Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 129
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Capítulo 129

M e visto a toda prisa, con el temblor del placer sacudiendo todavía mis terminaciones nerviosas. Y lo hago sin ropa interior, ya que mi tanga ya no existe.

La cara me arde. El cuerpo también.

Tu hijo está a salvo y no gracias a ti.

Tu hijo está a salvo y no gracias a ti.

Tu hijo está a salvo y no gracias a ti.

Si Aileen y Adrien no hubieran aparecido, es probable que hubiéramos muerto. Y habría sido todo por mi culpa.

—¿Qué he hecho…? —me reprocho entre jadeos.

Soy una mala madre. Una mala persona.

Una batalla confusa y caótica explota en mi pecho y se me llenan los ojos de lágrimas.

Quiero salirme de mi cuerpo. Quiero revivir lo que acaba de pasar.

Quiero matar al hombre que está acabando con mi raciocinio y me está volviendo una víbora egoísta y codiciosa que solo piensa en su propio placer.

Encuentro la máscara en el suelo y la piso. Ni se inmuta.

La cojo e intento partirla con todas mis fuerzas. Ni siquiera se araña.

Troto hasta la carretera. Veo cómo los desconocidos se marchan y cuando Adrien me mira… Dios, por terrible que suene, quiero llevarlo de vuelta al bosque.

Me muerdo el labio para no decirle que quiero que se desnude y me embista contra los árboles. Que quiero que se corra dentro de mí hasta que su semen chorree por todos mis orificios.

—No voy a follarte.

—No te lo he pedido.

Me aguanta la mirada.

El estómago se me contrae y dejo de respirar anhelando que sus dedos rodeen mi garganta.

—¿Por qué no? —musito.

Su sonrisa ladeada y arrogante le queda muy bien, pero no es nada en comparación con la erección que parece a punto de romperle los pantalones.

Puta secuoya, en serio.

Se acerca a mí despacio. Mi pulso va tan rápido que el corazón me duele.

—Te follaré cuando te quites la máscara y sepas exactamente quién eres.

Quiero rebatirle que no soy yo quien la llevaba puesta, pero el nudo enorme que se ha asentado en mi tráquea no me lo permite. Tampoco sé por qué asiento. Debilidad postorgásmica, supongo.

Adrien vuelve al bosque, pero solo a por su máscara. No lo dice, pero lo sé, así que no le sigo. Solo le observo. Como si una parte de mí no tuviera claro que algo de esto es real.

—Sube —dice moviendo la cabeza hacia una de las motos.

Lo miro mientras esconde el resto de vehículos lejos de la carretera.

—Será una broma. —No contesta—. Adrien .

—Hazlo.

—¿A ese cacharro manchado de sangre? Si quieres que nos matemos hay formas más rápidas.

—Soy un buen conductor. Sube . —Ladea la cabeza cuando ve que no lo hago—. ¿Qué pasa, vajza ime e egër ? ¿No has tenido suficiente?

—¿Qué?

—Pues que si no recuerdo mal, a Ilaria se la follan entre dos en un asiento como este, en una moto impregnada de sangre.

—¿Le…? ¿Tú has leído la historia de Ilaria, Dante y Klaus?

—Es uno de tus libros favoritos —se encoge de hombros y si tuviera bragas, ahora mismo se me habrían caído hasta los tobillos.

Uno de ellos.

Como si se los supiera todos. Peor:

¡¡¡COMO SI SE LOS HUBIERA LEÍDO!!!

—¿Quieres probar?

—No. Quiero que te calles. Y que me digas qué narices significa eso que me llamas.

—¿Vajza ime e egër?

—Sí.

Dios, qué sexy. Debe ser el idioma más sexy del mundo. O quizá son sus labios. ¿Estoy respirando?

Asiente y palpa el asiento, retándome. Vamos que si no pongo el culo ahí, no me lo cuenta. No me gusta la idea de volver caminando, sobre todo teniendo en cuenta lo lejos que estamos y que mis piernas son ahora de gelatina.

En cuanto me acerco a él, mis pulmones se intoxican con su esencia masculina y adictiva, y sé que voy a perder la cabeza. En cuanto estoy colocada, se sube delante de mí y pone mis brazos alrededor de su firme abdomen. No gimas, ni se te ocurra gemir. Me muerdo el labio con fuerza y le oigo decir:

—Mi chica salvaje. Eso es lo que significa.

Arranca la moto y nos vamos.