Capítulo XI. No hay miel sin dragón #4
Me lanzo hacia delante, pisando en el proceso a Jack y trato de alcanzar las cadenas de mis pequeños, pero él es más rápido y estira el brazo hacia atrás para evitarlo.
Al mismo tiempo, deja caer el hada que se apaga, Circe grita y Esplendor se gira y muerde a Jake.
El hombre también aúlla, le pega una patada a mi pequeña que la lanza al otro lado de la estancia y yo, con toda la fuerza de la que dispongo, lo golpeo en la cabeza con la escoba, que se parte.
El furtivo no se amilana, pero está furioso y me da un puñetazo en la cara que me lanza al suelo.
—¿Jack? —grita alguien desde la puerta en ese momento y, en mi aturdimiento, reconozco a Yolinda. ¿Qué está haciendo aquí? ¿El muy idiota de Jack ha quedado con su cita en mi casa cuando yo no estoy? ¿Y encima voy a perder la apuesta?
—¡Aquí, aquí! —grita Circe, que no sabe quién es, pero creo que piensa que cuantos más seamos en esta habitación, mejor.
—¿Pero no se supone que vivías sola aquí? —dice Jake y mira nervioso a la puerta.
Veo mi oportunidad.
—¿No te esperabas una fiesta de la victoria, eh?
Él me mira, enfurecido y dubitativo ante mi mentira, pero escucha los pasos de Yolinda acercándose y me mira a mí, que debo tener una pinta diabólica mostrándole las encías ensangrentadas.
Toma una decisión rápida. Coge a Nano en brazos de un tirón de la cadena, bien cogido por el cuello para evitar sus dentelladas al aire.
Creo que se ha dado cuenta que me importa más que Jack.
—De acuerdo —responde, caminando hacia mí.
Me pega una patada en el estómago y yo me hago bola para protegerme—.
Me marcho. Pero no lo haré solo. Tú me quitaste mi dragón, así que yo te quitaré el tuyo.
Y disfrutaré cada maldito segundo cuando le haga lo que tengo planeado. Será lento, soy un gran profesional.
Al mismo momento que Yolinda se asoma, Jake sale corriendo hacia la puerta que da al jardín que, ahora que me fijo, está abierta. Así que entró por ahí. Debería haber pagado la maldita cerca eléctrica.
Me levanto como puedo, ayudada por Circe y Yolinda, pero estoy tan tan furiosa que las aparto de mí y me dirijo al exterior, persiguiéndolo. Quizás crea que puede escalar las vallas que rodean mi centro y huir con mi niño. Maldita sea si voy a permitirlo.
No he querido usar este truco mientras estuviéramos dentro, pero el muy idiota acaba de salir por la puerta trasera. Le pego una patada mental al curso del control de la ira del ayuntamiento.
Sonrío cuando paso mi mano por encima del filo de la plancha de metal donde suelo parapetarme para sacar a mis dragones y dejo que abra un corte largo y profundo en mi palma.
La sangre comienza a manar y yo saco la extremidad herida al exterior, quedándome justo en el quicio.
Dejo que el líquido caliente empape la tierra de mi terreno.
No se hace esperar.
Primero la vibración, luego el estruendo y por último la destrucción absoluta.
La oscuridad se alza, inmensa, tragándose cielo y tierra.
La luna encuentra una pareja de conocidas, las dos de color carmesí, y parpadean, un tanto somnolientas.
Jake se detiene y mira hacia arriba, muy arriba, con la boca abierta.
Los dos ojos siguen acusadores a Jake, que ahora no es más que una mera migaja en un plato que se ha de consumir.
Sombra hace temblar la tierra tratando de salir de la cueva bajo tierra que le construí cuando aún era un pequeño dragón adorable. Ahora debe medir tres pisos de altura por lo menos, y su garra, que posa sobre el suelo como una mole inquebrantable, es dos veces más grande que yo.
Ruge y es como si un terremoto hubiera hecho su aparición.
Grandes trozos de terreno convulsionan y desaparecen en el interior de la tierra resquebrajada.
El suelo es inestable y Jake deja caer a Nano para mantener el equilibrio.
Mi chiquitín corre hacia mí y se lanza a mis brazos, pero yo estoy más pendiente de mi otro pequeño dragón.
Los árboles se caen y las vallas crujen cuando se deforman bajo el peso de mi niño grande.
Jake trata de huir, de ponerse a salvo, pero no es lo suficientemente rápido.
Sombra está despierto y odia ser despertado.
Ha olido mi sangre y sabe que esa cosa es una amenaza para mí, porque así lo he educado.
Invertí una pequeña fortuna en su adiestramiento, pero este momento lo vale.
Así que se agacha, raudo y, aunque Jake está gritando y haciéndome aspavientos que se asemejan sospechosamente a una súplica, Sombra abre sus fauces y lo hace desaparecer.
Tendré que darle un buen protector de estómago para que digiera esa basura.
—Así se cría un maldito dragón negro.
—¿No habría que llamar a alguien? —me pregunta Circe, mientras recogemos el estropicio interior.
Las vibraciones de la tierra han causado estragos también en la casa, dejando platos rotos, espejos inservibles, desparramado objetos y, en definitiva, haciendo un desastre total.
Al menos tiene mejor pinta que el exterior, que será declarado zona catastrófica por el seguro en cuanto amanezca y les contacte.
Sombra ha recibido su ración de mimos y cariños y ahora marcha satisfecho a buscar otros tentempiés, probablemente ovejas y vacas.
Los últimos años no ha salido de su madriguera y seguro que tiene un hambre de narices.
Quizás, cuando vuelva, le enseñe a identificar furtivos. Parece que le ha divertido la aventura.
—Estoy segura de que Devil ya se ha enterado —respondo yo encogiéndome de hombros, poniendo en su sitio el retrato de mis padres.
Ha quedado un poco torcido, pero ahora está más equilibrado respecto al delgaducho de mi padre—, pero pediré a Carla que mire en su casa, no vaya a ser que quede algún animalito encerrado por ahí.
No vaya a ser que mueran de inanición ahora que el cabrón no está.
A Jack le he dado un día libre. Tiene un buen chichón en la cabeza y estaba lívido cuando se ha marchado con ayuda de Yolinda, que parece aún más aparvada y asustada que de costumbre.
Ha pasado por mucho esta noche, pero para pasado mañana lo espero aquí puntualmente.
Le tendré preparado un buen montón de mierda para que limpie sin falta.
Porque la verdad es esa: no hay descanso para los criadores de dragones.
Trabajamos las veinticuatro horas del día, los trescientos sesenta y cinco días del año.
Y, aun así, a pesar de todo lo malo, de los problemas y quebraderos de cabeza, de los clientes idiotas, competidores traidores y puñales por la espalda, no lo cambiaría por nada.
Ni siquiera por ser proctólogo de ogros.
FIN
Agradecimientos
La fuerza de la naturaleza que ha traído Escupiendo Fuego a la vida ha sido mi madre.
Y no, no solo porque es la mujer que me dio a luz, sino porque ha sido su principal fangirl desde que la leyó.
No ha habido día en el que no exigiera su inmediata publicación, ni llamada que no aprovechara para exigir su presentación al mundo.
Creyó en el potencial de esta novela antes que la propia autora y por ello se merece el primer puesto en esta hoja de agradecimientos.
Quizás porque es la inspiración para el personaje de Elsa y ve mucho de ella reflejada.
Quizás porque los dragones son realmente adorables.
Quizás porque se ha reído con él.
Reírse debería ser deporte olímpico. En esta sociedad actual, donde las risas cada vez son más escasas, las personas capaces de seguir siendo positivas y lanzar una carcajada al aire son una especie en peligro de extinción.
Como los dragones. Espero haberte ayudado a menguar la tensión, reducir el cortisol, y liberar endorfinas, dopaminas y serotoninas suficientes para aguantar un día más a tu jefe.
Solo por la lectura de esta obra que sepas que has aumentado tanto tu ritmo cardíaco como si hubieras hecho una pequeña carrera, te has oxigenado el equivalente a un paseo por la montaña, has ejercitado más de trescientos músculos y activado el sistema parasimpático, que no me queda muy claro qué es, pero tiene el simpático implícito, así que ya me cae bien.
Eso si te he sacado al menos una carcajada, cosa que podría no haber ocurrido. Si has fruncido el ceño a lo largo de la lectura, tranquilo. Aún puedes encontrarle utilidad como rascador para gatos.
El otro segundo gran apoyo para soltar a la bestia a este incierto mundo fue mi marido.
¡Sorpresa! Creo que ha sido el único libro que recomienda a sus amigos.
En este caso, sé el motivo: es por la clara influencia de Sir Terry Pratchett.
Autor de Mundodisco, los fans encontrarán las inspiraciones de sus obras con facilidad.
He querido seguir manteniendo mi propio estilo, pero está claro que esta novela no sería lo que es sin Sybil Ramkin y sus dragones.
Como fan absoluto de Mundodisco, mi marido se rindió al fin a mis letras.
Lo que él no sabe, es que sus primeros días trabajando con nosotras inspiraron el personaje de Jack. Algunas situaciones pueden resultar exageraciones. Pocas.
Hay otro puñado de personas importantes para mí que quisiera mencionar.
Mis tíos, en especial mi tía Tzane, que es el ojo clave para las correcciones de este y mis otros libros. El filtro final, la mano correctora, la lupa que todo lo ve. Muchas gracias por tanto apoyo.
Gracias al resto de mi familia, hermanos, abuela, padre, primos, tíos… Ahí están todos, aplaudiendo mis triunfos y empujándome hacia delante de una patada si es necesario. También mi otra familia, Garazi, Argi, Pilar.
Germán. Echo mucho de menos tu risa.