Este amor no es viral Capítulo 14
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Capítulo 14

Estoy sentada en mi rincón, portátil abierto, leyendo los comentarios como quien hojea una revista del corazón ajena. Me río. Asiento. Pienso menos mal que no soy yo . Todo fluye. Incluso el bar parece estar de mi parte hoy.

Hasta que llega el café.

Lucas lo deja sobre la mesa sin ni siquiera mirarme. El sonido de la taza al tocar la madera ya no me gusta. Doy un sorbo.

Y ahí está.

Malo. Rematadamente malo. Café con sabor a venganza.

Parpadeo. Lo vuelvo a probar, por si el problema soy yo que me he precipitado, pero no, el problema es el café. Y Lucas lleva días haciéndolo bien, así que esto no es un error técnico. Esto es emocional.

Levanto la vista.

Lucas está serio, tenso. Tiene la mandíbula apretada. Esa cara que pone no es por el café.

Como hoy tengo un buen día —milagro— decido ser adulta.

—¿Todo bien? —interrogo con una amabilidad que ni siquiera sé de dónde ha salido.

Error.

Lucas me mira por fin. No sonríe. No ironiza. Va directo.

—¿Te lo estás pasando bien?

Frunzo el ceño.

—¿Con el café? No, en absoluto, es rematadamente el peor que has hecho.

—No —dice—. Con los comentarios. Con el este circo que has montado.

« Ajá » .

—Es mi trabajo —respondo—. Y hoy, curiosamente, va bien.

—Ya —dice—. Se nota.

Ese ya viene cargado. No sé de qué, pero pesa.

—¿Te molesta algo? —pregunto—. Porque el café no ha salido solo mal, ha salido enfadado.

—No me molesta nada —contesta.

Silencio.

—Eso nunca es verdad —añado.

Se cruza de brazos.

—Solo me parece curioso cómo te ríes ahora de cosas que hace nada te tenían hecha polvo.

—Eso se llama no ser masoquista —replico—. Y aprender.

—O no ser tú la protagonista.

Toco mesa.

—Cuidado.

—¿Por qué? —pregunta—. ¿He dicho algo falso?

Respiro hondo. Mantengo la calma. Muchísimo mérito.

—He contado una historia —digo—. No he señalado a nadie. No he obligado a nadie a reconocerse.

—No —responde—. Pero hay gente que se reconoce igual.

« ¿En serio estamos teniendo esta conversación? »

—Lucas —digo despacio—. Si alguien se reconoce en una columna… quizá el problema no es la columna.

Se ríe. Sin humor.

—Claro. Tú siempre tan clara.

—Y tú últimamente muy… susceptible.

Eso sí le molesta.

—No estoy susceptible —dice—. Solo estoy cansado de verte aquí, observándolo todo, escribiéndolo todo, y luego hacer como si nada te afectara.

—¿Y qué esperas que haga? —pregunto—. ¿Qué me disculpe por no hundirme hoy?

Silencio tenso. El bar sigue funcionando alrededor, ajeno.

—No —dice—. Esperaba… no sé.

—Exacto —respondo—. Tú tampoco lo sabes.

Nos miramos unos segundos. Demasiados. Esa tensión incómoda que no es discusión, pero tampoco calma.

—El café está malo —digo al final.

Asiente.

—Lo sé.

—Arréglalo.

—Ahora.

Se lleva la taza sin decir nada más.

Vuelvo a la pantalla. A los comentarios. Pero ya no me río igual.

« Genial . Un café malo y una conversación peor ».