Escándalo en Hollywood 57. Hayden
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57. Hayden

Hayden

S ofía se sujeta el corchete de la espalda con una mano y, al cabo de un segundo, veo cómo el sujetador se suelta y baja.

Pero, cuando creo que está a punto de mostrarlo todo, con la otra mano coge el sombrero vaquero y se gira hacia sus fans, que la animan al grito de «¡Desnuda! ¡Desnuda!», cubriéndose con el Stetson de paja.

Se quita el sujetador, lo deja colgando en el aire y, a continuación, lo hace girar igual que lo haría un vaquero con su lazo y se lo lanza al público.

Tengo al menos siete personalidades distintas luchando en mi interior, pero, en cuanto la música se desvanece y los focos se apagan, mi versión posesiva se impone.

Mientras los gritos y los aplausos premian la actuación de Sofía, yo la cojo en brazos y me la llevo del escenario.

—Ya sé bajar sola —protesta.

—Lo sé —le digo—. No te he cogido en brazos porque no seas capaz, sino para que no lo haga otro.

—A lo mejor no te has dado cuenta de que careces de atribuciones para estar celoso.

En cuanto la dejo en el suelo, Sofía vuelve a cubrirse con el sombrero.

—¿Habrías preferido a otro en mi lugar? ¿Cómo al «ranchero», por ejemplo? Yo diría que no.

Pero, antes de que pueda responderme, el ayudante nos interrumpe.

—Sus propinas, señorita, y su ropa. La única prenda que no he encontrado es el sujetador, lo siento.

Sofía me planta los billetes delante de las narices.

—Gracias a mí, ahora tenemos gasolina para volver. Podrías darme las gracias, ya que has disfrutado gratis de un espectáculo.

—Sin mí aún estarías clavada en el escenario, sin dar un paso —le replico.

—La próxima puedes hacer tú el espectáculo, si crees que puedes hacerlo mejor. —Me pone el dinero en la mano—. ¡Cuéntalo, y dale su parte al camarero! Yo voy al baño a vestirme.

Sofía me da la espalda y se dirige a los aseos, mientras el tipo que está a mi lado la observa embelesado.

—¿Qué miras? El espectáculo ya se ha acabado —le indico.

—Cásate con ella, amigo.