Capítulo 10
–¿Alguien quiere comentar algo más?
Yassir mira a todos los profesores confiando en que nadie levante la mano para dar el claustro por terminado después de casi dos horas de reunión.
Como este es su segundo año en Jefatura, ya sabe que eso de que no haya intervenciones espontáneas es casi una utopía, pero cada vez que llega el momento de los ruegos y preguntas él se aplica el lema «no dejes de soñar» y confía en que alguna vez no haya nadie que levante la mano.
Hoy, por supuesto, sí que lo hay.
Es más, hay varias manos.
Y como Yassir es un defensor acérrimo del orden, otorga la palabra a quien la ha levantado en primer lugar: Fulgen.
–Gracias… Voy a ser breve.
Se oye cómo un suspiro de terror recorre todo el salón de actos.
«Voy a ser breve» es una de esas frases que anticipan el desastre, la hecatombe, el apocalipsis.
«Voy a ser breve» es la declaración de intenciones más aterradora posible.
Porque NADIE que diga «Voy a ser breve» tiene NUNCA intención de serlo.
Marc, más allá de sus ganas de llegar a casa cuanto antes, siente curiosidad por lo que Fulgen vaya a decir.
Quizá en sus palabras encuentre algún argumento para calmar las iras de su grupo, que cree que si no se han implicado del todo con el pódcast es porque siguen empeñados en usarlo para su particular caza de brujas.
Basta con que Fulgen proponga algo sensato, o incluso con que hable bien de su alumnado, para que Marc le traslade el mensaje a su Séptima, como los ha empezado a llamar cada vez que se cruza con Yassir, y, como no se le da bien hablar de cosas que no sean el trabajo, le habla de ellos.
–Mirad, yo no tengo nada en contra de que cada cual haga lo que quiera en sus clases.
Pero una cosa es nuestra libertad de cátedra y otra muy diferente, adoctrinar.
Y lo siento mucho, porque sé que habrá gente que piense que estoy diciendo una barbaridad, pero tengo derecho a decirlo y a que se me escuche, aunque, por culpa de tanta censura, ahora ya no se pueda decir nada en ninguna parte.
Marc, que empieza a temerse que no va a encontrar los argumentos pro-Fulgen que buscaba, reacciona con una sonrisa irónica al escuchar ese «ya no se puede decir nada» en boca de alguien que, obviamente, lo está diciendo.
–No sé de quién ha sido la iniciativa, pero, tanto si procede de nuestros alumnos como si es de algún miembro de este claustro, creo que es del todo improcedente que se haya colgado una bandera de colorines a la entrada del centro.
–Una bandera LGTBIQ+ –lo corrige Marc, que ahora mismo siente que lo detesta tanto o más que su Séptima.
–Una bandera que se puede poner el 28 de junio, el día ese del Orgullo, no digo yo que no, aunque yo soy hetero y no voy por ahí diciendo que esté orgulloso de ello, la verdad.
–El 28 de junio no hay clases, Fulgen –interviene Regina–. No ayudaría mucho ponerla cuando nuestro alumnado no está, ¿no te parece?
–Pues mira, Regina, a mí lo único que me parece es que esa bandera no representa a todo el mundo y que tiene un contenido claramente político.
Así que dudo que deba ser lo primero que se vea en cuanto entras en el centro.
Que figure durante algunos días en un espacio concreto y más discreto, como el rincón que se ha creado en la biblioteca, puedo entenderlo, sí, pero que el Maruja Mallo esté presidido por esa bandera, sinceramente, no.
Así que quiero que conste mi queja y mi exigencia de que se retire.
–¿PERDÓN?
La voz de Marc se confunde con el revuelo que se forma en cuanto Fulgen acaba su intervención.
En el rumor que han desatado las palabras del de Sociales se mezclan quienes le dan la razón (pocos) con quienes no dan crédito a lo que acaban de escuchar (la mayoría).
Yassir, consciente de su papel como jefe de estudios, se ve obligado a tomar nota de su exigencia, a la que le responde con la mayor concisión posible:
–Lo estudiaremos.
–Bien –sentencia él alzando mucho la voz para imponerse al resto–, porque, si no, me veré obligado a poner una denuncia en inspección. O hasta a hablar con los medios.
Regina sufre un pequeño escalofrío al oír esa amenaza.
En la inspectora confía, porque se conocen desde hace años y duda que sea tan rancia como para ponerse del lado de Fulgen. Pero en los medios…
Hay unos cuantos que estarían deseando convertir su instituto en titular.
Con lo que le gusta a la prensa el amarillismo.
Y más todavía si se puede criticar a los profesores. Y a los adolescentes.
Un dos por uno que la amenaza de Fulgen les pondría en bandeja a los cazadores de polémicas.
Regina lo sabe.
Y Yassir sabe que Regina lo sabe… Así que corta el tema lo antes posible y despide el claustro bruscamente, consciente de que la bandera, que con tanto orgullo (y nunca mejor dicho) han colgado esta semana en el hall, puede darles problemas.
O, más bien, UN problema: en singular y con nombre propio.