Capítulo 16
DIECISÉIS
RAVEN
Aiden hacía tiempo que se había ido al trabajo, pero mi piel seguía calentándose cuando pensaba en todo lo que habíamos hecho desde el amanecer.
No era de extrañar que mi mejor amiga leyera tanto contenido erótico.
Si era la mitad de bueno que jugar con Aiden, estaba decidida a pedirle más recomendaciones a Athena.
Mi esposo dejó las llaves de varios de sus vehículos en el garaje, dándome la opción de elegir entre los que tenía, pero mis habilidades para conducir eran peores que mis habilidades para cocinar, así que opté por un Uber.
El conductor me llevó al banco donde saqué una cantidad considerable de dinero; aún estaba por determinar el gasto y, justo antes del mediodía, llegué al edificio de mamá en Brownsville, New York.
Desde afuera parecía triste, pero desde adentro era aún peor.
Necesitaba desesperadamente ser demolido.
Había una razón por la que éramos los únicos residentes, con las otras tres unidades vacías desde que mamá se mudó hacía casi dos años.
A pesar de sus problemas estructurales (y estéticos), había servido de hogar para nosotras, pero no lo sería por mucho más tiempo.
Gracias a Aiden, nos iríamos de aquí para siempre.
Por primera vez en mi vida, entré al edificio más ligera que nunca.
Prácticamente subí volando las escaleras y luego abrí la puerta de golpe, lista para contarle la noticia a mamá.
Seguramente, después del shock inicial de mi repentino matrimonio, estaría encantada de mudarse a un lugar mejor.
Quizás esto significaría que por fin podríamos echar raíces.
Todavía me sentía dividida, de un modo que me dolía el pecho.
Cada pensamiento de Aiden despertaba calidez, un tirón que no podía negar, pero a la vez había un anhelo inquieto por París y la vida que había imaginado con mis amigas, compartiendo con ellas la experiencia de los años universitarios.
Cuanto más pensaba en dejarlo todo, más se retorcía un extraño pánico dentro de mí.
Él me gustaba mucho, de verdad, quizás incluso lo quería, pero también me encantaba la idea de perseguir mis sueños, de vivir una vida de la que no me arrepintiera.
Y en esa contradicción, me sentía pequeña, egoísta y completamente humana, atrapada entre dos deseos que ambos exigían mi corazón.
Sin embargo, había un consuelo: saber que mamá estaría segura y cómoda, tal y como Aiden había prometido. Eso por sí solo hizo que renunciar a mis planes para Europa valiera la pena.
Resuelta y decidida, entré en el apartamento y me quedé paralizada al ver la cara de mi madre.
Estaba de pie en medio de la sala, con la piel pálida como la muerte y las manos apretadas en puños a los lados. Me miró con una expresión de puro terror. ¡Ay, carajo!
—Uh, yo… —Me quedé en silencio, sin saber qué decir.
—Pensé que te había enseñado a mantenerte alejada de los hombres peligrosos.
Bueno, entonces, ella lo sabía.
—P-pasó tan de repente —dije débilmente, sin molestarme en señalar que realmente no me había contado mucho cuando estaba sobria—. Pero Aiden, él… Ese es mi esposo. Quiere ayudar.
—Lo dudo —lanzó con sequedad—. Cierra la puerta y siéntate.
Fue como un déjà vu desde la noche en que acabé casándome. Solo esperaba que ese día no terminara con el encubrimiento de un funcionario del gobierno asesinado. Un crimen del que, ahora que lo pienso bien, técnicamente era cómplice.
La puerta se cerró de golpe tras mí. Me arrastré hasta el sofá y me senté, sorprendida por lo raro que era ver a mi madre sobria, estable e inconfundiblemente al mando.
Pero fue la energía turbulenta que disparaba rayos de sus ojos lo que me inquietó.
Era casi como si estuviera viendo a una persona completamente diferente en su cuerpo.
Cuando no dijo nada y siguió viéndome con esa mirada dura, me retorcí incómoda en mi asiento.
—Realmente no tenía elección.
—Yo también pensé lo mismo una vez. —Me dedicó una sonrisa amarga y empezó a pasear de un lado a otro—. Es como ver el pasado repetirse y, lo peor de todo… Ahora estamos expuestas.
—¿Expuestas? —repetí con voz ronca—. ¿Qué quieres decir?
—Se suponía que debíamos pasar desapercibidas —murmuró, pasándose la mano por el cabello—. Él pensaba que estábamos muertas y ahora…
Caminó por la sala, mirando debajo del sofá y las sillas, alrededor del mueble de la televisión, de las lámparas, por todas partes.
Quizá me equivoqué y ella estaba borracha. O peor aún, había recurrido a las drogas.
—Mamá, ¿qué haces?
No dejó de revisar, y con cada segundo que pasaba, mi pecho se apretaba más. Era como si hubiera perdido la cabeza.
—Por favor, para —pedí—. Me estás asustando.
Finalmente se detuvo delante de mí y me lanzó una mirada fulminante.
—Bien. Debes tener miedo, porque ahora que tu padre sabe que estamos vivas, nunca se detendrá. —Apretó los puños—. Tenemos que desaparecer otra vez. O, mejor dicho, tú necesitas desaparecer. Hoy. Tu padre no puede ponerte las manos encima.
Me costaba procesar sus palabras, el significado de ellas flotando en el aire, cortante e irreal. La miré fijamente, esperando que dijera que bromeaba o ver señales de que estaba borracha. Pero definitivamente no lo estaba. Sus ojos eran demasiado claros y su expresión en extremo sombría.
Se me hundió el estómago al asentarse el significado: iba en serio.
Parecía que todas mis sospechas sobre mi padre eran ciertas y mucho peores, a juzgar por el terror en el rostro de mamá.
—¿Por qué? —susurré, sus palabras avivando poco a poco el pánico dentro de mí—. ¿Qué quieres decir con desaparecer?
—Es sobre tu padre…
—¿Qué hay con él? —pregunté, teniendo dificultad para seguirla.
—Que se joda ese bastardo. —Me estremecí ante el odio que impregnaba su voz—. Lo envié a la cárcel hace mucho tiempo, y ahora… nos encontró gracias a los Callahan. Viene tras nosotras, Raven.
Parpadeé, sin entender. Era como si hablara en griego.
—¿Qué… De qué hablas?
—Nos ha estado persiguiendo durante años. Cariño, había una razón para mudarnos constantemente. Todo fue por su culpa. Me va a matar, Raven, y quién sabe qué te hará a ti.
Negué con la cabeza.
—¿Qué? ¿Por qué?
—¡Tu padre es un lunático! —gritó.
—Debes estar bromeando.
—¿Te parece que estoy bromeando?
Giré la cabeza rápidamente, revisando cada superficie en busca de botellas vacías, cualquier cosa que pudiera hacerme entender su comportamiento. No había nada, pero mi mente seguía luchando por encontrar una solución sencilla. Cualquier cosa que indicara que no estábamos en una situación grave.
—Eso no puede ser verdad porque… porque…
—Me quedé en silencio, necesitando creerlo por el bien de las dos.
Mamá tenía que estar perdiendo el control porque estaba preocupada por mi matrimonio con alguien como Aiden Callahan.
Sí, tenía que ser eso—. Mi padre está muerto —dije, y luego añadí, titubeando—: ¿N-no es así?
—¿De verdad crees eso? —chilló—. ¿Por qué crees que nos hemos mudado tanto a lo largo de los años? ¿Por qué nunca hicimos amigos ni tuvimos familia? —Me quedé paralizada—. El internado fue mi condición para la DEA cuando delaté a tu padre.
—¿Qué…? —La miré como si fuera una extraterrestre—. ¿Por qué tendrías un trato con la DEA?
Se pellizcó el puente de la nariz.
—Porque sabía que necesitarías algo de estabilidad. Mudarse constantemente era duro para un adulto, y mucho más para una niña. Querían encerrar a tu padre por sus negocios de drogas, y yo exigí doce años de internado y colegiatura pagada a cambio.
Todo esto parecía demasiado para asimilar.
—Si está en la cárcel, ¿por qué tenemos que huir? —seguí preguntando.
Una risa amarga escapó de sus labios, aguda y sin humor, mientras sus ojos seguían reflejando terror.
—Fue liberado hace diez años. —Se rio entre dientes—. Parece que el mafioso escocés fue liberado por buen comportamiento y volvió a Escocia para gobernar su imperio mientras sus matones me buscaban por todo el mundo.
Poco a poco, su miedo empezó a tener sentido.
—¿Lo entregaste porque era un… mafioso?
La palabra sabía extraña, anticuada, demasiado pequeña para el daño que describía.
Quizá mis valores estaban distorsionados, pero yo no lo habría hecho.
La sangre y el miedo eran más densos que la justicia, al menos para mí.
Y si ella realmente lo había delatado, entonces Aiden no tenía ninguna oportunidad.
—Lo delaté porque era un bastardo que me maltrataba y tarde o temprano iba a matarme.
Y a ti… Te usaría para ganar más poder. —Un alivio me invadió por el bien de Aiden y por mí.
Si mi padre era abusivo y le hacía daño, ella tenía todo el derecho a traicionarlo—.
Y ahora te casaste con un maldito mafioso que está más que dispuesto a usarte de la misma manera, así que has firmado tu sentencia de muerte.
—No, Aiden me protegerá… a nosotras de todo. —Levanté mi dedo—. Mira, me dio un anillo.
—Todos son iguales, y su tío Jack fue muy claro. La única razón por la que no te mataron es porque eres una Lyons, pero esa protección no se extiende a mí.
—No… —Exhalé, mi corazón latiendo tan fuerte que no podía oír nada más.
—¿Por qué me mentiste, hija? —La voz de mamá no estaba cargada de acusación, solo de resignación—. ¿Por qué ibas a trabajar a un club de striptease que pertenecía a la Mafia Irlandesa?
Mis hombros se hundieron, la culpa clavándose en mí.
—Pensé que sería una forma más rápida de ganar dinero —admití—. Pero no estaba… desnudándome, y llevo dos semanas sin trabajar allí.
Soltó una risa amarga.
—Desde la noche en que te casaste con Aiden Callahan.
—Sí. —Tragué saliva—. De verdad pensé que estaba haciendo lo correcto. Lo siento mucho, mamá.
—Es mi culpa —musitó mientras retomaba su paseo de un lado a otro—. Estaba tan empeñada en olvidar, y te fallé.
Negué con la cabeza.
—No me fallaste, mamá. Lo has estado haciendo todo sola y yo… —Metí las manos en mi cabello, jalándolo como si fuera a surgir una idea que nos salvaría de este aprieto—. ¿Quizá podamos negociar? Vi a los Callahan matar a un alcalde, así que usamos eso para mantenernos a salvo las dos.
—¿Los chantajeamos?
—Sí.
—Raven, no podemos chantajear a los mafiosos —alegó exasperada—. Es una forma concreta de acabar muerta. Yo ya estoy muerta, pero tú… Tenemos que salvarte.
—No, no, no —protesté—. Apelaré a Aiden y le haré ver que la única forma de tenerme es asegurándome de que estés a salvo y con nosotros. —Eso funcionaría. Tenía que. Después de todo, hasta este momento, había sido muy considerado—. Él mencionó mudarte a un lugar mejor, más cerca de su penthouse.
—¡A una puta tumba!
Me daban demasiada información y me costaba procesarla.
—Dijiste Lyons. ¿Qué quisiste decir?
—Ese es nuestro apellido, Raven. —Un sollozo se le atoró en la garganta y las lágrimas le corrieron por la cara—. Soy la esposa de Duncan Lyons, el mafioso más famoso de Glasgow, y tú eres su hija.
—N-nunca he oído ha-hablar de él —tartamudeé—. Y creo que sabría si mi apellido fuera Lyons.
—Bajo el programa federal de protección a testigos, nos dieron nuevas identidades. ¡Pero tu estúpido matrimonio nos ha vuelto a poner en el radar! Nos condenaste a ambas.
Iba a vomitar.
Mamá se paró frente a mí y puso sus manos en sus caderas.
—Tienes que largarte de aquí antes de que aparezca Duncan, maldita sea.
—Pero él no sabe dónde vivimos, ¿verdad? —Tomé su mano entre las mías—. Podemos explicárselo todo a Aiden y él se asegurará de que su familia mantenga el secreto.
—Es demasiado tarde. ¿Por qué crees que Aiden Callahan se casó contigo? Quieren las conexiones con la Mafia Lyons que vienen como tu derecho de nacimiento.
Negué con la cabeza.
—No, él no sabe…
—Sí, lo sabe —me interrumpió—. Jack Callahan vino a visitarme.
—Clavó sus uñas en mi piel—. Ya contactó a tu padre para trabajar en aprovechar tu matrimonio con su familia.
Jack sabe que fui yo quien envió a Duncan a la cárcel.
Delatar es el peor tipo de traición en la mafia. Los Callahan no me protegerán.
Mis hombros se hundieron.
—Pero…
—Reacciona de una puta vez, Raven. Son criminales igual que tu padre, y no dudarán en matarnos cuando consigan lo que quieren.
—¿Qué…? —Cerré los ojos de golpe y tomé mi cara entre mis manos, reprimiendo el sollozo que quería escapar. No entendía ni un poco toda esta información, era demasiado.
—Tienes que huir, Raven. Desaparecer. Estar muerta para el mundo.
—Mis hombros se tensaron y las lágrimas empezaron a correr por mi rostro—.
Sé que debería haberlo hecho mejor. No fui una buena madre, lo sé, pero eres la persona más importante para mí.
Prométeme que, pase lo que pase, te alejarás de todos ellos.
—¿Quién… qué…? —Me agarré el pecho, intentando calmar el dolor que se formaba ahí—. ¿Cómo?
Las palabras salieron de mis labios en un susurro, sin saber qué me estaba pidiendo.
—Tendrás que morir —susurró—. Empezar de nuevo, pero esta vez no puedo ir contigo.
—Pero… Pero… No puedo dejarte.
—Tendrás que hacerlo. ¿Recuerdas nuestro P.O. Box? Ve allí, toma el dinero. Hay documentos para viajar…
—No.
—No tenemos tiempo para discutir, cariño. —Me acarició las mejillas, su rostro manchado de lágrimas suavizándose por primera vez desde que entré al apartamento. Todo el fuego la había abandonado—. Yo ya viví mi vida y…
—Para nada —repliqué—. Eres joven. Todavía tenemos mucho que hacer y ver juntas. No puedo dejarte.
—Dame tu anillo —exigió, con la mirada fija en mi dedo anular.
—¿Qué? —Pero ya se lo estaba dando.
Me agarró del codo y me ayudó suavemente a ponerme de pie, inestable.
—Tienes que irte antes de que tu padre termine el trabajo que empezó hace diecinueve años.
Me costó procesar lo que acababa de descubrir.
Mi padre quería matar a mi madre y usarme.
Los Callahan me dejaron con vida solo porque de alguna manera se enteraron de mi conexión con Duncan Lyons, un hombre del que nunca había escuchado antes.
Y lo que más hizo que me doliera el corazón…
Aiden Callahan me usó para beneficio de su familia.
Todo se estaba desmoronando.
Se me revolvió el estómago y tropecé, cayendo de rodillas.
—Contrólate, hija —comentó mamá, con la voz temblorosa igual que todo mi cuerpo.
—No puedo… no puedo hacer esto sin…
Mis palabras se vieron interrumpidas por un fuerte tic-tac. Lo último que sentí fue el cuerpo de mi madre encima del mío.
Y entonces… ¡Boom!