Está dentro de mí (Depredador Enmascarado 2) Capítulo 104
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Capítulo 104

C lara no parece ver a nadie cuando cruza la puerta de una de las habitaciones y deja a Liam sobre la cama. En cuanto cierra la puerta tras de sí, sale escopeteada hacia el aparcamiento.

—¿Le echas un ojo a Liam? —le pido a Sam y ocupa una silla frente a la puerta, conforme.

No es que yo sea fan de los niños. Pero Liam es hijo de Clara, eso lo convierte en intocable solo por tener un pedacito de ella dentro .

—Traeremos algo de desayuno —me despido.

—Me parece un buen trueque.

Aileen me lanza una mirada de advertencia para que me lo tome con calma, pero no lo voy a hacer.

—¡Hijo de puta! —la oigo chillar.

Troto hasta girar la esquina y la veo zurrando una máquina expendedora. Pateándola y gritando. En cualquier otra situación me pondría cachondo verla fuera de sí.

Me pongo en medio y me llevo un par de hostias.

—¿Es perturbador que me reconforte saber que eres capaz de hacer daño? —murmuro.

—¿Qué?

—Cálmate, pequeña bestia.

—Kenerick… y la casa… y el veneno… y el médico… y todo ha salido ardiendo y… Me voy a volver loc…

La beso y gime por la sorpresa. Se petrifica durante un instante, pero al siguiente ya me está besando con fiereza.

La adrenalina zumba de mi polla al corazón cuando Clara se frota contra mí como una gata en celo.

Sabe a mi puto paraíso y como no quiero que se escape, la cojo de la nuca y la atraigo hacia mí para poder comerle la cara en condiciones.

Su cuerpo se entrega a mí como si no necesitara respirar, joder.

Su forma de besar es demencial, perfecta. Es mi jodida droga.

—Tienes un piercing en la lengua —jadea antes de clavarme los dedos en los brazos y aferrarse a mí.

¿Tanto le gustó nuestro primer beso que ni se dio cuenta?

Estoy a punto de admitirle hasta dónde quiero explorar con mi piercing cuando me besa profundo, lento y intentando ganar la lucha de nuestras lenguas.

Nunca va a ganar esa batalla. Es cuando la froto con la puta tienda de campaña que me ha creado, cuando se aparta.

Me empuja y gruñe con rabia, pero apenas consigue moverme.

—¡¿Qué crees que estás haciendo?!

—Puedes usar mi boca como ancla cuando sientas que pierdes el contacto con la realidad. O si lo prefieres, puedo morderte otra vez… —le acaricio los costados y ella me da un bofetón.

La cara me arde unos segundos. Cuando vuelvo a mirarla, tiene los ojos llenos de lágrimas.

—¿Pero tú quién te has creído que eres para besarme? ¿Te he dado permiso? ¿Es para esto para lo que me has sacado de esa casa en llamas? ¿Para abusar de mí?

Le agarro de la muñeca y aplasto ambas contra la pared. Acerco mis labios a los suyos

—¿Abusar de ti?

—No. Me. Beses.

—No lo haré, no hasta que te mueras de ganas por comerme. Pero quizá te convendría decirle a tus pezones que esto no te encanta tanto como a mí.

—No tienes ni idea de lo que a mí me encanta o deja de encantarme.

—Sé que te gusta frotarte las piernas hasta correrte mientras un enmascarado te obliga a beber su sangre.

Abre mucho los ojos y deja la boca entreabierta, siendo lo más apetecible que he visto en mi vida. Nunca he tenido esta clase de apetito por nadie, pero eso ella no lo sabe. Igual que tampoco sabe que llevo siendo su sombra desde hace bastante tiempo.

—M-más te vale —susurra un gruñido adorable y valiente.

—Si has acabado de tener un colapso mental, nos vamos. —Entrelazo su mano con la mía, todavía con su delicioso y cálido sabor en mi boca.

Tiro de ella, pero se zafa de mí.

—¡No voy a ir a ninguna parte contigo!

—Yo creo que sí —vuelvo a cogerla, pero ella…—. ¡¿Acabas de morderme la mano?!

—¡No voy a irme sin mi hijo! ¡No voy a…!

Tiro de ella contra mi cuerpo y la inmovilizo porque me encanta cómo huele su piel, porque la necesito cerca y porque es muy temprano para tanto griterío.

—Las rodillas quietas, çmenduria ime —digo cuando intenta golpearme—. No me gustaría que la primera vez que me metieras mano fuera de una forma tan violenta.

—Eres un…

—Ahora escúchame, pequeña bestia.

—¡No quiero escucharte! ¡Quiero que me sueltes y te vayas a la mierda!

—No.

—¡Todos sois iguales! ¡Psicópatas!

—Si no te calmas tú, te calmaré yo —advierto.

No sé lo que se imagina, pero el miedo la deja blanca.

Haría bien en temerme.

—Buena chica. Clara, tu hijo no puede verte así o le asustarás. Tienes que asimilar lo que ha pasado y yo voy a ayudarte con las respuestas que necesitas. Así que deja de atacarme y empieza por agradecer que anoche te salvara la vida.

Aparto la mano cuando deja de revolverse y le limpio una lágrima que se le ha desbordado de sus bonitos ojos enrojecidos. Ella me deja. Me está poniendo morros, pero me lo permite.

Me alejo un paso para que se recomponga y cuando voy a alcanzar su muñeca me gruñe otra vez. Aunque me jode que no me deje tocarla, me curva la sonrisa. Es tan peleona.

— Vajza ime e egër.

—¿Qué me has llamado?

—Nada. Si no quieres que te lleve de la mano, camina.

Por primera vez decide mover el culo y hacer algo de lo que le pido.

Joder, no queda nada de la Clara recatada, con perlas y un palo metido por el culo.

El fuego ha sacado a la leona que tenía encerrada dentro y me da que va a hacer conmigo lo que quiera.