Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 136
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Capítulo 136

E l piso franco de Aileen al que nos dirigíamos ya no es una opción. Ragnar, un hombre que no deja de llamar a Adrien, lo ha repetido hasta la saciedad. No tengo claro cuál es el nuevo plan, puesto que nadie me lo ha dicho, pero ya tendré tiempo de insistir más tarde.

Está anocheciendo cuando nos bajamos del furgón y juro que tengo ganas de prenderle fuego al motel roñoso al que todavía no hemos entrado.

Miro a Liam. Ha estado encerrado en sí mismo desde que supo lo de Kenerick y sé que no está bien.

Me responsabilizo de su malestar, de no habérselo contado yo, de no haberme dado cuenta antes de quién era mi marido, de no ser la madre que un hijo como él merece. Mi cuerpo falló a Melisa hace tiempo, pero a Liam no dejo de fallarle yo.

—Tesoro, ¿puedo hablar contigo a solas un momento?

Liam asiente y los ojos de Adrien se clavan en mí. Señalo el bordillo de la entrada del motel para que sepa que no andaremos lejos y se mete en la habitación en la que están los demás, sin cerrar la puerta.

Estoy enferma, pero saber que Adrien está ahí dentro con Britney, aunque no estén a solas, hace que me pique el cuerpo de celos. De rabia. Y no ha habido ni un solo segundo en ese furgón que no haya soñado con cogerla del pelo y arrastrarla por ahí hasta dejarla calva.

Ignoro mis emociones como bien puedo, palmeo el asfalto y Liam se sienta conmigo en el suelo.

—¿Cómo estás?

Se encoge de hombros.

Espabila, por dios. Ni tú misma sabes cómo te sientes, ¿cómo va a saberlo él con nueve años?

—Era tu padre. Es normal si estás triste.

Tampoco dice nada. La idea de que mi hijo se esté rompiendo por dentro y no pueda alcanzarle me aterroriza, pero que entre en pánico no va a ayudarnos en nada a ninguno.

Así que las saco de mi bolsillo y le enseño las dos pulseras tobilleras.

Son blancas, hechas de bolitas de plástico.

Las conseguí en la última gasolinera en la que repostamos, junto con unos cuantos esmaltes de uñas.

—¿Qué es todo esto?

—Dijimos que decoraríamos la habitación de Melisa cuando Chloe se marchara y no tuvimos oportunidad de hacerlo. ¿Y si en vez de eso, pintamos estas pulseras tobilleras? Las llevaremos siempre encima y así nosotros…

—Nosotros seremos su hogar.

—Sí, esa es la idea. —Me trago el nudo de la garganta como puedo—. ¿Qué color te gusta?

La profunda mirada de Liam se vuelve dulce cuando los mira, pero su ceño se frunce más.

—Los quiero todos.

—¿Todos?

—Sí. Quedará muy alegre. Aunque yo no los vea del todo bien, ella desde el cielo sí.

—Me encanta la idea.

Destapamos todos los esmaltes de uñas y nos ponemos manos a la obra.

Haciendo malabares, pintamos las pulseras sin soltarlas de la única bolita que vamos a dejar blanca. Según Liam, esa la pintará Melisa desde las alturas.

Quedan preciosas, aunque dudo si acabaremos intoxicados por el olor químico de los esmaltes baratos.

—¿Intentó matarte? —pregunta al final, mientras esperamos a que se sequen balanceándolas un poco—. Mi padre.

—¿Sam te ha dicho eso?

Sacude la cabeza.

—¿Lo intentó? —insiste en saber.

Asiento porque no soy capaz ni de decir algo tan horrible.

Se le inundan los ojos de lágrimas y espanto, entonces sí me mira.

—Me alegro de que esté muerto.

El corazón me da un vuelco. No quiero que esas palabras le pesen el día de mañana, pero cuando me abraza, solo puedo devolverle el gesto.

Vamos a necesitar décadas de terapia, joder.