Capítulo 34
Esta vez la fiesta sí que ha sido a su manera.
Fang les ha pedido a sus padres solo dos condiciones:
Y, a pesar de la retahíla de frases moñas que le ha tocado escuchar (que si ya está muy mayor, que si cómo pasa el tiempo y demás reflexiones viejunas sobre su edad), le ha merecido la pena el esfuerzo de sentarse con ellos para dejarles claro el tipo de fiesta que quería celebrar.
Una pequeña. Es más: pequeñísima.
Una fiesta solo para las cinco personas que han logrado que Fulgencio haya abandonado el Maruja Mallo después de que la inspectora haya determinado «irregularidades graves» en su conducta como docente.
–Está bien, sí, pero…
–¿Pero qué, Iago? –se extraña Valeria, que el único problema que le ve a su situación actual es su desamistad, aún por resolver, con Luna y Salma.
–Pues que ahora nos toca inventarnos otra movida para el pódcast… Y no nos veo yo consiguiendo una segunda exclusiva, la verdad.
–Algo se nos ocurrirá –interviene Dany–. Lo bueno es que hemos recuperado el pódcast, ¿no?
–Y hemos salvado al insti de un idiota –añade Fang.
–Eso también –se ríe Iago.
–Podemos contar eso, ¿no? –sugiere Valeria.
–¿El qué?
–Pues cómo lo hicimos. Y por qué. Sobre todo, por qué.
–Si Marc nos da el OK… –apunta Martín.
–Lo pensamos otro día, ¿no? –dice Iago, que no tiene ningún interés en ponerse a guionizar el próximo pódcast en mitad de una fiesta.
Todos asienten y Valeria sube la música y, sin mediar palabra, se lanza a cantar el «Defying Gravity» de Wicked .
Ha estado a punto de elegir un tema suyo, pero aún no se siente preparada.
La situación con Salma y Luna ha arañado también su autoestima, así que el valor solo le llega para exhibirse con una canción que adora y que le habría encantado componer.
Todos la miran embobados, tan sorprendidos por su reacción como por la voz que despliega y de la que, hasta ahora, solo habían visto una pequeña muestra.
Recibe un aplauso descomunal. Solo hay alguien que aplaude un poco menos; no porque no le haya gustado, sino porque no deja de pensar en lo que acaba de pasar en la cocina y que, por cómo mira Valeria a Iago, cree que no debería haber pasado.
LO DE LA COCINA
—Vaya, otra vez nos ha tocado venir a por los vasos —bromea Iago al encontrarse con Dany en la cocina—. Ni que fuéramos sus criados.
—Ya ves…
Los dos se ríen y Dany se ve a sí misma unas semanas antes. En la barra del concierto. Cogiendo unos vasos parecidos. En el mismo lugar donde sintió que sucedía algo que pudo frenar a tiempo.
Pero esta vez todo ocurre demasiado deprisa.
Porque la cocina es pequeña.
O porque ella está nerviosa y se le cae al suelo una bandeja con unos cuantos vasos de plástico (por suerte, vacíos).
O porque Iago corre a ayudar a recogerlos.
O porque, mientras los colocan en la bandeja, sus manos se cruzan hasta que es imposible que no se miren a los ojos, que no se den cuenta de que están nerviosos, que no noten que tienen ganas de acercarse un poco más, de juntar los rostros, tanto como para que surja, tímido y breve, un primer beso.
Dany se pone en pie enseguida. También Iago. Los dos se levantan como si no hubiera pasado nada y salen de nuevo al jardín.
–Qué bien cantas, Vale –la felicita Fang–. Deberías dedicarte a esto, ¿no lo has pensado?
–Lo he pensado… Aunque es tan difícil…
–Ya, pero lo haces genial –le dice Iago.
Y Valeria, convencida de que él la mira de un modo especial, le sonríe antes de alejarse en busca de Dany, que acaba de salir al baño.
–¿Te has dado cuenta? –le pregunta a su amiga.
–¿De qué?
–Cómo que de qué, Dany… De cómo me mira, tía. Ahora sí que está clarísimo.
Dany no responde, convencida de que lo mejor que puede hacer es no abrir la boca.
–¿Tú no lo piensas?
–¿Pero el qué?
–Pues que le gusto –le responde Valeria con una sonrisa–. Que está claro que a Iago le gusto muchísimo.
La vibración de un mensaje entrante en el móvil de Valeria interrumpe su diálogo y Dany respira aliviada.
DIVINAS FOREVER
Luna
Este no es uno de tus nuevos “amigos”?
El wasap de Luna va acompañado de un enlace de Instagram y, aunque Valeria se teme lo peor, hace clic en él. Sea lo que sea, prefiere zanjarlo cuanto antes.
O eso creía antes de descubrir que la publicación que su ¿todavía amiga? ha compartido con ella es un meme subido por Bruno en el que Iago aparece en dos fotos.
En la primera, donde está con sus colegas del fútbol, se lee «Cuando te lo pasas bien»; en la segunda, donde Iago pone cara de asco y en la que se ve a toda la Séptima, se puede leer «Cuando no».
Como no sabe qué hacer ni cómo reaccionar, finge que es un mensaje sin importancia y evita contárselo a Dany, aunque es cuestión de tiempo que todos se enteren.
No tardarán en saber que esa foto existe y que Iago los ha expuesto de esa manera. Los ha convertido en una panda de raros que solo sirven para que los de siempre, esos que se creen más cool que el resto, hagan chistes y bromas a su costa.
Pero le cuesta creer que el chico que la miraba embobado mientras estaba cantando sea así.
Es más, se niega a pensar que sea así.
Sin embargo, cuando vuelven con el resto nota algo extraño en Iago, como si hubiera una sombra en su expresión, hasta entonces alegre y despreocupada.
Seguro que ese tal Bruno también le ha mandado el mismo enlace que ha recibido ella.
Y, como Valeria, Iago sospecha que la calma acabará en cuanto termine la fiesta en casa de Fang. En el momento en que se enteren, uno a uno, de que existe un post que los ridiculiza.
Así que, para evitar que eso suceda, Iago coge fuerzas y decide sincerarse y explicárselo todo. El único modo de desactivar esa bomba es hacerla estallar por sí mismo.
–¿Podemos bajar la música un poco? Hay algo que tengo que dec…
No llega a terminar la frase.
Está a punto de hacerlo cuando Martín, enfurecido y con el móvil en la mano, se planta delante de él y lo empuja con todas sus fuerzas.
O, más bien, trata de empujarlo, porque su gesto dramático apenas tiene efecto físico sobre la corpulencia de Iago.
–¡Traidor! –le vomita con rabia.
–Martín, por favor, déjame que…
–¡Vete de aquí!
–Pero…
— ¡Que te vayas!
En la Séptima nunca han visto así a Martín.
Desencajado.
Violento.
Lleno de ira.
Iago, consciente de que no va a conseguir nada más esta tarde, decide marcharse.
Podría imponerse sobre él sin gran esfuerzo.
Pero eso es lo que haría otro Iago.
El que hizo el selfi que hoy ha descubierto Martín, no el que sale en las fotos de esta fiesta.
En cuanto Iago se marcha, Martín se derrumba y el resto corren a apoyarlo.
–¿Pero qué ha pasado? –les pregunta Fang, que es, junto con Dany, la única que todavía no sabe de la existencia de las fotografías.
–Esto. –Martín les muestra su móvil y los cuatro se quedan un segundo en silencio.
Fang, sin embargo, no está dispuesta a que su fiesta termine así.
No le ha pedido la casa a sus padres para que le echen a perder la que hasta ahora era una de las mejores tardes de su vida.
–¿Sabéis qué os digo? Que él se lo pierde. Sí, él se lo pierde.
Busca uno de sus temas favoritos de TYZ, la versión del «This Is Me» con la que cerraron su concierto, y pone el volumen al máximo (lo de explicarle a sus padres el motivo de las previsibles quejas de los vecinos ya lo pensará otro día, si eso).
La música, poco a poco, surte su efecto y el hechizo se cumple en cuanto llega el primer estribillo.
Esa letra que corearon aquella noche.
Ese concierto en el que convivieron tantos inicios.
Esa Séptima que, desde entonces, es real.
Ahora mismo son uno menos. Y no tienen claro si habrá manera de recuperar a Iago ni, peor aún, si quieren que vuelva.
¿Deberían?
La duda queda en el aire, pendiente de una respuesta que no tienen.
Pero lo importante es que saben que ellos sí son.
Que ellos sí están.
Que han descubierto un espacio donde sentirse bien.
Un lugar que ni siquiera es físico en el que expresarse sin miedo a que nadie los cuestione.
Un territorio desde donde sus voces se oyen con fuerza y en el que, después del «caso Fulgen», son conscientes del poder de esa voz.
Lo que hoy celebran es demasiado grande y demasiado feliz y demasiado hermoso como para venirse abajo.
Hoy festejan que han conquistado un mundo propio.
Que tienen mucho que contar.
Que, pase lo que pase, no van a dejar que nadie los calle.
Y que les gusta ser quienes son.
Les gusta ser la Séptima.