescente.

La mirada de Gretta se detuvo en el chaval.

De repente, pareció ponerse nerviosa, más de lo que había estado desde que la recogieron en el hotel.

Se dio cuenta de que Janssen la estaba observando. Tenía un gesto apesadumbrado.

—La verdad es que no sé qué es lo que debo hacer —dijo Gretta.

Janssen dudaba que eso fuera cierto. Gretta era una mujer inteligente.

Durante los últimos treinta años, su vida había estado marcada por el secretismo y dominada por un sentimiento de vergüenza con el que aún no había logrado reconciliarse.

Tardaría tiempo en superarlo. Forjar un vínculo importante con un perfecto desconocido, incluso aunque tuviera un fuerte lazo sanguíneo con él, quizá le costara todavía más tiempo.

Les esperaban conversaciones incómodas. Esa perspectiva bastaría para preocupar y desconcertar a cualquiera.

—Usted me dijo que sentía mucho no haber estado ahí para apoyar a su hija —dijo Janssen mientras señalaba a Connor, que estaba sentado de espaldas a la ventana, ajeno a su presencia.

—Más de lo que usted se pueda imaginar, inspector.

—Tiene la oportunidad de estar ahí para su nieto.

Gretta lo miró a los ojos.

—Susan nunca me contó que tenía un hijo. Probablemente pensó que yo insistiría en verlo.

—Ahora tiene la oportunidad.

—¿Y qué quiere que le diga?

No había una respuesta correcta para esa pregunta. No había un guion que seguir que pudiera facilitar el proceso. Janssen ladeó la cabeza.

—El niño ha perdido a su madre… Por segunda vez. Pase lo que pase en los próximos meses, también ha perdido a su padre en un futuro inmediato. No tiene a nadie más. Solo a usted. Dele su apoyo. Esté ahí para él.

Ambos escucharon el sonido de una llave girando en la cerradura. Enseguida, la puerta se abrió. Una señora agradable los recibió con una cálida sonrisa.

—¿Gretta? —la saludó—. Me llamo Marjorie. Bienvenida. Pase, por favor.

Marjorie Esher era la madre de acogida que había recogido a Connor cuando arrestaron a Simon Cook la noche anterior.

Janssen sonrió cuando Gretta entró en la casa.

La mujer le dedicó una sonrisa nerviosa, fruto de la gratitud, por lo que él creyó.

El inspector no la acompañó hacia el interior; tan solo saludó a Marjorie con una breve sonrisa y dejó a Gretta en su compañía.

Marjorie estaba mucho más preparada que él para manejar la situación a partir de aquel momento.

Dio media vuelta cuando se cerró la puerta y volvió por el camino.

Tamara lo estaba esperando junto al coche, apoyada sobre el mismo y hablando por el móvil.

Colgó cuando él llegó y se guardó el teléfono en el bolsillo.

—¿Qué le parece?

Janssen miró hacia la casa. Ahora podía ver tres siluetas de pie en la sala de estar. Se giró hacia Tamara, mordiéndose con los dientes el labio inferior.

—Les esperan tiempos difíciles —dijo, haciendo una breve pausa para poner en orden sus pensamientos—, pero se tienen el uno al otro. Un vínculo forjado en una adversidad como esta puede llegar a ser muy intenso. ¿Algo nuevo sobre Simon Cook?

—Acabo de enterarme. Va a permanecer detenido hasta el juicio. Dada la gravedad de la agresión a Sarah Caseley y con sus antecedentes, era muy improbable que le concedieran la libertad bajo fianza.

—¿Y Sarah?

—Con ella, las noticias son mejores —afirmó Tamara—. Ya no se encuentra en estado crítico. Parece que se recuperará. Eso es una buena noticia para Simon. Puede ser la diferencia entre que le caigan unos pocos años y la cadena perpetua. Según Eric, James Caseley ha vuelto a su versión más dominante.

Janssen esbozó una sonrisa irónica.

—Veamos cuánto dura eso cuando se reabra la investigación sobre la muerte de Kirsty Davies.

—Hablando de eso —dijo Tamara—. Tenemos una reunión con la Fiscalía sobre ese tema esta tarde.

—¿Tan pronto?

—Sí. Creo que el jefe de la Policía está loco por que lleguemos al fondo del asunto cuanto antes. Los altos mandos no quieren tener sobre la mesa un escándalo de abusos a menores que tuvo lugar durante varios años.

—Bueno, eso dependerá de lo que Abigail y Tara estén dispuestas a contar, ¿no?

—replicó el inspector—. Además de Sarah, cuando se recupere.

Y todas ellas tendrán que responder muchas preguntas sobre la muerte de Kirsty.

A juzgar por lo que se dijeron ayer Abigail y Tara, el juego de acusaciones va a ser complicado.

—Es cierto —dijo Tamara—. Neil Baker está muerto y no tenemos ni idea de si Nicholas Levy participó en el abuso o en su encubrimiento.

Su estado de salud hará que nunca llegue a pisar un tribunal.

Baker tenía razón en eso. Me alegro de que sea la Fiscalía General la que tenga que encargarse de imputar los cargos. Es un lío absoluto.

Janssen se rio. Tamara lo miró con expresión inquisitiva.

—Y nosotros pensando que un destino junto a la costa sería tranquilo.

—Hay gente mala por todas partes, Tom. Al menos aquí brilla más el sol que en otros sitios. ¿Todo bien por su parte?

La pregunta había sido tímida y Janssen percibió que la inspectora jefe estaba evaluando con atención su reacción. Le vino a la mente la imagen de Alice y sonrió.

—Sí. Estoy seguro de que todo va a salir bien.

Tamara lo miró durante un momento, buscando en la expresión de su rostro algún significado oculto tras esas palabras. Luego, sonrió.

—Venga. Volvamos a la comisaría. Nos espera todo el papeleo.