Epílogo
Paula
Nueve años más tarde…
—Feliz cumpleaños, cariño —le deseé a Héctor.
Terminé la felicitación con un beso en los labios, el que mi marido alargó todo lo que pudo, porque nuestros amigos se metieron por medio.
—¡Qué corra el aire! —gritó Ismael.
—¡Qué es su cumpleaños, no vuestro aniversario! —continuó Sergio.
—¡Felicidades! —Aplaudió Aroa.
Terminamos todos riendo, ya que los comentarios continuaron y cada uno sacó su ingenio.
—Papi, papi…
Héctor y yo sonreímos, girándonos hacia Lía, nuestra hija de cuatro años.
Héctor la cogió en brazos y la sentó en sus piernas. La pequeña rio feliz, cuando él comenzó a darle besos por toda la cara.
Nuestro otro hijo, Izan, de siete años, estaba jugando en el jardín con los hijos de nuestros amigos, los más mayores.
Estábamos en nuestra casa, lo que es lo mismo que decir mansión. Hablo de la que en el pasado fue de Héctor, la misma en la que nos conocimos cuando yo estaba trabajando en ella, para reformarla y decorarla, junto a mi amiga y compañera Nadia.
Quién me iba a decir por aquel entonces que estaba trabajando para nuestra familia, en el que sería nuestro hogar.
La otra casa en la que vivía Héctor cuando nos conocimos, la vendió, al igual que hice yo con la mía. Durante un tiempo las mantuvimos, hasta que comenzamos a contemplar la posibilidad de lo que era mejor, si alquilarlas o venderlas. Ya sabéis qué opción elegimos para ambas.
Yoda y Leia aparecieron en el porche, para quedarse cerca de Lía. Allí donde estaba la pequeña estaban ellos. Son inseparables de nuestros dos hijos; sin embargo, por Lía sienten una unión especial. Tal vez se deba a que es la menor y la más indefensa.
Ray andaba por el jardín, seguramente detrás de los demás niños. A protectores no les gana nadie a nuestros perros.
Sobre la nueva distribución de esta casa en la que vivimos, de cómo quedó terminada con la decoración, debo decir que a Héctor le encantó el trabajo que realizamos. Como me dijo, con lo que estuve totalmente de acuerdo, quedó como si fuera otra vivienda diferente.
Héctor continúa trabajando de neurocirujano en el mismo hospital. Yo también sigo en mi trabajo de interiorista, a las órdenes de mi jefe Alejandro y junto a mi compañera y amiga Nadia, aparte de muchos más compañeros.
Nuestras profesiones nos van genial y seguimos disfrutando de ellas, aunque en el caso de Héctor no siempre sucede.
—Mami, pastel —me dijo emocionada Lía.
—Sí, cariño, pero todavía queda un ratito. Puedes ir a jugar.
—Vale.
Se bajó de las piernas de Héctor y se fue corriendo por el jardín, con Leia y Yoda siguiéndola de cerca.
Observé el gran porche, en él estaban todas las personas que queríamos.
Mis padres reían con la madre de Héctor y con Arturo. Los cuatro se encontraban sentados en un sofá ancho y cómodo.
Mis padres, Melisa y Ernesto, continúan igual entre ellos y de salud.
Están como siempre, solo han sumado unos años más.
Mi padre desde hace un año tiene la jubilación anticipada.
Está muy feliz con sus nuevas rutinas y pasa tiempo en la cafetería, haciéndole compañía a mi madre, en los ratos que ella va.
Sí, al final conseguimos que mi madre se relajara con respecto a la responsabilidad del trabajo y por fin, los que se encargan del negocio familiar, durante algunos días seguidos, son Rubén y Leti.
Mis padres aprovechan ese tiempo para viajar y para disfrutar de diferente manera, también con sus nietos. Algo que tienen más que merecido.
La cafetería sigue funcionando genial.
Elena, mi suegra, encontró en Arturo, años atrás, la pareja que la complementa, la respeta y la ama.
La madre de Héctor no esperaba encontrar el amor, para ella era impensable, pero este le llegó sin avisar cuando su camino se cruzó con el de Arturo, en un crucero.
Ella iba con sus amigas y él con los suyos.
El destino quiso que se encontraran y que ambos grupos congeniaran y se unieran para pasar el crucero juntos.
Todos acogimos a Arturo como uno más de la familia, se lo ganó por el trato que nos dio a todos desde el inicio.
Héctor se puso muy contento por su madre, porque lo único que ha querido siempre es verla feliz.
Arturo es un encanto de hombre, aparte de muy atractivo.
Hace una pareja perfecta con Elena. Están continuamente viajando y arrastran a mis padres con ellos, siempre que pueden.
Antes de entrar a hablar sobre nuestros amigos, os comento que Fabiana pagó por todo el daño que nos hizo.
Héctor llevó a cabo lo que le dijo en la sala del hospital, fue a por ella con todas las pruebas que consiguió y acumuló de Fabiana durante bastante tiempo del que estuvieron juntos.
Aún, hoy día, no sé bien por qué cargos la acusaron.
Lo importante es que pagó con la sentencia que dictaminó el juez y sé que fue a la cárcel.
Hasta ahí sabía de ella, ya no me interesaba nada más.
Yo, con no volver a verla, tenía más que suficiente.
Ahora sí, voy con nuestros amigos y sus vidas, a lo largo de los años que han pasado.
Comenzaré por Rubén y Gina. Mi mejor amigo y mi gran amiga, porque es en lo que se convirtió ella.
Desde que la vida les puso una dura prueba con el accidente de Gina y se dieron cuenta que querían estar juntos, no han vuelto a separarse.
Estuvieron varios años de novios, hasta que se casaron en una boda y celebración preciosas.
En sus trabajos continúan igual, Rubén en la cafetería de mi madre, como ya he comentado, y Gina en la empresa a la que fui a buscarla.
Por suerte Fabiana desapareció de allí, gracias a Héctor.
Cuando le conté a Gina lo de Fabiana, ella me dijo con pesar que no le extrañaba, ya que, en el trabajo, durante años, les hizo la vida imposible a varios compañeros.
Por suerte a Gina no le afectó y nunca tuvo que enfrentarse a Fabiana.
Rubén y ella tienen dos hijos, María y Carlos, de seis y tres años.
Belén y Eduardo, los padres de Gina, son unos abuelos increíbles, y unos padres para mi amigo.
Mi mejor amiga Aroa terminó encontrando trabajo.
Sucedió bastantes meses después, pero lo importante fue que consiguió entrar en una buena empresa en la que hoy día continúa.
Ismael sigue adelante con su profesión en el hospital, como Héctor.
Él consiguió que Aroa aceptara y gritara al mundo que quería tener una relación estable.
Ismael tuvo paciencia, ella se lo compensó con creces.
El caso es que los celos provocados con un propósito claro le surtieron efecto a Ismael.
Aroa cayó en lo que la esperaba con los brazos abiertos.
Son un matrimonio muy feliz que tienen una hija de siete años, Sofía.
Lo que se inició en mi antigua casa, la que tenía de soltera, fue creciendo a pasos agigantados entre Nadia y Sergio, y Leti y Mario.
Los primeros, Nadia y Sergio, siguieron tonteando días después de pasar aquel cumpleaños mío muy cercanos y acaramelados.
Los días dieron paso a los meses y cuando se dieron cuenta, no podían estar el uno sin el otro.
Nadia y yo continuamos haciendo equipo, siempre que no vamos por libre en el trabajo.
Mi amiga se casó con Sergio un año y medio después, viven felices con sus hijos, Mateo y Bruno, de seis y cuatro años, respectivamente.
Por último, están Leti y Mario. Ellos son la otra pareja que nos pilló por sorpresa.
Lo que comenzó como una broma y un pique, terminó siendo algo muy, pero que muy serio.
A los cuatro meses de estar viéndose, Leti se enteró de que se había quedado embarazada de Alba.
La pequeña llegó al mundo más pronto de lo esperado, para alegrarnos a todos.
Más tarde, al cabo de cinco años, lo haría Leo.
Mario y Leti están casados y planeando ir a por el tercer hijo.
No sabemos qué nos deparará la vida, pero siempre que nos mantengamos unidos podremos enfrentar y superar cualquier cosa.
La incertidumbre del futuro se hace más llevadera si tienes a tu lado a la persona que amas. La que te corresponde con la misma intensidad y te sigue mirando como si fueras el centro de su vida, sin importar el tiempo que haya pasado.