EPÍLOGO
EPÍLOG O
—Huevos, tomate triturado, jamón cocido, papel de cocina, pimientos, lechuga…
—Benji, por favor. Ve más despacio —protestó Leo mientras empujaba un carrito.
Benji, a su lado, sostenía un papelito algo arrugado con la lista de la compra. Después de unos días fuera, Leo tenía que comprar bastantes cosas y, además, esa noche iban a cenar con Pedro y Paula en su piso para celebrar que sus amigos iban a ser padres.
—Huevos… Tomate triturado… Jamón cocido… —repitió como si estuviera hablando en cámara lenta.
—¿Por qué eres tan payaso siempre? Me das vergüenza ajena —espetó Leo entre risas, y recibió una colleja del más joven—. ¡Pero no me pegues!
Los dos reían mientras se iban dando codazos y golpecitos conforme avanzaban. Una señora los miraba con diversión: parecían dos críos en cuerpos de adultos.
Con el carrito casi lleno de cosas indispensables y algún que otro capricho, llegaron a la nevera de los embutidos y quesos.
—Ese queso no me gusta —se quejó Benji, señalando el queso curado que Leo sostenía en su mano.
—Vaya, me lo tendré que comer yo entero… —Leo respondió con dramatismo, como si se tratara de un sacrificio, y lo lanzó al carro.
—Coge este… —Benji señaló un queso tierno—. Y este también —añadió, apuntando a uno italiano.
—Qué caprichoso… ¿Alguno más?
Benji lo miró con fingida inocencia y Leo sonrió de medio lado, mientras metía en el carrito todo lo que le iba pidiendo.
—¡Leo! —exclamó una voz familiar.
Al girarse se encontró con Yoli, muy sonriente, junto a un hombre.
—¡Yoli! ¿Qué tal? —Leo la saludó con dos besos y Benji hizo lo mismo.
—Bien. Haciendo la compra con Javi. Es mi novio —Yoli señaló con el pulgar al que la acompañaba—. Javi, este es Leo, mi ex. Y él es Benji.
—Encantado, Leo. Yoli me ha hablado mucho de ti —dijo con una sincera sonrisa, estrechando la mano de los dos.
—Pues si te ha contado la historia completa, sabrás que da para un libro… —bromeó Benji, agitando la mano como diciendo «tiene tela la cosa», y Leo le lanzó una mirada severa.
Javi asintió divertido.
—Vais cargaditos, ¿eh? —comentó ella, asomándose al carro.
—Acabamos de llegar de viaje, tenía que reponer la nevera —explicó Leo sin querer entrar en detalles, pues la larga lista también se debía a otro motivo que ni siquiera Benji sabía.
—¡Qué bien! ¿Dónde habéis estado?
—En Praga.
Yoli miró a Leo con calidez.
—Veo que me hiciste caso al final. No sabes cuánto me alegra veros juntos.
—Lo mío me ha costado, ¿eh? —bromeó Benji—. Bua, Yoli, no te puedes creer la que lio en el hospital el día que salió del armario. De ver tantas películas, se creía que estaba en una. Ya te contaré…
Yoli estalló en risas.
—Menos cachondeíto… —refunfuñó Leo.
—Bueno, nosotros tenemos que seguir con la compra. A ver si nos vemos pronto y me contáis cómo fue ese espectáculo —Yoli se despidió con un guiño.
—¡Ha sido un placer! —exclamó Javi.
—¡Igualmente! —respondió Leo, mientras Benji se despedía con la mano y los veía alejarse.
—Qué mono es Javi.
—A ti todos te parecen monos… —replicó Leo con una risita.
—Bueno, venga, date prisa. Que quiero llegar ya a tu piso… A ver si me da tiempo a follarte antes de que lleguen Pedro y Paula —susurró en su oído.
—Me encanta tu romanticismo… —Leo le dio un pico en los labios y, sonriente, se dirigió a una de las cajas para pagar.
Mientras esperaban en la cola, Leo observó a Benji con atención. El joven miraba su móvil distraído, resoplando con diversión mientras deslizaba su dedo viendo algún meme en Internet.
Le pareció adorable verlo así, completamente ajeno al hecho de que, unas horas después, Leo pensaba lanzarle la propuesta de vivir juntos. Después de aquel año que habían vivido, era lo que más deseaba en el mundo.
Benji guardó su teléfono, lo miró con los ojos entrecerrados, con esa sonrisa arrogante que poseía, y le pellizcó el mentón mientras le guiñaba un ojo.
Leo suspiró de pura felicidad.