Capítulo 16
La predicción imposible
Emma cerró lentamente la puerta de su oficina.
Las persianas estaban completamente bajadas.
Nadie podía verla.
Volvió a mirar la pantalla.
El documento seguía abierto.
La inteligencia artificial había generado un informe sin que nadie lo solicitara.
Algo que jamás había ocurrido.
Respiró profundamente y comenzó a leer.
* * *
CASO EXPERIMENTAL 001
Estado actual: En evolución.
Compatibilidad inicial: 1 %.
Compatibilidad actual: 31 %.
Tendencia de crecimiento: Acelerada.
Nivel de confianza del modelo: 97,8 %.
Emma frunció el ceño.
Pasó a la siguiente página.
Entonces encontró una frase que la dejó completamente inmóvil.
"La incompatibilidad inicial fue una medición correcta para las personas que eran al comienzo del experimento."
Continuó leyendo.
"Sin embargo, ambos individuos están modificando voluntariamente patrones de conducta, mecanismos de defensa y hábitos emocionales."
Emma sintió un escalofrío.
La última línea era aún más desconcertante.
"Predicción: Si esta evolución continúa, la compatibilidad final superará el 90 %."
Durante varios segundos no pudo reaccionar.
Noventa por ciento.
Era imposible.
El algoritmo jamás había proyectado un cambio tan radical.
Nunca.
* * *
A cientos de metros de allí, Valeria llegaba a su apartamento.
Dejó las llaves sobre la mesa.
Se quitó los zapatos.
Y, casi sin pensarlo, abrió el cajón donde guardaba la rosa blanca.
Todavía seguía allí.
Ya comenzaba a secarse.
Sin embargo...
Le parecía más bonita que el día en que la recibió.
Sonrió.
Después se sorprendió a sí misma sonriendo.
—Esto se está saliendo de control...
Tomó el dibujo de Lucía.
Lo observó unos segundos.
La niña había dibujado un corazón enorme.
Y, debajo, dos figuras tomadas de la mano.
Aquella imagen parecía ridículamente sencilla.
Pero había algo en ella que desarmaba toda la lógica de Valeria.
Apoyó la cabeza contra el sofá.
Por primera vez en muchos años...
No tenía ganas de abrir la computadora.
Solo quería descansar.
Y pensar en Nicolás.
Cuando se dio cuenta de ese último pensamiento, abrió los ojos de golpe.
—No...
No puedo estar haciendo esto.
* * *
Nicolás tampoco podía concentrarse.
Intentó leer un libro.
No pasó de la segunda página.
Encendió una película.
La quitó a los diez minutos.
Incluso Newton parecía aburrido de verlo caminar de un lado a otro.
El perro terminó empujando una pelota con el hocico.
Nicolás sonrió.
—¿Quieres jugar?
Newton movió la cola.
Mientras lanzaba la pelota una y otra vez, recordó algo que Elena le había dicho la noche anterior.
"No esperes a que el miedo decida por ti."
Aquellas palabras seguían resonando en su cabeza.
¿Y si tenía razón?
¿Cuánto tiempo seguiría escondiéndose detrás del experimento?
* * *
A la mañana siguiente, Emma convocó una reunión con los principales inversionistas.
Nadie más fue invitado.
Ni Valeria.
Ni Nicolás.
La pantalla mostraba gráficos de crecimiento.
Usuarios.
Ingresos.
Expansión internacional.
Todo era un éxito.
Uno de los inversionistas sonrió.
—Nunca imaginé que una campaña pudiera funcionar tan bien.
Emma permaneció seria.
—Tenemos un problema.
Todos la miraron.
Proyectó el informe generado por la inteligencia artificial.
Pero ocultó la última página.
—El algoritmo está evolucionando más rápido de lo previsto.
Uno de los ejecutivos preguntó:
—¿Eso no es bueno?
Emma respiró lentamente.
—Depende.
Si el sistema concluye que sus propios creadores son compatibles...
Todo el mensaje de la campaña cambiará.
Otro inversionista intervino.
—¿Y qué importa?
La empresa gana igual.
Emma negó con la cabeza.
—No entienden.
La aplicación se venderá como una herramienta que ayuda a conocer personas.
No como una máquina que cambia vidas.
Si la historia termina con un noviazgo...
La gente creerá que el algoritmo crea el amor.
Y eso nunca fue nuestra intención.
La sala quedó en silencio.
Entonces el presidente del consejo habló.
—¿Qué propones?
Emma respondió con firmeza.
—Adelantar el final del experimento.
* * *
Aquella misma tarde reunió a Valeria y Nicolás.
Los dos notaron inmediatamente que algo no iba bien.
Emma fue directa.
—El experimento terminará cinco días antes de lo previsto.
Los dos se miraron sorprendidos.
—¿Por qué? —preguntó Nicolás.
—La empresa lo decidió.
Valeria sintió un mal presentimiento.
—¿Qué ocurrirá ese día?
Emma respondió:
—Harán una última transmisión en vivo.
El algoritmo mostrará el resultado definitivo.
Y ahí terminará todo.
Nicolás tragó saliva.
Si el algoritmo seguía creciendo...
Cinco días seguían siendo demasiado tiempo.
* * *
Al salir de la reunión, caminaron en silencio hasta la terraza del edificio.
Desde allí podía verse casi toda la ciudad.
El viento era suave.
Las luces comenzaban a encenderse.
Valeria fue la primera en hablar.
—¿Crees que Emma sospecha?
—Estoy seguro.
—¿Y si descubre el porcentaje?
Nicolás apoyó los brazos sobre la baranda.
—Tarde o temprano lo descubrirá.
Ella bajó la mirada.
—Tengo miedo.
Él la observó.
Era la primera vez que escuchaba a Valeria admitir algo así.
—¿De qué?
Ella tardó en responder.
Mucho más de lo habitual.
Finalmente levantó la vista.
—De que el algoritmo tenga razón.
Nicolás sonrió con tristeza.
—Yo tengo miedo de lo contrario.
Los dos permanecieron en silencio.
Valeria comprendió inmediatamente lo que él quería decir.
Si el algoritmo terminaba diciendo que eran compatibles...
Su vida cambiaría para siempre.
Pero si decía que no...
Tendrían que despedirse.
Y, por primera vez, esa posibilidad le dolía.
* * *
Esa noche, cuando ambos ya estaban en sus casas, el servidor volvió a ejecutar el análisis automáticamente.
No había nadie observando.
No había ingenieros.
No había cámaras.
Solo millones de cálculos realizándose en silencio.
La inteligencia artificial comparó todas las conversaciones.
Todas las sonrisas.
Todas las discusiones.
Todas las decisiones en las que uno había empezado a cambiar gracias al otro.
Cinco minutos después, el sistema guardó el nuevo resultado.
No emitió ninguna alarma.
No envió ninguna notificación.
Solo actualizó el archivo.
Compatibilidad actual: 46 %.
Y, por primera vez desde que nació MATCH, el algoritmo añadió una observación escrita por él mismo:
"Las personas más difíciles de predecir son aquellas que deciden crecer juntas."