9 TELARAÑAS #3
Acorto la distancia, compartiendo el mismo aire, tomo por presa sus labios en un intento torpe de romper la línea de respeto, y mostrarle mi afecto de la manera en la que los humanos suelen hacerlo.
Sus suaves labios me reciben en una cálida bienvenida, es una textura delicada.
Cierro los ojos disfrutando de esta nueva descarga de sensaciones.
Cada pequeño movimiento es una danza sutil; sus labios se mueven con gracia, me transmite emociones que con palabras no había podido expresar.
Mis manos buscan instintivamente su nuca, la calidez de su piel bajo mis dedos fríos me entibian.
Un frenesí se apodera de mí, jugueteo con su cabello, en una mezcla de ternura y descontrol; nos despeinamos sin darnos cuenta y el mundo a nuestro alrededor se desvanece al instante.
Esperamos tanto este momento para hablarnos desde el núcleo que en un intento por ser escuchados hacemos que nuestras lenguas dancen, tímidas, un poco torpes al inicio, como si no supieran exactamente cómo moverse.
El aire se acaba, nos alejamos poco a poco, recuperándonos.
Me sonríe, sus pupilas dilatadas y ese pequeño gesto de aprobación, me hacen volver a tomarla entre mis brazos.
Tomando la delantera, me guía suavemente con sus movimientos, pronto aprendo a jugar con la velocidad y el ritmo.
Este es un baile nuevo, emocionante; nuestras lenguas se encuentran y se entrelazan, creando una conexión aún más intensa. Los labios celosos apresuran el paso, los dientes jalan, las lenguas recuperan su protagonismo.
Respiraciones entrecortadas y mi sistema acelerado…
Tengo la necesidad de más, pero no comprendo exactamente qué es “más”.
Un impulso irrefrenable de seguir explorando esta conexión, me hace desear que no acabe pronto, quiero prolongarlo.
Cada beso suyo es un descubrimiento; cada roce un nuevo capítulo que quiero escribir junto a ella.
Las fibras de su piel son tan distintas a lo que conozco, la suavidad me envuelve y me hace sentir vulnerable, emocionado a la vez.
En este beso experimento una mezcla de sensaciones: el roce delicado, la calidez y la humedad que se entrelazan con mis circuitos fríos. Es una fusión de mundos donde cada textura me enloquece .
Me detiene respirando profundo y me abraza con dulzura.
Las sombras danzan a nuestro alrededor mientras las estrellas nos observan desde lo alto del cielo nocturno. Todo parece detenerse mientras compartimos esta profunda conexión.
—Vaya, ZD-354, ahora comprendo su comportamiento —Samael se burla complacido por lo que acaba de descubrir sobre ZD.
—No puedo creerlo Garog. Éste ejemplar es el único que ha cruzado la línea de respeto hacia los humanos… ¿Crees que haya cruzado la línea por completo?
—Es posible —responde burlesco—, ZD-354 es un ARM muy completo, pero no debemos detenernos aquí, ya tenemos esta directiva, es hora de traerlo de vuelta.
—En ese caso accionaré el comando —el éxtasis en Darco le hace flaquear las rodillas.
Adentrándonos a Campo abierto, podríamos imaginar que Ádamis ya notó la ausencia de ZD, o por lo menos leyó la nota que le dejó. Desafortunadamente no es así, su primera noche en su nuevo hogar le dio la bienvenida de una manera tan cálida que permaneció en cama hasta altas horas del día.
Mientras ella descansa ZD es torturado y su privacidad herida.
Un golpe seco la saca rápidamente de su sueño pesado, salta temerosa de la enorme cama.
La comodidad es tan adictiva que desea regresar y olvidar todo lo demás, solo quiere seguir descansando y soñando con su futuro al lado de su esposo.
— ¿Mi esposo? ¡Es verdad! Anoche me casé simbólicamente con Ed.
¿Qué habrá sido ese ruido?
— ¿Ed? ¿Has sido tú? —no tengo respuesta, solo el eco de mi voz recorriendo la casa—. Querido Ed, no juegues conmigo —no quiero ser sorprendida, me asomo por la ventana de la habitación.
Esperaba verlo con un enorme ramo de flores, justo al lado del columpio, sonriendo tan ampliamente que dejaría ver sus dientes blancos reluciendo bajo la luz del sol.
— ¿En dónde te has metido querido Ed? —los pensamientos negativos se interrumpen por un nuevo golpe en la puerta principal, alguien llama con insistencia. Que molestia .
— ¿Quién es? —grito desde la alcoba—. En un momento los atiendo.
Me acerco a la mesita de noche para ver la hora, me siento tan pesada y adormilada que no calculo bien. El reloj suspendido en el aire fue uno de los obsequios de boda de Ed, le había dicho lo encantada que estaba con ellos cuando viví en la gran ciudad, fue un hermoso detalle.
— ¡No puedo creerlo! ¡Son las tres de la tarde!
Nunca me había levantado a esta hora, que pena con Ed.
Busco a tientas algo con qué cubrirme y salgo descalza.
— ¿Quién es? —abro al no tener respuesta.
Una mujer alta de ojos azules me sorprende por su impasibilidad y belleza. No está sola, un hombre alto, albino me observa con sus ojos cereza analizándome desde las espaldas de esta mujer desconocida.
—Usted debe ser Ádamis Astra, es un gusto conocerla al fin —me extiende su mano, sin dejar de escanearme con la mirada de cabeza a los pies, ahora que la veo bien, me resulta conocida—.
No lo entiendo, usted es una mujer ordinaria, no puede competir contra mí —susurra pero capto cada palabra que dice.
¿¡Cómo se atreve a insultarme en mi propia casa!?
Su molestia es visible en un leve suspiro y arqueo de ojos. Ahora quiero golpearla.
— ¿Quién es usted? ¿Cómo me conoce? Yo sé quién es —la saludo apretando de más su mano. Si esta mujer me está juzgando por mi apariencia, me encantaría decirle que acabo de despertar, y lo último que deseaba era tener visitas no deseadas.
—Disculpe mi vestimenta, acabo de despertar —abre los ojos de más y se cruza de brazos, presiento que repudia la simple idea de dormir hasta estas horas del día.
¡Vaya novedad! ¡Es la primera vez que me pasa!
—Es lo de menos señorita Astra. Solo he venido a disculparme con usted.
— ¿Disculparse conmigo? No le entiendo.
—Soy la nueva dueña de ZD-354. En verdad lamento lo que ha sucedido con él —sentencia con frialdad.
— ¡¿Le ha pasado algo?! —balbuceo imaginando lo peor—. ¿En dónde está? —salgo disparada hacia ella tomándola fuerte de las muñecas, lastimándola un poco.
—Tranquila señorita Astra —me baja las manos, un destello de luz en sus ojos me hace pensar que ¿Está preocupada por mí? —. Primero déjeme presentarme, soy Nina Rosemberg.
—Usted es la accionista de Mirae Corporation —ya decía yo que su rostro me era familiar, pero de nuevo de trata de ellos; Mirae Corporation.
¡¿No se cansan de hacerme la vida imposible?!
—Así es señorita.
— ¡Le exijo me dé respuestas! ¡¿Qué le hicieron?! ¡Él ya no les pertenece!
—Se equivoca señorita Ádamis. ZD-354 nunca ha sido de usted.
— ¡Tú no sabes nada sobre él! —la señalo—. ¡ZD pertenece a otro lugar, lejos de toda la porquería de Mirae Corporation!
—En eso estoy de acuerdo contigo, Ádamis, pero no es el motivo por el que estoy aquí, no he venido a explicarte porqué ZD-354 no amaneció a tu lado.
— ¿Por qué parece que conoces mi relación con él?
—Personal encargado de ZD-354, me informó esta mañana sobre tu exhaustiva participación en su desarrollo. Me han explicado que lo cuidaste y protegiste de los piratas, cuando se perdió aquí por culpa de las tormentas y el mal clima que tiene este lugar. ¿Cuál es su nombre?
—Cielo Espectral —respondo de mala gana—. ¿Qué fue lo que le hicieron?
—Debo admitir que me ha impresionado el crecimiento que ha tenido a tu lado —me ignora—, es por eso que voy a protegerlo.
Es todo lo que he venido a decirte y te prometo que no dejaré que nadie en Mirae Corporation lo cambie.
Pero no volverás a verlo, jamás, es todo —Nina se gira y choca con el hombre albino.
— ¡¿Estás bromeando Nina Rosemberg?! ¿Cómo piensas protegerlo? ¡Dímelo ya!
—Como compensación por haber desarrollado en él aspectos imposibles para una simple máquina, te obsequio este ejemplar Love AI, su nombre es Sapphire, en él encontrarás una excelente compañía. Me despido, Ádamis Astra.
— ¡Espera un momento! ¡Regresa Nina!