Epílogo Naomi #2
Theo empieza a aplaudir antes de que el funcionario termine de declarar que estamos casados.
—Acabas de celebrar que una firma no haya provocado una crisis empresarial —señala Juliette mientras aplaude a su lado.
—Estoy evolucionando —responde Theo con orgullo.
Al salir del registro, los demás empiezan a organizarse para ir a Lumière. Dorian discute con Devon sobre qué coche llegará primero y Elsie intenta colocar al niño dentro del abrigo.
Estoy a punto de unirme a ellos cuando Alistair me sujeta suavemente de la mano.
—Quiero hacerte una pregunta —dice tomándome de la mano junto a las escaleras.
—¿Qué quieres saber?
Alistair baja la mirada hacia el certificado que llevo en una mano y después vuelve a mis ojos.
—¿Estás segura?
Comprendo lo que me está preguntando. No duda del matrimonio ni busca una garantía de que nunca me marcharé, sino que está admitiendo que ni siquiera esta decisión puede asegurarle lo que ocurrirá después.
—No —respondo.
El antiguo Alistair aparece durante una fracción de segundo en su expresión, pero yo sonrío y me acerco a él hasta que nuestros cuerpos se rozan.
—Estoy decidida.
Alistair comprende la diferencia y no vuelve a preguntar, ni intenta conseguir una promesa más segura. Me rodea la cintura y me besa.
—Vamos a llegar tarde a la reserva —protesta Dorian desde uno de los coches.
—Ninguna boda de este grupo puede terminar sin alterar algo —responde Juliette mientras entra en otro.
Cuando llegamos a Lumière, el fotógrafo intenta reunirnos frente a los ventanales antes de que comience la comida, pero nadie consigue conservar su posición durante más de unos segundos.
Dorian insiste en colocarse en el centro con su hijo en brazos.
Elsie intenta que ambos miren hacia la cámara mientras el niño tira de la corbata de su padre.
—Deja de decirle al fotógrafo dónde debe ponerse —protesta Elara cuando Devon señala un punto a la izquierda.
—La iluminación es mejor desde ese ángulo —responde él sin bajar la mano.
Amara alisa la falda de mi vestido y a su lado, Diana se ríe por algo que Max le susurra al oído. Juliette y Theo discuten sobre cuál de sus invitados provocó el primer desastre de su boda. Miles, por su parte, se acerca a Alistair y le da una palmada en el bolsillo de la chaqueta.
—Sigue sin llevar documentos —le confirma Miles.
—Empiezo a arrepentirme de haberte invitado —responde Alistair, apartándole la mano.
—Demasiado tarde. Ya he cenado aquí antes y sé lo que cuesta el menú.
Observo al grupo y recuerdo la fotografía tomada durante la primera boda. En aquella imagen, Alistair aparecía apartado junto a una columna, contemplando la historia de los demás como si mantenerse al margen pudiera protegerlo de sus consecuencias.
Esta vez está en el centro, con un brazo alrededor de mi cintura. No decide dónde debe colocarse cada persona ni pide que repitan la fotografía cuando Dorian se mueve en el último momento. Se limita a formar parte del desorden.
Yo tampoco me siento una invitada provisional. Pertenecer a este grupo no ha reducido mi independencia ni ha borrado la vida que construí antes de conocerlos. Solo he elegido compartirla.
El fotógrafo levanta la cámara y pide que todos miremos al frente. Antes de que pulse el botón, Alistair busca mi mano y yo entrelazo mis dedos con los suyos.
No podemos asegurar cuánto durará la calma, qué decisiones tendremos que negociar ni cuántas veces volveremos a equivocarnos. La diferencia es que ahora ya no necesitamos conocer el resultado para permanecer juntos.
—Tres, dos, uno… —cuenta el fotógrafo y yo miro a Alistair en lugar de mirar a la cámara.
No estoy segura de todo lo que vendrá, pero estoy decidida a vivirlo con él y esta vez no es por error.
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