Capítulo 17
El día que todo se rompió
El lunes comenzó con un silencio extraño en Nexus Labs.
Nadie bromeaba.
Nadie hablaba demasiado.
Los rumores habían recorrido todos los departamentos.
"El experimento terminará antes."
Los empleados no conocían el motivo, pero todos intuían que algo importante estaba ocurriendo.
Valeria llegó poco antes de las ocho.
Encontró a Nicolás sentado frente al servidor principal.
No estaba programando.
Solo observaba la pantalla apagada.
—Buenos días.
Él levantó la vista y sonrió.
—Buenos días.
Ella dejó su bolso sobre la mesa.
—¿Dormiste?
—Más o menos.
—Yo tampoco.
Durante unos segundos ninguno dijo nada.
Finalmente, Valeria habló.
—¿Lo revisamos?
Nicolás asintió.
Los dos sabían perfectamente de qué estaban hablando.
Encendieron el servidor privado.
Introdujeron sus credenciales.
Esperaron.
La barra de progreso avanzó lentamente.
Cinco segundos.
Diez.
Quince.
Cuando apareció el resultado, ambos dejaron de respirar.
Compatibilidad actual: 58 %.
Valeria dio un paso hacia atrás.
—No...
Nicolás cerró los ojos.
—Está ocurriendo demasiado rápido.
El algoritmo había cruzado un límite psicológico.
Ya no eran dos personas incompatibles.
Ahora estaban peligrosamente cerca de ser consideradas compatibles.
Y aún faltaban varios días para el final del experimento.
* * *
—No podemos seguir ocultándolo.
La voz de Valeria sonaba cansada.
—Lo sé.
—Emma tiene derecho a saber.
Nicolás apoyó las manos sobre la mesa.
—¿Y después qué?
Ella no respondió.
Los dos conocían la respuesta.
Los inversionistas cancelarían la campaña.
Modificarían el algoritmo.
Quizás incluso eliminarían todo el historial del experimento.
Era demasiado valioso para arriesgarlo.
* * *
Antes de que pudieran seguir hablando, la puerta se abrió.
Emma entró sin avisar.
Su expresión era completamente distinta.
Ya no parecía una directora de proyecto.
Parecía una fiscal.
—Cierren la puerta.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
Nicolás obedeció.
Emma colocó una carpeta sobre la mesa.
Dentro había impresiones de los registros del servidor.
—Ya basta.
Los dos permanecieron en silencio.
Emma los miró fijamente.
—¿Qué me están ocultando?
Nadie respondió.
Emma respiró hondo.
—He confiado en ustedes durante años.
Construimos esta empresa juntos.
Jamás les habría ocultado algo.
¿Por qué ustedes sí lo hacen conmigo?
Valeria bajó lentamente la mirada.
No soportaba mentirle.
Emma era mucho más que una jefa.
Había sido su mentora.
Su amiga.
La persona que creyó en ella cuando nadie más lo hizo.
Nicolás tomó aire.
—Porque teníamos miedo.
Emma frunció el ceño.
—¿Miedo de qué?
Valeria levantó lentamente la vista.
—Del algoritmo.
El silencio fue absoluto.
Emma pensó que había escuchado mal.
—Explícate.
Sin decir una palabra, Nicolás giró el monitor hacia ella.
Introdujo nuevamente los datos.
Esperaron.
La pantalla mostró el resultado.
58 %.
Emma tardó varios segundos en comprender lo que estaba viendo.
—Eso...
No...
No puede ser.
Valeria comenzó a explicarlo todo.
Las primeras variaciones.
El tres por ciento.
El siete.
El dieciocho.
El treinta y uno.
La actualización automática.
Las nuevas variables.
La predicción.
Todo.
No ocultó absolutamente nada.
Cuando terminó, la oficina quedó completamente en silencio.
Emma permanecía inmóvil.
Mirando la pantalla.
Como si hubiera dejado de escuchar el resto del mundo.
Finalmente habló.
—Así que...
El algoritmo está aprendiendo que las personas cambian.
—Sí.
—Y ustedes son la prueba.
Ninguno respondió.
No hacía falta.
* * *
Emma caminó lentamente hasta la ventana.
Miró la ciudad durante varios minutos.
Cuando volvió a girarse, tenía los ojos húmedos.
—¿Saben por qué acepté dirigir este proyecto?
Los dos negaron con la cabeza.
Ella sonrió con tristeza.
—Porque hace quince años...
Alguien me dijo que era incompatible con el hombre que amaba.
Valeria abrió mucho los ojos.
Emma continuó.
—Éramos completamente diferentes.
Discutíamos por todo.
Nuestras familias pensaban que estábamos locos.
Y un famoso terapeuta nos dijo que aquella relación jamás funcionaría.
Hizo una pausa.
—Le creí.
Nicolás permanecía inmóvil.
—Terminamos.
Dos años después él murió en un accidente.
Nunca tuve la oportunidad de descubrir si aquel hombre estaba equivocado.
Las lágrimas comenzaron a caer silenciosamente.
—Por eso creé MATCH.
Quería evitar que otras personas sufrieran tomando decisiones a ciegas.
Respiró profundamente.
—Y ahora resulta que mi propia inteligencia artificial acaba de demostrarme que yo también podía estar equivocada.
Valeria se acercó lentamente.
La abrazó.
Emma rompió a llorar.
Era la primera vez que alguien en la empresa la veía perder el control.
* * *
Esa misma tarde, Emma convocó una reunión con el consejo de inversionistas.
Esta vez estaban presentes Valeria y Nicolás.
El ambiente era tenso.
Uno de los ejecutivos tomó la palabra.
—Hemos revisado el informe.
Nuestra decisión es sencilla.
Los tres esperaron.
—El experimento termina hoy.
No dentro de cinco días.
Hoy.
Valeria sintió que el corazón se aceleraba.
—¿Qué?
Otro inversionista continuó.
—El algoritmo será reiniciado.
El historial experimental será archivado.
Y el porcentaje jamás será mostrado al público.
Nicolás se puso de pie.
—¡No pueden hacer eso!
—Sí podemos.
La empresa es nuestra.
Emma golpeó la mesa.
—¡No!
Todos la miraron sorprendidos.
Era la primera vez que desafiaba públicamente al consejo.
—Si destruyen esos datos...
Estarán destruyendo el descubrimiento más importante de la historia de esta compañía.
Uno de los ejecutivos respondió con frialdad.
—Estamos protegiendo el negocio.
Emma negó lentamente.
—No.
Están protegiendo una mentira.
* * *
La reunión terminó sin acuerdo.
El consejo se retiró para votar.
Tendrían una respuesta definitiva al día siguiente.
Cuando la sala quedó vacía, Valeria se dejó caer en una silla.
—Todo esto es culpa nuestra.
Nicolás negó inmediatamente.
—No.
—Si nunca hubiéramos hecho el experimento...
—Nunca habríamos descubierto la verdad.
Ella lo miró.
Tenía los ojos llenos de lágrimas.
—¿Y si mañana borran el algoritmo?
Él caminó hasta ella.
Le tomó suavemente las manos.
Por primera vez desde que se conocían.
No hubo dudas.
No hubo miedo.
Solo sinceridad.
—Entonces no importará.
Ella levantó lentamente la vista.
—¿Por qué?
Nicolás sonrió con una calma que jamás había sentido.
—Porque ya no necesito una pantalla para saber lo que siento por ti.
Las lágrimas comenzaron a deslizarse por el rostro de Valeria.
Durante semanas había esperado escuchar aquellas palabras.
Y, sin darse cuenta, también llevaba semanas deseando responderlas.
Pero antes de que pudiera hacerlo...
Todas las luces del edificio se apagaron.
Las computadoras quedaron en negro.
Los servidores dejaron de emitir su habitual zumbido.
Una alarma de emergencia comenzó a sonar en todo Nexus Labs.
Y, en el centro de datos, el algoritmo MATCH desapareció de todas las pantallas.
Alguien acababa de iniciar un borrado completo del sistema.