Escape al amor (Rumbo al Oeste por Amor nº 3) Capítulo 19
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Capítulo 19

A l principio, Katie había pensado que aquellas palabras iban dirigidas a Darla. Pero cuando los labios de Jasper rozaron los suyos, no hubo duda de que se refería a ella. Un ceño fruncido surcó su frente incluso mientras escudriñaba su mirada.

—Pero… —Tenía tantas preguntas, tantas cosas que quería saber, pero antes de que pudiera pronunciar otra palabra, Lettie entró corriendo en la casa.

—¡Katie! ¡Jasper!

Lettie entró deprisa en la habitación y se detuvo en seco al ver a Jasper sosteniendo a Katie en sus brazos. Katie miró a Lettie, sintiendo un rubor teñir sus mejillas.

—Bueno, queda claro que aquí no hago ninguna falta —se rió Lettie—. Me llevaré a la pequeña y os daré algo de intimidad.

Jasper se apartó un poco, buscando con su mano la de Katie. —¿Por qué no te pones un vestido limpio y vienes a dar un paseo conmigo? Madre, ¿te harás cargo de Darla?

Lettie le guiñó un ojo a Katie. —Prometemos que no invitaremos a ningún oso a la fiesta de cumpleaños.

Katie soltó una risita, sintiéndose de repente cohibida con sus pololos. Jasper sostuvo su mirada por un momento antes de salir de la habitación.

Lettie cogió a Darla en brazos, pero se detuvo frente a Katie con una cálida sonrisa. —Si hubiera sabido que hacía falta un oso, habría atraído a uno a la cabaña hace mucho tiempo.

Katie no pudo evitar reírse, sintiéndose todavía abrumada por lo que acababa de suceder. Corrió a su habitación y se tomó un momento solo para recuperar el aliento antes de cambiarse de vestido. Una vez cambiada, y cuando su ritmo cardíaco volvió a la normalidad, salió fuera a buscar a Jasper.

Lo encontró de pie junto al lugar que ella había despejado para el picnic. —¿Planeando algo?

—Un picnic para el cumpleaños de Darla, pero ahora… ¿y si vuelve el oso?

Jasper sacudió la cabeza con una sonrisa irónica. —No volverá, pero haré unos cuantos disparos durante el resto del día para asegurarme.

Ella asintió, sin saber muy bien cómo proseguir.

El momento que acababan de compartir había sido tan especial, pero sentía como si no pudiera recuperarse.

Justo cuando pensaba que se había imaginado el amor en la mirada de Jasper, él se acercó a ella y buscó su mano.

Se la levantó y depositó un beso en el dorso antes de sonreírle.

—Demos un paseo tú y yo. Me parece que ambos tenemos cosas de las que hablar.

Katie asintió. Mientras caminaban hacia la pradera detrás de la casa, no pudo evitar darse cuenta de que, cuando el oso había amenazado a Darla, no le importó no ser la madre biológica de la niña; lo único que le importaba era proteger a su pequeña.

Su pequeña. El pensamiento rebotó en su mente y Katie supo que Darla nunca sería suya si su padre no la quería también a ella.

La pradera estaba repleta de brotes nuevos de flores silvestres. Jasper se detuvo en el borde y alzó la vista hacia las montañas. —Sabes, nunca quise volver a amar. Necesitaba una madre para Darla y sabía que tenía que mentir o nadie habría respondido a mi anuncio…

Katie suspiró. —Estaba tan enfadada…

—¿Sigues enfadada? —preguntó Jasper.

Katie lo pensó un momento antes de negar con la cabeza.

—No, ya no. Es una niña preciosa. —Katie frunció el ceño, dándose cuenta de que era hora de hacer su propia confesión—.

El motivo por el que estaba tan disgustada no era tanto que hubieras mentido sobre tener una hija, sino el hecho de tener un niño a mi cargo.

Me crié en un orfanato, Jasper, nunca quise tener hijos.

Pensaba que esta vida no traía más que desdichas, y no quería tener un hijo solo para verlo sufrir.

Jasper frunció el ceño y rozó su mejilla con el pulgar. —No solo desdichas, Katie. También amor y felicidad. ¿Crees que Darla siente desdicha y sufrimiento cuando te sonríe? Tú le das felicidad, Katie, igual que espero que ella te la dé a ti.

Katie no pudo evitar sonreír. —Lo hace, me hace muy feliz. Pero ella nunca será… Yo nunca seré…

Jasper frunció el ceño antes de escudriñar la mirada de Katie.

—Katie, eres su madre en todo lo que cuenta.

Puede que Darlene la pariera, puede que la tuviéramos por el amor que sentíamos el uno por el otro, pero tú eres la madre de Darla.

Eres la que se ha quedado en vela con ella por las noches, eres la que la calmaba cuando le salían los dientes y eres la que estaba a punto de atacar a un oso negro para protegerla.

Puede que no quisieras ser madre, pero te has convertido en una.

Katie sintió que una sonrisa asomaba a las comisuras de su boca al darse cuenta de que tenía razón. —Lo soy… ¿verdad?

—Lo eres, pero hay algo más que espero que también seas.

—¿Qué? —preguntó Katie, sin saber a dónde quería llegar. Podía tener esperanzas, pero no lo sabría con seguridad hasta que Jasper pronunciara las palabras.

—Espero que seas también mi esposa. Katie…

sé que me equivoqué, y me he disculpado ya demasiadas veces, pero quiero que seamos una familia.

Quiero sentir que somos una familia todo el tiempo y no solo durante unos minutos cada mañana cuando vemos salir el sol.

Quiero amarte y protegerte y, algún día, cuando estés lista, quiero tener más hijos contigo.

A Katie le pareció que el corazón le iba a estallar en el pecho ante sus palabras.

Era todo lo que podría haber deseado oír.

En un hombre al que antes nunca podía descifrar, de repente comprendió cada matiz de su rostro.

La sonrisa que se curvaba, esperando que ella dijera que sí.

El ceño que dudaba si lo haría. Sus ojos buscaban su mirada, rezando por una respuesta con la que pudiera vivir.

Una sonrisa empezó a curvar su boca mientras ella acariciaba esa mandíbula fuerte y cincelada.

—Jasper, yo no buscaba ser madre. Esperaba ser esposa, quizás incluso encontrar el amor, pero sobre todo encontrar un hogar seguro y vivir sin pasar hambre entre comida y comida.

Tú me has dado eso. Aunque no me hiciera gracia la forma en que lo hiciste, me lo diste.

Este lugar. El rancho, las montañas, tú y Darla y Lettie…

os habéis convertido en mi hogar. No deseo nada más que ser tu esposa…

en todos los sentidos de la palabra. Quiero saber que cuando me miras, no lo haces con desprecio o con culpa a causa de Darlene.

Quiero saber que cuando me besas, no es porque la extrañes a ella.

Quiero todo eso, pero no puedo vivir a su sombra.

Jasper suspiró y dio un paso atrás, bajando la vista al suelo.

Katie sintió que se le encogía el corazón, sabiendo que él no podía darle lo que ella más necesitaba.

Pero cuando de repente se giró y se encontró con su mirada, había risa en sus ojos.

—¿Sabes dónde estaba cuando vi al oso? Estaba con ella.

Fui a verla porque tenía algo que preguntarle, o decirle, mejor dicho.

Katie frunció el ceño, sin entender.

—Fui a decirle a Darlene que me he enamorado de ti. Que ella siempre será mi pasado y que siempre apreciaré su recuerdo, pero que yo quería que tú fueras mi futuro. No vivirás a su sombra, Katie, porque tú eres el amanecer que pone fin a mi duelo.

Las palabras eran tan poéticas viniendo de un ranchero que trajeron lágrimas a los ojos de Katie. —Yo también te quiero.

Se fundió en su abrazo y sintió que su corazón estallaba de amor. Puede que esta no fuera la vida que había imaginado, pero, como la mayoría de las bendiciones de Dios, era mucho mejor.

—Venga —dijo Jasper después de tenerla abrazada casi cinco minutos—. Vamos a celebrar el cumpleaños de Darla, porque todavía tenemos que pasar tus cosas a mi habitación.

Katie soltó una risita nerviosa mientras un rubor le teñía las mejillas. Puede que llevara seis meses casada, pero en aquel momento se sintió esposa por primera vez.