Expediente II: Casos de la Santa Compaña (La Santa Compaña 2)
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CAPÍTULO 1 - EL TÚNEL DE LAS VOCES
ADVERTENCIA DE ARCHIVO
El presente expediente fue restringido tras la desaparición de dos investigadores asignados a su revisión.
Varias copias digitales del caso presentaron alteraciones no autorizadas.
Se recomienda no reproducir el audio adjunto durante la madrugada.
La nieve cubría completamente las vías muertas de la antigua estación.
A esa hora de la noche, Canfranc parecía abandonada incluso por el tiempo.
No había viento.
No había animales.
No había sonido alguno más allá del crujido de la nieve bajo las botas del equipo de mantenimiento.
El incidente comenzó exactamente a las 02:56 AM.
DECLARACIÓN - HÉCTOR SALAS
(Supervisor ferroviario)
“Recibimos una alerta de movimiento dentro del túnel norte.”
La estación llevaba años parcialmente cerrada.
Solo pequeñas cuadrillas de mantenimiento recorrían ciertos sectores durante el invierno.
“Pensamos que podían ser vagabundos.”
Héctor descendió acompañado por dos trabajadores más.
Linternas.
Radios.
Nada fuera de lo normal.
Hasta que llegaron a la entrada del túnel.
TRANSCRIPCIÓN - RADIO INTERNA
[02:58 AM] “¿Escuchan eso?”
Silencio.
[02:59 AM] “Parece gente hablando.”
El túnel estaba completamente oscuro.
La humedad cubría las paredes de piedra.
Y desde el interior…
provenían voces.
Muchas voces.
Montenegro leyó lentamente aquella parte del informe.
Las grabaciones originales habían sido incluidas en el expediente.
Nunca debieron enviárselas.
INFORME SONORO
El análisis técnico confirmó la presencia de múltiples voces humanas dentro del túnel.
No se identificó eco natural compatible con el espacio físico registrado.
Varias voces parecían provenir desde grandes distancias.
Otras… desde muy cerca del micrófono.
Montenegro colocó lentamente los auriculares sobre el escritorio.
No quería escucharlo.
Pero necesitaba hacerlo.
Reprodujo el archivo.
Los primeros segundos contenían únicamente estática leve.
Después…
respiración.
Y entonces aparecieron las voces.
Susurros superpuestos.
Incomprensibles.
Como docenas de personas hablando al mismo tiempo dentro de una iglesia vacía.
El investigador sintió inmediatamente un escalofrío.
Porque entre todos aquellos murmullos…
las campanas podían escucharse de fondo.
AUDIO RECUPERADO
voz masculina: “¿Hay alguien ahí?”
Pasos sobre grava húmeda.
La radio emitiendo interferencia.
segunda voz: “Las luces…”
El audio se distorsionó brevemente.
Montenegro aumentó lentamente el volumen.
Y entonces las escuchó.
Campanas funerarias.
Lejanas.
El expediente continuaba.
DECLARACIÓN - HÉCTOR SALAS
“Vimos luces dentro del túnel.”
Pequeñas luces flotando entre la oscuridad subterránea.
Como velas avanzando lentamente desde el fondo.
“Pero no iluminaban las paredes.”
Montenegro dejó de respirar un instante.
Exactamente igual que en todos los casos.
TRANSCRIPCIÓN - RADIO INTERNA
[03:03 AM] “No están solos.”
El audio registró respiración acelerada.
[03:04 AM] “Hay personas caminando.”
Pasos arrastrándose.
Muchos.
Sincronizados.
Luego silencio.
No un silencio normal.
El mismo vacío imposible presente en otros expedientes.
Como si el sonido hubiese sido arrancado del espacio.
Y entonces apareció la voz.
Muy cerca del micrófono.
“No miren atrás.”
Montenegro apartó violentamente los auriculares.
El corazón le golpeaba el pecho.
Conocía aquella voz.
La había escuchado antes.
Era la misma del expediente portugués.
Volvió lentamente al documento.
INFORME DE INCIDENTE
A las 03:07 AM se perdió toda comunicación con el equipo de mantenimiento.
Los servicios de emergencia ingresaron al túnel cuarenta minutos después.
No encontraron cuerpos.
Ni huellas.
Ni herramientas.
Ni radios.
Nada.
Solo una cosa.
Velas apagadas alineadas sobre los rieles.
Montenegro sintió la temperatura del despacho descender lentamente.
El olor húmedo regresaba.
Otra vez.
Continuó leyendo.
NOTA POLICIAL NO OFICIAL
“El túnel parecía más largo de lo normal.”
Otra línea subrayada.
“Ninguno de nosotros recordaba correctamente la salida.”
El investigador levantó lentamente la vista del expediente.
La oscuridad del despacho parecía distinta.
Más profunda.
Las luces comenzaron a vibrar.
Miró el reloj.
03:11 AM.
Demasiado tarde.
Entonces escuchó algo.
Voces.
Muy débiles.
Provenían desde el pasillo exterior del despacho.
Montenegro permaneció inmóvil.
Las voces aumentaron lentamente.
Susurros.
Decenas.
Como personas hablando dentro de un túnel lejano.
El investigador retrocedió lentamente.
El peso invisible volvió inmediatamente a sus brazos.
Más intenso.
Más real.
Y entonces escuchó los arrastres.
Lentos.
Pesados.
Las campanas comenzaron a sonar.
No afuera.
Dentro del edificio.
Las voces continuaban acercándose.
“Sigue caminando…”
“No mires atrás…”
“Todavía respira…”
Montenegro observó horrorizado cómo la sombra bajo la puerta del despacho comenzaba a llenarse de niebla.
Después aparecieron las luces.
Pequeños reflejos cálidos moviéndose lentamente al otro lado del pasillo oscuro.
Velas.
La procesión estaba dentro del edificio otra vez.
El investigador retrocedió hasta el escritorio.
Respirando con dificultad.
Las voces continuaban susurrando desde el exterior.
Y entre todas ellas…
escuchó una distinta.
Una voz femenina.
Muy suave.
Muy cerca.
“Elías…”
Montenegro sintió que el cuerpo entero se paralizaba.
Porque reconoció la voz inmediatamente.
Clara.
La manilla de la puerta comenzó a moverse lentamente.
Y alguien golpeó desde el otro lado.
Una vez.
Después otra.
Y luego una tercera.
Las campanas sonaron violentamente.
Las luces explotaron.
Oscuridad total.
Y desde el pasillo…
algo comenzó a arrastrarse hacia la puerta.