Capítulo 14 Alistair
A las cinco y cincuenta y ocho de la mañana, la página del periódico continúa mostrando el aviso de publicación programada.
La actualizo dos veces, aunque sé que el sistema no adelantará el artículo porque yo lleve más de una hora sentado frente a la pantalla en mi despacho.
A las seis en punto, aparece el titular y, debajo, el nombre de Naomi.
El artículo demuestra que Marcus Vale manipuló el anexo de Meridian y utilizó una acreditación temporal para acceder al pasillo reservado del hotel.
No convierte a Lena en una denunciante inocente, ni oculta que su filtración anterior permitió a Marcus conocer nuestros procedimientos.
Explica los fallos de custodia de Hammond otros, porque los abogados les han explicado cuánto empeoraría nuestra posición si intentáramos conservar el beneficio o atacar a la periodista.
Finalmente, las cuatro propuestas quedan aprobadas.
Así que cuando termina la reunión, entrego mis credenciales ejecutivas.
Miles recibe la confirmación de que ya no puedo acceder a los sistemas internos, autorizar operaciones ni convocar al comité de inversiones.
Llevo años exigiendo que la empresa esté preparada para funcionar sin mí, pero nunca había querido comprobarlo.
—Su agenda ha quedado suspendida —dice Miles cuando salimos.
—Ya no es mi agenda.
Pronunciarlo no me produce alivio, pero tampoco la necesidad de llamar a Naomi para asegurarme de que se entera.
A mediodía, el artículo ya ha provocado lo que meses de discreción interna no consiguieron.
Dos antiguos empleados de Blackwell Pierce ofrecen correos relacionados con Marcus y una consultora confirma que recibió versiones incompatibles del mismo informe.
La empresa anuncia una investigación independiente y aparta a Marcus de sus funciones.
Poco después, las autoridades solicitan el teléfono que Lena conservó y los archivos completos de Hudson Capital.
La manipulación ya no puede presentarse como un error administrativo ni atribuirse a una instrucción mía.
Hammond & Rowe falló al custodiar el paquete, pero los nuevos registros respaldan que sus abogados desconocían la sustitución.
Lena tendrá que responder por la primera filtración, aunque sus advertencias posteriores también constarán en la investigación.
Sin embargo, ninguno de esos hechos me absuelve.
No haber falsificado el anexo no cambia que permití que se firmara.
Hudson Capital nunca recibió materialmente ese dinero, pero sí puede reservar una cantidad equivalente a los treinta y dos millones que evitó asumir.
A las cuatro, la directora ejecutiva interina me envía la confirmación del depósito en la cuenta restringida.
A partir de ahora, los auditores y las autoridades decidirán el reparto y las compensaciones.
Leo el mensaje sin intervenir, porque ya no tengo autoridad para hacerlo y, por primera vez, no busco una forma de recuperarla.
A las siete y veintidós, recibo un mensaje de Max.
Max:
Quedamos en el Nocturne a las ocho.
No es una invitación.
Llego a las ocho y dos minutos al Nocturne, donde Max, Devon, Brock y Dorian están ya sentados a una mesa apartada al fondo. El cuero oscuro y la música baja suelen conseguir que cualquier problema parezca negociable, pero esta noche ni siquiera Dorian finge que lo es.
—Llegas tarde —dice Devon cuando me siento.
—Solo dos minutos —señalo.
—Estamos intentando empezar con acusaciones menores —explica Brock—. Conviene dejar margen de mejora.
Max no sonríe y veo que tiene el artículo doblado junto al vaso y mantiene una mano sobre la página en la que Naomi reconstruye sus movimientos durante la boda.
—Vi a Marcus salir del pasillo —dice Max—. Después encontré la carpeta fuera del salón auxiliar y la llevé hasta donde creí que debía estar. No comprobé el contenido ni avisé a nadie.
—El artículo no dice que conocieras la sustitución —respondo.
—Dice que vi una anomalía y decidí que no era asunto mío. Creí que Theo y tú controlabais la operación, porque siempre lo controlabais todo.
Devon apoya los antebrazos sobre la mesa.
—No vas a cargar tú solo con el fallo de Hammond & Rowe. El paquete no debía salir de la cadena de custodia y nadie tendría que haber firmado sin comprobar que el anexo coincidía con la versión aprobada. Da igual cuántas copas hubiera, quién estuviera casándose o cuánto confiáramos en los demás.
—Yo era quien lo encontró —insiste Max.
—Y el bufete era responsable de que encontrar una carpeta fuera de sitio activara un protocolo, no una decisión improvisada de un invitado —replica Devon.
Brock gira su vaso entre los dedos, pero sin beber.
—Aquella noche convertimos todo en un juego. Las apuestas, las firmas, las habitaciones equivocadas... Nos comportamos como si ninguna decisión pudiera sobrevivir a la resaca.