Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 141
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Capítulo 141

—A pártame ese cuchillo del cuello —dice jadeando, casi sin voz.

—¿De verdad es lo que quieres? —Una aventurera mano desciende por su cuerpo y se cuela más allá de sus pantalones—. ¿No has leído siete libros con una escena muy parecida a esta, vajza ime e egër ? ¿O eran ocho?

Se retuerce del gusto. ¿Te conozco o no te conozco, pequeña bestia?

En cuanto a mí, va a darme un puto ataque al corazón en cualquier momento.

—Han apagado el televisor —susurra sin dejar de cocinar, negándose a frotarse contra mi polla, aunque es lo que quiere.

—Pues vas a tener que estarte calladita.

—Serás…

—Todo un reto para ti teniendo en cuenta que tus gritos en el bosque siguen repitiéndose en bucle en mi cabeza —le muerdo la oreja y alcanzo su clítoris mientras el cuchillo resbala por su piel.

Empiezo a hacer círculos en su botón de placer y sus intentos de ignorarme flaquean. Uso el nacimiento de mi pulgar para presionar su clítoris con fuerza mientras dos de mis dedos se hunden en la humedad de su centro.

—Pero mírate. Te pongo un cuchillo en el cuello, pero tú te mojas igual —susurro con la adrenalina zumbando por mi garganta, muy pendiente de la suya.

Lamo su cuello metiendo y sacando los dedos.

—Esto no está bien —susurra mientras Sam y Aileen hablan de fondo en el comedor.

Dejo el puto cuchillo que me estaba poniendo más nervioso a mí que a ella, alcanzo el elástico de sus pantalones y de un tirón se los bajo hasta los tobillos. En cuanto vuelvo a frotarme contra su culo, esta vez sin barreras, estoy a punto de correrme.

—Discrepo, çmenduria ime . Esto está jodidamente bien.

Gime tan flojo como puede mientras acelero el ritmo de tortura en su clítoris, y machaco su punto G con mis dedos. El sonido húmedo de su coño me da mucha sed. Tanta, que quiero recuperar el cuchillo y usarlo en otras partes de su cuerpo. Por el filo, por el mango…

—Vas a correrte para mí, ¿a que sí?

— Adrien .

—Aun sabiendo que ellos están justo ahí. Sabiendo que me dejarías masturbarte sobre el cadáver de tu marido si hubiéramos tenido la oportunidad.

Sacude la cabeza con énfasis volviéndome loco.

Le meto un tercer dedo por mentirosa y le tapo la boca con la otra mano para amortiguar todo lo que sale de ella. Es tan perfecta. Tan retorcida. Y tiene el coño tan suave y encharcado.

Se retuerce contra mí y le tapo hasta la nariz.

El placer implosiona en su interior y yo estoy ahí para verlo.

—Eres mía, Clara. Toda mía. Y si te sigues portando mal conmigo la próxima cosa que te meta por el coño no será mi polla, sino mi pistola.

Ante mi amenaza, se corre en mis dedos como la buena chica que es y yo siento que la domo y la libero un poco más. Como si follándome al ángel liberara al demonio.

Porque la línea entre el bien y el mal es muy difusa y yo quiero que Clara se corra en ella.

—¿Cuántas tandas más vais a hacer? —pregunta Aileen haciendo que Clara dé un respingo.

—¡Esto es delicioso! —exclama Sam mientras yo meto mis dedos húmedos en la boca de Clara para que se saboree a sí misma.

El miembro se me hincha todavía más cuando ella los succiona y los limpia a conciencia.

—¡Una más! —dice Clara en voz bien alta, en cuanto vuelve a tener capacidad de habla.

Al terminar de convulsionar, no se sube sus shorts. Ni tampoco me mira con cara asesina. En cuanto apaga la llama de los fogones, se da la vuelta y dice:

—Enséñame la polla.

—¿Qué?

—Que me la enseñes.

—No —el infierno entero sabe que la única brizna de autocontrol que me queda son estos putos pantalones. Pero en mi mente ya estoy saboreando los pliegues de su bonito coño con el miembro, desde el glande a la puta base.

«Te follaré cuando te quites la máscara y sepas exactamente quién eres».

«Te follaré cuando te quites la máscara y sepas exactamente quién eres».

«Te follaré cuando te quites la máscara y sepas exactamente quién eres».

Clara frunce los labios frustrada, se pone de puntillas y empieza a frotarse contra mi erección.

El corazón me da siete saltos mortales.

—¿Qué estás haciendo? —Mi voz es un gruñido grave y ronco, pero ella no contesta. Solo se frota de arriba abajo contra mí, haciendo que pierda la cabeza—. Hostia, Clara .

—Podrías enseñármela.

—Podrías esperar a que me durmiera otra vez para meterme mano sin permiso.

Se frena un poco con la culpabilidad escrita en la cara. Pero enseguida sigue, decidida a llevar a cabo su plan. Sí, joder. Apoya las manos en la encimera a su espalda y aumenta la velocidad sin apartar la puta mirada de mí.

—Ni siquiera me pones.

—Ya lo veo. —Me muevo contra ella siguiéndole el juego.

—Me repugnas y me odio cuando estoy contigo.

—No, qué va. Te encanta, pero tienes miedo de reconocértelo.

Su cuerpo se contrae cuando se alza el top lo justo para dejar sus tetas a la vista y no sé cómo ahogo el gruñido que me nace en lo más profundo de mi garganta.

Le clavo los dedos en la piel moviéndola a mi antojo, usándola para mi placer mientras las vistas me vuelven cemento y lava a la vez. Es una lucha de cuerpos, de orgullos.

Joder, joder, joder. Qué buena está. Qué perfecta es.

Tal y como ella quería, me corro en los pantalones como un adolescente salido que descubre el porno por primera vez. El orgasmo es explosivo e intenso, demasiado para no estar dentro de ella.

Hostia puta, ¿qué me está haciendo esta mujer?

Bajo la guardia por completo y hace lo que quiere conmigo, corriéndose mientras me besa con la boca bien abierta. Tambaleándose me aleja de ella, se sube los pantalones y sirve la comida en un plato a la velocidad de la luz. O puede que yo vaya a cámara lenta. No me está llegando sangre al cerebro.

Clara se arregla el pelo y antes de salir con la cabeza alta de la cocina dice:

—Soy mía.