Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Aileen Volkara
27%

Aileen Volkara

M i hermano conduce como si quisiera arrancar el volante y bastante por encima del límite de velocidad. Muy lento para mi gusto, dadas las putas circunstancias, pero al entrar en el FBI una aprende qué batallas merece la pena luchar.

—Venía solo —le digo desde el asiento del copiloto.

—Me he dado cuenta.

—Sabes lo que quiere decir.

—Todos sabemos lo que quiere decir —interviene Britney que por una vez no se está retocando la máscara de pestañas.

—¿Qué quiere decir? —pregunta Clara, alterada desde la última fila de asientos.

—Ey, peque, ¿te apetece escuchar la música de la que te he hablado antes? ¿Esa tan rockera? —propone Sam en tono amable pasándole sus cascos grandes, los que siempre usa cuando está hasta los cojones de nosotros.

Liam es un niño valiente, pero está asustado que no veas, así que acepta el escape que le ofrece el viejo Sam para evadirse de todo esto. Clara lo aferra contra su cuerpo, con la cara contraída por el miedo.

—¿Qué quiere decir? —insiste.

—No era uno de los hombres a los que pagó Kenerick —dice Britney, girándose hacia ella mascando chicle y regodeándose.

—Cállate —le ordena Adrien.

—No, quiero saberlo —insiste Clara.

—Le conviene saberlo —intervengo en voz baja solo para él, pero Britney lo oye y decide rematar la faena porque a veces mi amiga es una zorra sin escrúpulos.

—El tío que casi se carga a tu hijo no era un mercenario, esos nunca vienen solos. ¿Sabes quiénes sí? —se señala—. Agentes especializados lo bastante buenos como para acabar el trabajo en solitario sin llamar la atención.

Britney consigue lo que quería. Clara Ashcroft se queda más pálida que una muerta.

—¿Los que os quitaron el caso de Kenerick… ahora quieren matarnos?

—Solo a ti y al niño.

—¡Britney! —la regaño.

—A estas alturas ya saben que habéis huido y no hace falta ser muy listo para sumar dos y dos, y saber quién os está ayudando.

Los de arriba saben cómo enterrar un caso para proteger los trapicheos de los mandamases.

Y, bueno, ya sabes, muerto el perro se acabó la rabia.

Ha quedado claro que en esta historia Liam y tú sois el perro con rabia, ¿no?

—Sigue hablándole así y te empujo fuera del coche en marcha. —La amenaza de Adrien no cae en saco roto porque hasta el último de nosotros sabe lo en serio que lo ha dicho.

Por eso Britney enmudece y se empapa en sudor frío.

—Estáis en buenas manos, Clara —media Sam, sentado junto a la sembradora del caos—. Haremos todo lo que esté en nuestra mano por protegeros.

Sí. Con nuestra vida.

Espero que sea suficiente.